El Llamado de la Sangre | Editado

CAPITULO 7

El bosque seguía oscuro, aunque el cielo empezaba a tomar ese tono azul pálido que anuncia las cuatro… quizá cinco de la mañana.

Yo seguía temblando, confundida, con la sensación de que el sueño y la realidad se habían mezclado demasiado.

Samuel se mantuvo a mi lado, atento, sin soltarme del todo.

—¿Qué hace usted aquí en medio del bosque? ¿Y cómo me encontró? —indagué, confundida, mientras me alejaba un poco de él.

—Vivo a unos cuantos metros de aquí, estaba durmiendo cuando unos gritos me despertaron —comentó—. Cuando salí estabas aquí tirada retorciéndote, así que intenté despertarte. La pregunta verdadera es: ¿Qué haces tú en medio del bosque dormida?

—Gracias, supongo —dije apenada cuando me di cuenta que tenia puesto un sueter negro y unos mini shorts de dormir. No respondí a su pregunta porque tampoco sabía la respuesta.

—Ven —dijo con voz baja—. No deberías estar aquí sola, mucho menos tan tarde.

No discutí, no tenía fuerzas para hacerlo.

Aunque…

Dude por un momento, era mi profesor y nada me aseguraba que no iba hacerme daño, aunque si llegaba a intentarlo, cualquier hechizo que utilizara en su contra lo mataría, los humanos no soportan tanta intensidad de poder, no es que yo fuera muy poderosa, pero algo hacía. Asentí, él emprendió camino a su casa y lo seguí.

Caminamos un tramo no muy largo, se me dificultó un poco ya que estaba descalza pero ignoré el dolor y seguí caminando.

Llegamos a su casa la cual era bastante grande y me pareció raro que viviera solo en una casa así, y como soy metiche no perdí tiempo en armar teorías y le pregunté.

—¿Tiene novia? —Frunció su ceño y me miró serio— Digo, si vive con alguien, porque me parece raro que viva solo en una casa tan grande en medio del bosque, por cierto ¿Quién vive en medio del bosque? Sabe que hay casas y apartamentos en la ciudad ¿verdad?

—Señorita Adams, me hace preguntas muy personales que no debería hacerle a su profesor —evadió mi pregunta. Se fue a lo que supongo es la cocina y lo seguí insegura, empezó a mover ollas, por mi parte me le quedé mirando cada movimiento.

Fue muy imprudente de mi parte hacerle esas preguntas, pero seguía muy dormida y mi lado hablador solo salía con Nathalie o Maddie.

—No tienes que quedarte parada en la entrada, pasa, voy a preparar chocolate caliente —Me indicó donde podía sentarme y lo hice.

—Lamento lo que le dije, fue imprudente —me aclaré la garganta, él prendió la cocina, se movió para buscar algo y creí verle una sonrisa en la cara.

Creo que nunca había visto al profesor Andrew sonreír en lo que llevamos de clases… Jamás.

—Está bien, dime Samuel, aquí no soy tu profesor, y podemos establecer que pasamos la barrera de confianza cuando apareciste en mi casa dormida —estaba de espaldas a mí, concentrado en lo que hacía.

Abrí la boca indignada.

—Oiga, yo no aparecí en su casa dormida, aparecí en medio del bosque dormida. Que fuera cerca de su casa es solo una coincidencia —se volteó y me miró con una ceja encarnada—. Una terrible coincidencia.

Esta vez sí me sonrió directamente y me sorprendí, no fue una gran sonrisa, fue más… algo sutil, pero aun así contaba. Agarró dos tazas, sirvió el chocolate caliente y me dio una de las tazas.

—Bien —se cruzó de brazos y se recostó de la encimera, yo estaba sentada en una pequeña mesa que estaba ahí quedando al frente de él—. ¿Cómo te sientes?

—Amm... Bien supongo —me encogí de hombros empezando a tomarme el chocolate que estaba delicioso.

—¿Eres sonámbula? —Negué, a lo que él me miró serio como tratando de detallar si mentía—. Es muy extraño, cuando soñabas parecía que estuvieras luchando con alguien —no quería responder eso, era muy personal.

—¿De verdad le importa? O ¿quiere quedar bien ante mi hermana? —Se tensó un poco al mencionarla.

Solo ví una de sus interacciones, me parecía extraño. ¿De donde se conocían?

—Esto no tiene nada que ver con tu hermana, y sí, me preocupo por mis estudiantes, en especial si aparecen dormidos a mitad de la noche a pocos metros de mi casa —volví a tomar un poco de chocolate, aún no me fiaba.

—Tuvo que ser una pesadilla horrible para que estuvieras gritando de esa forma. ¿Las has tenido antes? —no conteste me le quedé mirando tratando de transmitirle que no le importaba, se pasó las manos por la cara algo frustrado.

—Señor Andrew sinceramente estas preguntas me parecen absurdas, solo fue una simple pesadilla —le reste importancia, me miró incrédulo mientras me terminaba el chocolate.

—Caminaste dormida desde tu casa hasta aquí eso no es algo simple —respiro hondo agarrándose el puente de la nariz— Oriana tú...

No lo deje terminar

—¿Sabe que es de mala suerte decir las pesadillas antes del desayuno? Si las dices se vuelven realidad —asintió entendiendo que no quería hablar de eso y así no insistir más.

—Bien pero... ¿Has tenido estas pesadillas frecuentemente?

—No, a veces cuando veo cosas de terror o thriller me pasa pero eso es todo, no debe preocuparse, solo me ví corriendo como en una película de terror —lo dije para que se tranquilizara y dejara de insistir, obviamente mentí no quiero decirle que tengo casi las mismas pesadillas desde los 9 y que después de 7 años de estar controladas gracias a la magia de mamá volvieron a aparecer, se preocuparía mas y me tacharía de loca.

Me sentí cansada, eran ya como las 4:00 a.m. y el chocolate me había dado sueño, me froté los ojos y bostecé, el señor Andrew se había quedado pensando en no sé qué, después de unos segundos volvió a la realidad.

—Debes estar exhausta, ven —Me indicó que lo siguiera, salimos de la cocina y entramos a lo que sería la sala—. Puedes dormir un rato si quieres, llamaré a tu hermana, mientras tanto duerme un poco, mi casa queda un tanto lejos.

Asentí.

—¿Por qué tienes el número de mi hermana? —lo interrogué.

—Duerme —fue la respuesta que me dió y salió de la sala.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.