El lunes de la semana siguiente decidí ponerme más presentable, la verdad, últimamente me estaba dejando de lado.
Me coloqué un vestido largo negro con flores, una chaqueta de mezclilla y unas zapatillas blancas, decidí dejarme el cabello al natural, mi madre siempre decia que me veia mejor con el cabello lacio, pero era un proceso muy largo y tedioso.
Mi cabello era largo y abundante por lo que prefería evitar alisarlo, así que el domingo en la noche solo apliqué crema y lo definí con scrunch.
Y claro, eso logró una mata de rizos rojos incontrolable, con los que me hice un semi recogido con un banana clip y salí de casa.
Esta mañana no había rastro de nadie en casa, mamá y papá seguro ya estaban en sus trabajos y Nathalie pasó todo el fin de semana con Michael.
Él nos contó que pronto se iría del pueblo durante un año por cuestiones políticas, según lo poco que escuché de su conversación con mis padres había muchos problemas en los aquelarres ya que un grupo rebelde había estado alterando el orden y debían controlarlo cuanto antes.
La noticia me entristeció un poco, aunque la verdad ya estaba acostumbrada a que su estadía con nosotros sea corta, cosa que a veces hacía complicada su relación con Nath, y claro que a ella casi le da un infarto al enterarse que se iba por tanto tiempo, lo que era bastante inusual.
Salí de casa, tomé el autobús que iba pasando a la escuela y me la pasé leyendo todo el camino.
Tanto conversar con Samuel había despertado nuevamente el interés por algunos libros de fantasía, así que el fin de semana había retomado ese hábito y ya iba bastante avanzada, tanto que a veces me perdía de la realidad, como ahora que me di cuenta de que habíamos llegado cuando ya casi todos habían bajado del autobús
—Hola hermosa —alguien me tomó por sorpresa y me abrazó por detrás alzándome.
—Hola desconocido, ¿puedes bajarme? —me soltó, me rodeó y quedó en frente, su cara de pocos amigos me hizo gracia.
—¿Desconocido? —dijo Luke ofendido.
—No sabía quien eras —mentí, su olor lo había delatado, de todos modos me encogí de hombros y caminé.
—Pues te quedaste muy tranquila para ser un desconocido que te alza de la nada —reclamó, yo rodé los ojos sonriendo.
—Te ves mejor que las otras semanas —destacó, caminó a mi lado mientras iba en dirección a mi casillero.
—Me siento mejor, tuve unos días horribles —dije feliz, me alegraba que los demás también notaran que estaba mejor.
Ellos siempre me preguntaban qué era lo que tenía ya que me veía horrible, estaba pálida y mucho cansancio, además del dolor en mi brazo que a veces se ponía muy intenso. Traté de tranquilizarlos diciendo que no me pasaba nada grave más que una gripe que pasaría , pero no me creían.
La verdad es que por suerte nunca he padecido de enfermedades infecciosas ni tampoco he tenido accidentes en los que haya terminado con algún hueso roto.
Podía ser un ser con poderes pero seguía siendo humana, con los mismos problemas mundanos de toda la vida, exceptuando las enfermedades, claro.
—Si, eso noté, entonces… ¿ya estás mejor? —se apoyó en el casillero contiguo al mío mientras sacaba lo que necesitaba para las clases del día de hoy.
—Sip, estoy mejor
—Mmm, entonces… te veré hoy en la cafetería —murmuró, pero lo sentí más como una acusación, fruncí el ceño pero sin borrar mi sonrisa.
—¿De qué hablas? Siempre estoy en la cafetería con ustedes —terminé de sacar los cuadernos y cerré mi bolso.
Luke se encogió de hombros, parecía distraído pero estaba segura que ese no era el caso, se metió las manos en los bolsillos de su chaqueta y saludó a alguien moviendo su cabeza.
—Parece que te la pasas más tiempo en la oficina del Profesor Andrew que en la cafetería —dijo finalmente, mirando el piso como si nada.
Cerré mi casillero con más fuerza de la que pretendía y lo encaré.
—¿A qué te refieres? —él por fin me vió a los ojos y había molestia en ellos, y en los míos igual, no quería malinterpretar lo que estaba diciendo, pero su tono no me gustaba.
—Solo digo, ¿te está molestando o algo? ¿Tan mal vas en idiomas que tienes que ir a su oficina todos los viernes a la hora del almuerzo? —me acerqué más a él con cautela.
—Espero no estés pensando lo que creo —dije apretando mis dientes, Luke quería hacer parecer que no le interesaba pero su lenguaje corporal me decía otra cosa.
— Solo digo, ¿por qué otra razón irías a su oficina? —la irá pudo más conmigo y lo estampé de un empujón contra los casilleros.
Luke me miró sorprendido por mi arrebato, ciertamente yo también lo estaba pero era eso o meterle una cachetada.
—No te permito que me hables de esa manera, sea lo que sea que pase por tu mente olvídalo, ¿quién carajos crees que soy? —le dije molesta y dolida, Luke ya no parecía tan molesto y vi como la culpa inundaba sus ojos.
—Oriana…
—Callate, el profesor Andrew es un buen hombre, y si andas por ahí diciendo ese tipo de cosas nos meterás en problemas a ambos. Solo hablamos.
—Tienes amigos con los que puedes hablar, ¿por qué mierda él? —reclamó.
Bufé, me alejé de él y colgué mi bolso en mis hombros.
—Sí claro, que gran amigo, uno que insinúa que me estoy acostando con mi profesor —me fuí de ahí y caminé hasta el salón, Luke me siguió tratando de detenerme, pero lo ignoraba.
—Oriana —insistió, me tomó del brazo bruscamente, pero era el brazo en donde aún tenía la herida, eso hizo que me detuviera de golpe y me quejara.
Él me soltó al darse cuenta y me miró, preocupado.
—¿Qué te pasó en el brazo? —interrogó, yo lo miré molesta.
—No te importa —me alejé de él y llegué al salón.
Tenía el brazo mucho mejor que hace unos días, no sabía me había puesto Samuel pero me ayudó muchísimo y, aunque me seguía doliendo, al menos ya no estaba violeta.
Me senté de mala gana en mi pupitre y aventé todo sobre la mesa, de soslayo vi como una cabellera rubia se sentaba en el puesto que estaba a mi lado.
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Editado: 28.09.2026