En el corazón del denso bosque, bajo la sombra de la luna llena, un lobo solitario merodeaba, con los sentidos agudizados por el olor a sangre que aún flotaba en el aire. Mientras tanto, en lo profundo del antiguo castillo situado al borde del bosque, un vampiro despertaba de su letargo, atraído por el llamado primitivo de la caza.
Poco sabían que el destino ya había entrelazado sus caminos, condenándolos a un enfrentamiento que sacudiría los cimientos de sus mundos sobrenaturales.
A medida que el lobo avanzaba más y más hacia el interior del bosque, sus instintos agudos le advertían de un peligro inminente. Se detuvo, con las orejas erguidas, cuando una figura oscura emergió de la niebla, revelando la silueta del vampiro, cuyos ojos brillaban con hambre y malicia.
Sus miradas se cruzaron en un duelo primitivo, y la tensión se espesó con cada segundo que pasaba. Ninguno dispuesto a retroceder, se prepararon para el choque inevitable, sin saber nada de las fuerzas mayores en juego ni de los secretos ocultos en sus propios pasados.
Y así, con un feroz gruñido y un siseo amenazante, el lobo y el vampiro se lanzaron el uno contra el otro, marcando el comienzo de una batalla épica que pondría a prueba su fuerza, su determinación y, en última instancia, su propia existencia.