Las sombras se alargaban y la oscuridad descendía sobre el bosque; una tensión palpable flotaba en el aire, reflejando el tumulto que ardía en los corazones de quienes recorrían sus senderos.
A un lado de la división, los lobos se reunían, con el pelaje erizado por la anticipación mientras se preparaban para el enfrentamiento inevitable. Sus ojos ardían con una feroz determinación, y sus aullidos resonaban en la noche como un llamado primitivo a las armas.
—Nos mantenemos unidos contra las fuerzas de la oscuridad —declaró el lobo alfa, con una voz grave y rugiente que irradiaba autoridad—. Juntos defenderemos nuestro territorio y protegeremos a los nuestros de las traicioneras garras de nuestros enemigos.
Sus palabras fueron recibidas con un coro de aullidos desafiantes, cada uno testimonio de la inquebrantable determinación de la manada. Con los colmillos al descubierto y los músculos tensos como resortes, aguardaban la señal para cargar, con los corazones encendidos por la emoción primitiva de la batalla.
Mientras tanto, al otro lado de la división, los vampiros se congregaban, con los ojos brillando con un fulgor depredador mientras se preparaban para enfrentar a sus adversarios de frente. Sus colmillos relucían bajo la luz de la luna, y sus movimientos eran fluidos y elegantes, ejecutados con la precisión letal de cazadores experimentados.
—Somos los hijos de la noche —proclamó el líder vampiro, con una voz aterciopelada que provocó escalofríos en quienes la oían—. Esta noche mostraremos a nuestros enemigos el verdadero significado del miedo, y saldremos victoriosos, bañados en la sangre de nuestros rivales.
Sus palabras fueron respondidas con un coro de siseos y gruñidos, cada uno una promesa de violencia y destrucción. Con los ojos entrecerrados y los corazones colmados de sed de venganza, aguardaban la señal para atacar, impulsados sin descanso por su hambre de sangre.
Y entonces, con un rugido atronador que resonó por todo el bosque, la batalla comenzó en toda su intensidad. Colmillos chocaron contra garras, las garras desgarraron la carne, y el aire se llenó del sabor metálico de la sangre y de los gritos desesperados de los heridos.
En medio del caos, el lobo y el vampiro se enfrentaron a través del campo de batalla, con las miradas clavadas en un silencioso intercambio de desafío y determinación. Con un rugido feroz y un siseo gutural, se lanzaron al combate, sus movimientos componiendo una danza mortal de muerte y destrucción.
La batalla se prolongó durante la noche, con ambos bandos luchando con una ferocidad nacida de la desesperación y alimentada por el instinto primario de sobrevivir. Y, en medio de la carnicería, el bosque fue testigo de la brutal sinfonía de violencia y sacrificio, mientras las fuerzas de la luz y la oscuridad chocaban en una lucha destinada a resonar a través de los siglos.