El Lobo Y La Tormenta

CAPITULO 14

TORMENTA EN LA PUERTA

HANNAH

  • ¿Esperas a alguien? - preguntó Liam, frunciendo el ceño con fastidio mientras miraba la puerta - Tu madre me dijo que estarías sola.
  • No espero a nadie - respondí, extrañada.

Caminé hacia la entrada, arrastrando mis zapatos aún húmedos. El timbre volvió a sonar, más imperioso esta vez. Al abrir la puerta, el aire de mis pulmones se evaporó por completo y el pomo de la cerradura pareció congelarse bajo mis dedos.

Frente a mí, bloqueando por completo el estrecho pasillo del edificio, estaba Franco D'Santoro.

El diluvio de la calle no parecía haberle afectado en absoluto, aunque su abrigo oscuro goteaba agua ligeramente sobre el suelo, su presencia seguía siendo tan imponente, pulcra y peligrosa como en su oficina presidencial. Sus ojos oscuros, cargados de una fijeza letal, me barrieron de arriba abajo antes de clavarse en el interior de mi apartamento.

El olor a ozono, bosque profundo y un magnetismo Alfa abrumador inundó mi pequeña sala en un segundo.

  • ;Señor... ¿Señor D'Santoro? - balbuceé, dando un paso atrás por puro instinto ante la brutal energía que desprendía.
  • ¿Quién es, Abigail? - la voz de Liam resonó desde la cocina. Caminó hacia la entrada con paso firme, intentando adoptar una postura de superioridad - Mire, amigo, no sé qué esté vendiendo pero este es un edificio priva...

Liam se cortó en seco al quedar frente a frente con Franco. La diferencia era ridícula. Liam parecía un muñeco de aparador al lado de un depredador de la naturaleza. Franco ni siquiera se dignó a mirarlo a la cara sus ojos oscuros se posaron directamente en la caja de terciopelo azul que brillaba sobre la mesa de mi cocina y luego volvieron a mí. Pude notar cómo la mandíbula de Franco se tensaba al límite, desprendiendo una oleada de posesividad tan densa que el aire se volvió difícil de respirar.

  • Veo que interrumpo su plan de retiro, SanMiguel - dijo Franco, y su voz profunda, arrastrada y peligrosa hizo que a Liam se le borrara la sonrisa falsa de plástico por completo - Vine a entregarle esto.

Franco metió la mano en su abrigo y sacó un teléfono celular de última generación, completamente seco, impecable y nuevo. Lo extendió hacia mí mientras daba un paso hacia el interior de mi apartamento, obligando a Liam a retroceder de manera instintiva.

  • Y dado que su antigua empresa ahora me pertenece porque acabo de comprar las acciones de Ponce, usted ya no está desempleada. Su contrato como mi Consultora Principal de Riesgos empieza mañana a las ocho de la mañana.

Liam parpadeó, completamente descolocado y visiblemente asustado por el aura de Franco.

  • Oiga, un momento... ella se va a casar conmigo, ya no va a seguir... no puede... - intentó protestar Liam, con la voz ligeramente temblorosa.

Franco finalmente giró la cabeza hacia él, como si se percatara que existía finalmente y solo una mirada bastó. Sus ojos destellaron con una advertencia tan gélida que Liam dio otro paso atrás, tragando saliva.

  • No recuerdo haberle pedido su opinión... Liam, supongo - sentenció Franco, destrozando el nombre del tipo con absoluto desprecio. Volvió a mirarme a mí, con una sonrisa de medio lado que me erizó la piel - Así que decida, SanMiguel. ¿El anillo de catálogo y una vida mediocre siendo una ama de casa subvalorada o el control de mis finanzas? Tiene diez segundos.




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