El Lobo Y La Tormenta

CAPITULO 36

TRES SON MULTITUD

HANNAH

Si el trayecto del día anterior en el coche había sido tenso este era definitivamete se podía catalogar como un desastre, era sin duda alguna un curso intensivo de guerra fría corporativa y asfixia territorial.

El vehículo devoraba las calles grises y empapadas aún de Boston con una suavidad quirúrgica. En el asiento trasero, la distribución del espacio era un poema de tensiones, Franco ocupaba el centro, imponente en su traje gris, con una tableta en la mano y esa calma gélida que congelaba el habitáculo. A su izquierda, pegada a la ventanilla estaba yo, intentando ignorar de forma olímpica que el cachemira gris de mi blusa nueva todavía olía sutilmente al cedro y al ozono de su habitación.

Y en el asiento individual contiguo, girada a medias hacia nosotros, se encontraba Tatiana.

La asistente personal de Franco parecía haber salido directamente de un congelador de alta gama. Su traje inmaculado de color blanco desafiaba activamente la llovizna exterior, su moño rubio seguía tan tenso que parecía desafiar las leyes de la física y mantenía una carpeta de cuero negro abierta sobre sus rodillas perfectas. Tatiana hablaba con su jefe en ese tono suave, rítmico y milimétrico que delataba su línea de sangre pura de loba pero sus ojos grises... sus ojos grises me escaneaban de reojo cada tres segundos con el filo de un bisturí.

  • Señor D'Santoro, el comité de fusiones de los socios extranjeros ya está en la sala de juntas principal - decía Tatiana, modulando la voz de una forma que parecía una caricia profesional para el oído del alfa - Exigen la ratificación del memorando antes del cierre de los mercados de Nueva York. Ya eliminamos las cláusulas abusivas de AHG Asociados según sus instrucciones, pero...

Tatiana hizo una pausa milimétrica, clavando su mirada gélida directamente en mis ojos avellana antes de volver a mirar a Franco. El aroma en el coche cambió sutilmente la asistente estaba desprendiendo una ráfaga de advertencia territorial, un mensaje silencioso que mi puente cerebro-boca decodificó de inmediato. "Eres un pasivo humano y no perteneces a esta manada".

  • ...pero sigo considerando que es un riesgo innecesario incluir las modificaciones de un analista externo sin una auditoría de nuestra propia división de seguridad -concluyó Tatiana, arrastrando las palabras con una elegancia ponzoñosa - La señorita SanMiguel carece de historial en la firma y su... exabrupto de hace dos días casi nos cuesta la alianza.

Sostuve la respiración un segundo, sintiendo que la adrenalina empezaba a disolver la paz del pan francés que me acababa de comer. Miré a Tatiana con una insolencia que no disimulaba el menor rastro de sumisión humana.

  • Mire, imitación china de lujo de Barbie Ejecutiva - solté, ganándome un parpadeo atónito de la asistente y un imperceptible tensamiento en los hombros de Marcus desde el asiento del conductor - el único riesgo innecesario aquí es que sus analistas de Harvard sigan cobrando bonos por no saber leer las páginas. Si yo no tengo historial en la firma, es precisamente porque a mí no me pagan para maquillar informes sino para evitar que D'Santoro Enterprises absorba una estafa de cuarenta millones de dólares y el dinero terminé con suerte en las islas Caimán. Así que guarde su auditoría de seguridad y su mirada de reojo en esa carpeta blanca porque a partir de hoy, la que decide qué es un riesgo en este imperio soy yo. ¿O es que tengo que explicárselo con gráficas de colores para que su moño rubio engominado deje que lo procese?

Franco

Una chispa de diversión salvaje, tan caliente que casi hizo sudar los cristales del coche encendió las pupilas de mi lobo. La estática en el vehículo se volvió tan densa que el panel de control del tablero emitió un leve parpadeo.

Observé a Tatiana, mi asistente personal se había congelado en su asiento, con las fosas nasales dilatadas por el impacto de que una humana, una criatura menuda vestida con mi propio cachemira y marcada por mi olor territorial la hubiera llamado "Barbie Ejecutiva" a escasos centímetros de su alfa. El aroma de Tatiana se agrió instantáneamente con la sumisión forzada y el desconcierto moral, su instinto de loba pura le exigía someter a Hannah, pero mi presencia le impedía emitir el menor gruñido.

Hannah por su parte, ni siquiera pestañeó. Su puente cerebro-boca acababa de demoler el protocolo de mi asistente con una parsimonia que me resultó insultantemente atractiva pero peligrosa. Su corazón iba rápido, sí, pero no por miedo. Era la ráfaga ardiente de su orgullo. El camión sin frenos acababa de embestir a la línea de sangre pura de la firma en mitad del tráfico de Boston.

Apoyé la tableta sobre mis rodillas y deslicé mi mirada dorada de Tatiana a Hannah, dejando que el peso de mi comando de alfa llenara el habitáculo confinada del blindado.

  • Tatiana - dije, bajando la voz a ese barítono pausado que cortó la tensión de la cabina como un hacha - Las modificaciones de la señorita SanMiguel no se discuten, se ejecutan. A partir de este segundo, la dirección de Riesgo Global reporta directamente a mi escritorio, lo que significa que sus informes están por encima de cualquier división de la firma. Incluida la tuya.

Tatiana tragó saliva, bajando la cabeza de golpe, forzando a su máscara inmaculada a encajar de nuevo sobre su rostro pálido.

  • Entendido, señor D'Santoro - susurró, apretando la carpeta contra sus rodillas con los dedos rígidos - Mis disculpas.

Me giré despacio hacia la izquierda, recortando la distancia con Hannah hasta que mi hombro rozó el suyo bajo el cachemira gris. El aroma a lluvia limpia y la fragancia de su victoria llenaron mis pulmones, despertando un ronroneo sordo en el fondo de mi garganta que solo su oído humano pudo intuir pero a pesar de todo.

  • Bienvenida al piso veinticinco, Directora SanMiguel - le susurré al oído, ignorando la mirada de reojo que Tatiana seguía lanzando por el reflejo del cristal, después me encargaría de hablar con ella - Acabas de ganarte tu bono de crisis biológicas antes de cruzar el puente pero guarda algo de esa ironía letal para los socios extranjeros. Esos tiburones no usan trajes blancos, y dudo que se dejen desarmar solo con un pan francés y tres verdades en la cara. Brandon, acelera. Es hora de ratificar las matemáticas antes de la junta.




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