LA PEOR MAÑANA DE MI VIDA
HANNAH
Cuando desperté me encontraba sola, amanecia recien y por un momento el día anterior pareció un sueño pero el abrigo y el saco de sastre perfectamente colocado sobre la sillón de mi peinadora me decían qué mis recuerdos eran reales y no producto de mi imaginación.
Y el hombre entrando por la puerta de mi habitación me lo confirmo, Franco solo tenía la camisa negra con los primeros botones desabrochados y las mangas remangadas y como si fuera algo natural se sentó en el borde de mi cama.
Le di un trago al té, sintiendo cómo el calor me recorría el cuerpo. Me senté al otro lado de la cama, manteniendo la distancia pero el frío residual seguía haciéndome temblar levemente. Franco me observó en silencio, de pronto, sin pedir permiso, se movió. Se acomodó contra la cabecera de la cama y con un movimiento firme pero extrañamente delicado, me jaló por la cintura hacia él.
Era como estar abrazada a un radiador humano su cuerpo desprendía un calor brutal, un calor que calmó mis temblores en un segundo.
El cansancio de el día anterior me venció. Apoyé la cabeza en su pecho, escuchando el latido rítmico y fuerte de su corazón y me quedé profundamente dormida, flotando en su aroma.
Algo empezó a colarse en mis sueños, se escuchaba ruido afuera pero antes de que pudiera siquiera procesarlo unos pasos firmes, rápidos y cargados de furia taconeaban por el pasillo de la entrada, directo hacia mi habitación.
Un grito estridente, seguido de un golpe violento que casi tumba la puerta de la habitación me sacó del sueño. Abrí los ojos desorientada. La luz del sol de la mañana entraba ya con fuerza por la ventana.
Intenté moverme pero un brazo pesado, musculoso y firme me tenía atrapada por la cintura, pegada a un pecho ancho y ardiente. Franco seguía dormido detrás de mí, con la respiración pausada. Estábamos perfectamente enredados en las sábanas.
El pánico me golpeó como un rayo.
¡CLAC!
La puerta de mi habitación se abrió de golpe. Mi madre entró como un torbellino, con la llave de repuesto aún sujeta entre sus dedos rígidos y la bolsa en alto.
Pero la frase se le murió en la boca. Se detuvo en seco en el umbral, con los ojos desorbitados y la respiración cortada.
El silencio que siguió fue sepulcral.
Franco finalmente abrió los ojos por el ruido. Con una calma exasperante, se incorporó lentamente en la cama, dejando caer la sábana y mostrando su torso perfectamente marcado, sin soltarme en ningún momento de la cintura. Clavó sus ojos oscuros en mi madre con esa fijeza fría e imponente de un Alpha que ha sido interrumpido en su propio territorio.
Mi madre miró a Franco, luego me miró y miró la mano del magnate aferrada a mi cuerpo sobre las sábanas. El color desapareció de su rostro por completo, siendo reemplazado en un segundo por un rojo volcánico de pura indignación. La red de chismes de la tía y el vigilante Chuy se quedaba corta comparada con el escándalo apocalíptico que se estaba cocinando en ese instante.
Miré a Franco, luego a mi madre y cerré los ojos con fuerza. Definitivamente, mi carrera no había muerto ayer... la iban a asesinar hoy !en mi propia cama y frente a la jefa de la mafia familiar
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jefe y empleada, enemigos a amantes, control estricto e irreverencia caótica
Editado: 02.08.2026