LA MITOLOGÍA DE LA COSTA ESTE
HANNAH
La palabra se me quedó atragantada en la garganta. Luna.
A ver, no es que fuera una ignorante biológica del siglo pasado, estamos en pleno 2026, los humanos y los cambiarformas conviven en el mismo ecosistema desde hace siglos. Sabía que el tipo que manejaba el fondo de inversión de toda la Costa Este probablemente cazaba ciervos los fines de semana en los bosques de Maine y que las discotecas más exclusivas del centro pertenecían a manadas locales. Era cultura general.
El Gobierno tenía leyes de convivencia, aduanas territoriales y protocolos de seguridad, pero para mí las manadas siempre habían sido como la física cuántica o el béisbol coreano, sabía que existían, que tenían sus propias reglas complejas pero siempre me habían importaban un absoluto bledo conocer a fondo de ellas. Yo me dedicaba a las matemáticas financieras, no a la antropología lupina.
Pero una cosa era ver los reportajes en televisión sobre la jerarquía alfa y otra muy diferente era tener al espécimen más peligroso de la Costa Este tumbado encima de ti, con los ojos brillando en un oro fundido irreal, diciéndote en tu propia cara que su animal interno estaba dando saltos de alegría porque eras su predestinada.
El puente cerebro-boca sufrió un reinicio forzado. El pánico de la culpa fue sepultado por una ola de puro asombro racional.
Intenté mover las manos pero el agarre de Franco en mi cabello seguía siendo una prensa insaciable. Su calor biológico me sofocaba.
FRANCO
Escucharla reducir el reclamo sagrado de mi lobo a un folleto de recursos humanos sobre la diversidad de especies estuvo a punto de hacerme perder los estribos por completo y marcarla. El camión sin frenos no solo no se había detenido, acababa de embestir la base misma de mi naturaleza con un arsenal de tecnicismos financieros.
Mi lobo soltó un bufido de pura indignación en mi pecho pero la chispa de diversión salvaje regresó a mis ojos oscuros. La humana estaba aterrada, su aroma a desconcierto absoluto llenaba mis sábanas de seda pero prefería usar la economía y los manuales corporativos antes que doblegarse ante el alfa de la ciudad.
Aflojé sutilmente el agarre de su cabello, deslizando mi mano hacia su mejilla, atrapando su rostro con una delicadeza que mi animal detestaba pero que ella necesitaba para no romperse. El destello dorado en mis pupilas se fijó en las suyas, denso y absoluto.
HANNAH
Esta noche no había ganado, asi que hice lo único que podía hacer por ll que quedaba de día. Cerrar mis ojos y dormir.
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jefe y empleada, enemigos a amantes, control estricto e irreverencia caótica
Editado: 23.08.2026