El Lobo Y La Tormenta

CAPITULO 33

LA MITOLOGÍA DE LA COSTA ESTE

HANNAH

La palabra se me quedó atragantada en la garganta. Luna.

A ver, no es que fuera una ignorante biológica del siglo pasado, estamos en pleno 2026, los humanos y los cambiarformas conviven en el mismo ecosistema desde hace siglos. Sabía que el tipo que manejaba el fondo de inversión de toda la Costa Este probablemente cazaba ciervos los fines de semana en los bosques de Maine y que las discotecas más exclusivas del centro pertenecían a manadas locales. Era cultura general.

El Gobierno tenía leyes de convivencia, aduanas territoriales y protocolos de seguridad, pero para mí las manadas siempre habían sido como la física cuántica o el béisbol coreano, sabía que existían, que tenían sus propias reglas complejas pero siempre me habían importaban un absoluto bledo conocer a fondo de ellas. Yo me dedicaba a las matemáticas financieras, no a la antropología lupina.

Pero una cosa era ver los reportajes en televisión sobre la jerarquía alfa y otra muy diferente era tener al espécimen más peligroso de la Costa Este tumbado encima de ti, con los ojos brillando en un oro fundido irreal, diciéndote en tu propia cara que su animal interno estaba dando saltos de alegría porque eras su predestinada.

El puente cerebro-boca sufrió un reinicio forzado. El pánico de la culpa fue sepultado por una ola de puro asombro racional.

  • ¿Tu... tu luna? - repetí, y esta vez la ironía se me escapó por completo, dejando mi voz en un susurro plano - Mire, señor D'Santoro, creo que su suero térmico traía algún tipo de alucinógeno de alta pureza. Yo soy economista, yo creo en la oferta, la demanda, el interés compuesto y el registro civil. No soy la mitad mística de nadie, ni el satélite de su lobo y muchísimo menos una figura de su mitología ancestral.

Intenté mover las manos pero el agarre de Franco en mi cabello seguía siendo una prensa insaciable. Su calor biológico me sofocaba.

  • Sé que ustedes los alfas tienen esa... esa fijación con el control territorial y los reclamos instintivos - continué, forzando a mis ojos avellana a sostener la fijeza salvaje de los suyos - Lo he leído en los folletos de recursos humanos sobre la diversidad de especies pero yo no pertenezco a su cultura. No entiendo sus términos, no me interesan sus marcas y no soy un activo que pueda anexar a su manada simplemente porque mi pulso se aceleró con un beso. Eso no es biología, señor D'Santoro eso es una soberana estupidez aplicada puramente a la genética.

FRANCO

Escucharla reducir el reclamo sagrado de mi lobo a un folleto de recursos humanos sobre la diversidad de especies estuvo a punto de hacerme perder los estribos por completo y marcarla. El camión sin frenos no solo no se había detenido, acababa de embestir la base misma de mi naturaleza con un arsenal de tecnicismos financieros.

Mi lobo soltó un bufido de pura indignación en mi pecho pero la chispa de diversión salvaje regresó a mis ojos oscuros. La humana estaba aterrada, su aroma a desconcierto absoluto llenaba mis sábanas de seda pero prefería usar la economía y los manuales corporativos antes que doblegarse ante el alfa de la ciudad.

  • No es mitología, SanMiguel - dije, bajando la cabeza hasta que mis labios rozaron la línea de su mandíbula rígida, sintiendo el estremecimiento involuntario que recorrió su piel - Es una ley física que ningún tratado de libre comercio puede derogar. Puedes ignorar nuestra cultura todo lo que quieras, puedes pretender que solo somos directores ejecutivos con trajes caros, pero tu cuerpo no miente.

Aflojé sutilmente el agarre de su cabello, deslizando mi mano hacia su mejilla, atrapando su rostro con una delicadeza que mi animal detestaba pero que ella necesitaba para no romperse. El destello dorado en mis pupilas se fijó en las suyas, denso y absoluto.

  • Tu pulso no se aceleró por un beso común, Hannah SanMiguel. Se aceleró porque tu sangre reconoció la mía. Mi territorio te aceptó en el instante en que pisaste la alfombra y este lobo que tanto te asusta no va a dejarte ir a empacar ninguna maleta para regresar a tu mundo y menos con un mediocre. Me importa muy poco si crees en el interés compuesto o en el registro civil. Vas a aprender nuestra cultura desde la primera línea y vas a empezar por entender que en este espacio, el único contrato que vas a firmar es el que te vincula a mí. Elijas las matemáticas que elijas, el resultado final de la ecuación siempre voy a ser yo.

HANNAH

  • Mire, genio de las matemáticas místicas, la última vez que revisé una ecuación, las variables independientes no se quedaban congeladas bajo las sábanas de su opulencia corporativa solo porque usted lo dictara - le solté, recuperando el aire y la dignidad a partes iguales - Así que vaya soltándome. Si de verdad soy esa variable tan importante para su sistema, le sugiero que me trate con el respeto profesional que se merece un auditor de riesgo, no como a un rehén térmico.
  • Duerme SanMiguel, mañana hablaremos de todo lo que quieras - Franco no se retractó, pero la esquina de su boca se curvó en esa insoportable línea de autosuficiencia que ya empezaba a resultarme peligrosamente familiar y cerró los ojos, ignorando cualquier otro argumento que pudiera tener.

Esta noche no había ganado, asi que hice lo único que podía hacer por ll que quedaba de día. Cerrar mis ojos y dormir.




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