El Lobo Y La Tormenta

CAPITULO 15

DEPREDADOR EN LA SALA

Liam tragó saliva con fuerza. El miedo era evidente en sus ojos, pero el orgullo de niño rico y la humillación de verse pisoteado en mi propio apartamento lo empujaron a intentar ponerse digno. Se acomodó el cuello de su abrigo de marca y dio un paso al frente, inflando el pecho de manera patética.

  • Mire, señor D'Santoro, no sé quién se cree que es para venir a irrumpir aquí - soltó Liam, forzando un tono de voz firme que flaqueó a mitad de la frase - Abigail es mi prometida. Su familia y la mía ya tiene un acuerdo matrimonial y usted no puede venir con su dinero a comprar la vida de las personas ni a llevársela a su empresa como si fuera de su propiedad, ese juego tonto de creerse una ejecutiva se ha terminado ahora ella tiene una bida que planear. Así que le exijo que salga de este apartamento ahora mismo antes de que llame a la policía.

Franco no se movió un solo milímetro, tampoco parpadeó en lugar de eso, una sonrisa helada, casi imperceptible, se dibujó en sus labios. El aire acondicionado del apartamento pareció detenerse. El ambiente se volvió tan denso y pesado que juro que la presión me tapó los oídos. Fue entonces cuando Franco demostró sutilmente lo que realmente era.

No hubo una transformación salvaje, no hizo falta Franco inclinó ligeramente la cabeza, sus pupilas oscuras se dilataron de golpe, tragándose el iris en una negrura absoluta que destelló con un brillo dorado y salvaje bajo la luz de la lámpara. Sus facciones se endurecieron, volviéndose depredadoras y sus caninos se asomaron apenas un milímetro por debajo de su labio superior. Un gruñido de ultratumba, tan bajo que vibró más en las paredes y en nuestros huesos que en el propio aire, brotó de su pecho.

El efecto fue instantáneo, la sutil demostración de poder alfa golpeó el instinto de supervivencia de Liam. El color abandonó su rostro por completo, dejándolo pálido como un papel, sus piernas temblaron tanto que tuvo que apoyarse en la barra de la cocina. El sudor frío le perló la frente en un segundo. El instinto humano, ese que te dice que estás frente a una criatura que puede despedazarte en un pestañeo, le gritó que huyera.

  • C-creo que... Yo mejor me voy - balbuceó Liam, perdiendo toda la dignidad - Estamos en... En contacto Abigail.
  • Hannah, mi nombre es Hannah, Liam - le dije.

Sin mirar atrás, agarró su paraguas y su cajita de terciopelo azul con manos temblorosas, pasó por el lado de Franco pegado a la pared como si temiera que el magnate fuera a morderlo, abrió la puerta del apartamento y salió corriendo por el pasillo a una velocidad ridícula. Franco cerro la puerta de golpe tras él.

Me quedé estática, mirando el lugar donde Liam había estado.

  • Vaya - susurré, rompiendo el silencio - Eso fue... Bastante eficiente.

Franco relajó la postura, sus ojos volvieron a la normalidad en un parpadeo y fijó su mirada en mí, con una ceja levantada.

  • Era un estorbo - sentenció con desprecio.

¡Riiing! ¡Riiing!

El estridente sonido del viejo teléfono fijo, colgado en la pared de la cocina, cortó la tensión de golpe. Me llevé una mano a la cabeza, sintiendo que el universo disfrutaba verme sufrir. Caminé hacia el aparato y levanté el auricular con resignación.

  • ¿Hola?
  • ¡¡HANNAH ABIGAIL!! - el grito de mi madre casi me revienta el tímpano - ¡¿Qué demonios hiciste?! ¡Me acaba de llamar la mamá de Liam, él la llamó llorando del coraje! ¡¿Quién es el hombre que está en tu apartamento y que echó a Liam como si fuera un perro?!

Me quedé con la boca abierta, Liam no llevaba ni treinta segundos en el ascensor y mi madre ya lo sabía todo.

  • Mamá, déjame explicarte...
  • ¡No me expliques nada! ¡Arreglas las cosas con Liam ahora mismo! - bramó ella, histérica - Dile al tipo ese que se largue. ¡No vas a arruinar tu matrimonio! ¡Exijo que Liam vuelva a ese apartamento y ponga ese anillo en tu dedo hoy m...!

De repente, una mano grande y firme apareció en mi campo de visión, Franco me arrebató el auricular del teléfono fijo de las manos con un movimiento suave pero implacable.

La sola idea de que ese imbécil de Liam pusiera un pie de regreso en mi entorno o de que volviera a tocarme, había sacado a Franco por completo de sus casillas. Su mandíbula estaba tan apretada que los músculos de su cuello se marcaban con fuerza. Se llevó el auricular a la oreja, bloqueando mi espacio personal con su cuerpo, atrapándome entre el mostrador y su pecho. Su aroma a bosque y peligro me inundó por completo.

  • Señora SanMiguel - habló Franco, y su voz no era la del empresario refinado era la voz oscura, territorial y dominante de un Alpha que reclama lo que es suyo - Soy Franco D'Santoro, le aseguro que ese infeliz no va a volver a acercarse a su hija. Hannah trabaja para mí ahora. Feliz tarde.

Sin esperar respuesta, Franco estrelló el auricular contra la base, cortando la llamada de golpe. Se giró lentamente hacia mí, manteniéndose peligrosamente cerca, con sus ojos oscuros fijos en los míos.




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