El Lobo Y La Tormenta

CAPITULO 19

ASUNTOS DE INCUMBENCIA

HANNAH

El pánico hizo que mi cerebro entrara en un modo de supervivencia completamente irracional. Me zafé del agarre de Franco de un tirón y me senté de golpe en la cama, gesticulando con las manos como si estuviera intentando espantar mosquitos.

  • ¡Mamá! ¡No es lo que parece! - comencé a parlotear a la velocidad de la luz, sintiendo las mejillas hirviendo - De verdad, hay una explicación lógica y... y médica para esto. El señor D'Santoro es... es mi nuevo jefe. Sí. Y resulta que la oficina principal se quedó sin calefacción por la tormenta de ayer y mi apartamento tiene un problema de... ¡de humedad térmica! Él solo estaba haciendo una auditoría de riesgos de congelación. ¡Es una técnica moderna de recursos humanos!

Franco se reclinó contra la cabecera de la cama, entrelazando los dedos detrás de su nuca. No hizo el menor intento por cubrirse el torso esculpido. Al contrario, clavó sus ojos oscuros en mí, mirándome con una diversión tan descarada y peligrosa que me daban ganas de patearlo por debajo de las sábanas. Estaba disfrutando cada segundo de mi humillante tartamudeo.

Mi madre, sin embargo, ni siquiera pestañeó ante mi sarta de mentiras absurdas. Soltó un suspiro cargado de fastidio, cruzó los brazos y me miró con una frialdad implacable que me congeló las palabras en la garganta.

  • Cállate, Hannah Abigail - me cortó mi madre, restándole total importancia a la escena - Me da exactamente igual tu auditoría de... sábanas. No me importa lo que haya sucedido aquí dentro.

Se giró hacia Franco, evaluándolo de arriba abajo con una soberbia digna de la reina del terror.

  • Asumo que usted es el hombre adinerado que echó a Liam anoche - declaró ella, con una calma ensayada - Mire, señor... D'Santoro, ¿cierto? En este mundo todo tiene un precio. Con darle una buena suma a usted por las molestias o por lo que sea que mi hija crea que le debe, todo estará solucionado. No pienso permitir que un desliz de una noche arruine el futuro de mi familia.

Volvió a clavar sus ojos en mí, apuntándome con el dedo.

  • Así que te vistes ahora mismo, te pones un bocado en esa lengua floja que tienes y vas a arreglar las cosas con Liam. Su madre está esperando una disculpa y el anillo va a entrar en tu dedo hoy, quieras o no.

Sentí que el estómago se me revolvía del coraje. Iba a gritar, a protestar, a mandar todo al diablo, pero una vibración profunda y gélida interrumpió el aire de la habitación.

Franco se incorporó lentamente. La diversión desapareció de su rostro en un parpadeo, reemplazada por una seriedad implacable y territorial que hizo que el ambiente se volviera pesado. Sus ojos destellaron con ese peligroso brillo que ya conocía.

  • Hannah no va a casarse - sentenció Franco, y su voz profunda resonó como un trueno dentro del cuarto, cargada de una autoridad absoluta que pretendía doblegar a cualquiera.

Pero mi madre no era un lobo de su manada. Era una madre armada con una llave de repuesto y una obsesión con Liam. Lejos de encogerse por el aura intimidante de Franco, mi madre dio un paso al frente, entornó los ojos y le plantó cara al Alfa de Alphas sin un ápice de miedo.

  • Mire, muchachito - escupió mi madre, subiendo el tono con arrogancia - Usted podrá ser el dueño de la mitad de la ciudad en sus oficinas, pero en esta casa no es nadie. Los asuntos entre mi hija y yo no son de su incumbencia. Ella es mi hija y se va a casar con el hombre que yo elegí. Así que le sugiero que se ponga una camisa y se largue de mi camino.




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