El Lobo Y La Tormenta

CAPITULO 20

LA LINEA EN EL ASFALTO

HANNAH

Las palabras de mi madre quedaron flotando en el aire de la habitación como una densa neblina tóxica.

Franco se mantuvo tenso a mi lado. Pude sentir cómo la temperatura de su cuerpo se elevaba aún más por la furia contenida y un amago de gruñido vibró muy bajo en su pecho. Su instinto Alfa detestaba que alguien desafiara su autoridad, pero para mí, ese sonido pasó a un segundo plano. El verdadero golpe me lo había dado ella.

Mi madre dio un paso atrás, acomodándose la bolsa en el antebrazo con una frialdad que me caló más profundo que el diluvio de la noche anterior. Me miró fijamente, con esos ojos que tantas veces me habían hecho sentir pequeña.

  • Muy bien, Hannah Abigail - dijo, y su voz ya no era un grito histérico, sino una sentencia pausada y letal - Llegó el momento de que madures a la fuerza. Te lo voy a poner muy simple. Elige.

Tragué saliva, sintiendo que el aire se volvía espeso.

  • ¿Elegir qué, mamá? - alcancé a susurrar.
  • Elige entre ese maravilloso trabajo con tu nuevo y prepotente jefe... ese empleo que, aceptémoslo, vas a terminar arruinando en una semana como siempre haces con todo lo que tocas, o tu familia.

Hizo una pausa dramática, clavando el puñal por completo.

  • Pero te advierto una cosa,si eliges el trabajo, si decides quedarte aquí con este hombre y darle la espalda a Liam, te olvidas de nosotros. No volverás a poner un pie en mi casa, no volverás a contar con tu padre, ni con tus tías, ni con nadie de tu sangre. Te quedarás completamente sola en el mundo con tu querida "independencia corporativa". Tú decides si vale la pena quedarte en la calle por tu soberbia.

Un vacío horrible se abrió en mi estómago. El chantaje emocional era su arma favorita, pero esta vez había cruzado una línea de la que no había retorno. El silencio en el cuarto se volvió sepulcral, opresivo.

De reojo, vi cómo la mandíbula de Franco se tensaba tanto que parecía a punto de romperse. Sus ojos oscuros pasaron de mi madre a mí. Pude notar la fijeza de su mirada, analizando mi reacción, esperando a ver si el "monstruo del pantano" que le había plantado cara a su imperio iba a arrodillarse ante una amenaza familiar.

A mi derecha, la puerta de la habitación que mi madre había dejado entreabierta al entrar, se movió un milímetro. A través de la rendija, alcancé a ver la silueta enorme de Marcus y los ojos abiertos de par en par de Ethan, que acababan de llegar al apartamento y se habían quedado estáticos en el pasillo, presenciando el drama en primera fila.

Miré a mi madre. Luego miré a Franco. Tenía la ropa arrugada, el cabello deshecho y el corazón latiéndome en la garganta pero de repente, algo dentro de mí hizo click. El miedo se evaporó, dejando solo una fría y cristalina certeza.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.