El Lobo Y La Tormenta

CAPITULO 21

EL VALOR DE LA CONFIANZA

HANNAH

El silencio que siguió a la amenaza de mi madre se sintió como el veredicto de un juicio final, podía sentir la mirada intensa de Franco clavada en mi perfil, esperando mi respuesta, midiendo el tamaño de mi valentía. En el pasillo, las siluetas de Marcus y Ethan permanecían inmóviles.

Miré a la mujer que me dio la vida. Esperaba ver un rastro de duda en sus ojos, una pizca de arrepentimiento por ponerme una soga al cuello pero no había nada, solo esa fría autosuficiencia de quien cree tener el control absoluto de mi destino. Exhalé un suspiro largo.

El nudo en mi estómago se disolvió, dejando en su lugar una calma helada, idéntica a la que sentí ayer en la sala de juntas de D'Santoro Enterprises.

  • Entonces, que así sea, mamá - dije, y mi voz sonó nítida, firme, libre de temblores.

Mi madre parpadeó, descolocada por la falta de lágrimas en mi rostro.

  • ¿Qué estás diciendo, Hannah Abigail? -preguntó, entornando los ojos.
  • Estoy eligiendo mi trabajo y mi libertad -declaré, poniéndome de pie lentamente en medio de la cama, quedando por encima de ella. Me crucé de brazos, sosteniéndole la mirada - Elijo mi carrera. Elijo ser la consultora principal de Franco D'Santoro o de cualquier otro y si eso significa que vas a cerrarme la puerta de tu casa y a borrar mi nombre del árbol genealógico, adelante. Puedes quedarte con tu orgullo y con Liam.
  • ¡Te vas a quedar sola en la calle por tu soberbia! - bramó ella, con la cara transfigurada por la incredulidad - ¡Este hombre te va a desechar en una semana cuando arruines sus finanzas! ¡Nadie tolera a un desastre como tú!
  • Él sí - lo solté con fuerza, y por primera vez giré la cabeza para mirar a Franco, quien me observaba desde la cabecera con una fijeza oscura, casi hipnótica - ¿Quieres saber por qué lo elijo a él y a su propuesta antes que a tu perfecta jaula con Liam? Porque este hombre, en menos de veinticuatro horas, me ha ofrecido algo que tú jamás en veintidós años me has dado, un voto de confianza.

Mi madre guardó silencio, impactada por el golpe. Franco enderezó la espalda y un brillo dorado cruzó sus pupilas.

  • Franco conoce el expediente completo -continué, señalando el teléfono dañado en la cocina - Sabe que soy impulsiva, que me meto en problemas, que arrastro cajas de cartón bajo el diluvio y que tengo una bocota que no sé callar. Sabe perfectamente el desastre que soy... y aun así, vino a mi casa bajo la tormenta, echó al idiota de mi prometido y se quedó a cuidarme porque me respeta, él ve mi valor donde tú solo ves un defecto que necesita ser corregido con un matrimonio de catálogo.

Me bajé de la cama, plantándome a escasos centímetros de ella.

  • Así que devuelve tu llave de repuesto, mamá. Ya no la vas a necesitar. Si mi precio por ser libre es no volver a contar con ustedes, lo pago con gusto. Pero no voy a volver a arrodillarme para encajar en tus expectativas.

Mi madre retrocedió un paso, temblando de pura indignación. Miró a Franco, buscando quizás un aliado pero solo encontró la sonrisa más fría, calculadora y territorial que el Alpha de la ciudad pudiera esbozar. Franco se levantó de la cama, rodeando mi cuerpo de forma protectora y colocándose detrás de mí, como una muralla de músculos que dejaba claro que yo ya no estaba sola.

  • Ya escuchó a mi Consultora Principal, señora SanMiguel - sentenció Franco, y su voz de mando hizo eco en las paredes del cuarto -Creo que es hora de que se retire de mi territorio.




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