El Lobo Y La Tormenta

CAPITULO 24

LA ANATOMÍA DEL DESASTRE

FRANCO

No lo soporté más.

El sonido de su llanto ahogado, rompiéndose en mil pedazos detrás de esa delgada puerta de madera, fue el límite para mi lobo. Mi instinto territorial rugió con una fuerza salvaje, exigiendo tomar el control. Sin importarme las malditas reglas de etiqueta humanas o el espacio personal, giré el pomo con fuerza. La cerradura cedió con un chasquido sordo y empujé la puerta, entrando de nuevo a la habitación.

Hannah estaba en medio de la habitación de rodillas en el suelo con la cara oculta entre las manos y los hombros sacudiéndose por los sollozos. Al escuchar mis pasos pesados, levantó la cabeza de golpe. Sus ojos castaños estaban enrojecidos, empañados por las lágrimas y las mejillas le ardían de frustración.

Al verme ahí de pie, su expresión de dolor se transformó en una chispa de pura rabia defensiva. Se puso de pie de un salto, limpiándose la cara con el dorso de la mano con brusquedad.

  • ¿Qué demonios haces aquí? - me espetó, con la voz rota pero cargada de veneno - ¡Te dije que te fueras, D'Santoro! ¡No te di permiso de volver!

Caminé hacia ella con pasos lentos e implacables, cerrando la puerta a mis espaldas sin apartar mis ojos oscuros de los suyos. El olor a tristeza que desprendía era tan denso que casi podía saborearlo y me rehusaba a dejarla sola en ese estado.

  • No me voy a ir, SanMiguel - sentencié, deteniéndome a escasos centímetros de ella, obligándola a levantar la mirada - No voy a dejar que te quedes aquí repitiéndote las mentiras que esa mujer te metió en la cabeza. No eres un desastre.

Hannah soltó una carcajada amarga, seca, que sonó como un quejido. Dio un paso atrás, extendiendo los brazos y señalando su ropa vieja, la taza de té y finalmente, a sí misma.

  • ¡¿Que no lo soy?! ¿De verdad creés que no lo soy? ¡Mírame, Franco! - gritó, y una nueva lágrima rebelde rodó por su mejilla - ¡Sí lo soy! ¡Soy un maldito desastre andante! ¿Acaso no escuchaste el historial que mi madre recitó en altavoz? ¡Llevo veintidós años arruinando cada maldita cosa buena que se cruza en mi camino! Arruiné la graduación de mi escuela, arruiné el bono de Navidad de mi padre, arruiné mi prometedora carrera en Ponce en diez segundos y hoy acabo de hacer que mi propia familia me borre de sus vidas. ¡Ella tiene razón! Tengo una necesidad patológica de destruirlo todo porque no sé cuándo cerrar la boca. ¡Eso es lo que soy!

Di un paso firme al frente, acortando la distancia que ella había puesto entre nosotros. La atrapé por los hombros con mis manos grandes, sosteniéndola con firmeza pero sin lastimarla, obligándola a anclarse a mi calor y a detener su espiral de pánico.

  • Mírame, Hannah - le ordené, usando un deje sutil de mi voz de mando, haciendo que sus ojos castaños se clavaran en los míos por puro instinto - Mírame bien. Lo que tu madre llama "autodestrucción" yo lo llamo integridad. Lo que esa mujer ve como un defecto que arruina cenas familiares, yo lo veo como la agudeza mental que salvó a mi corporación de una estafa de billones de dólares.

Hannah tragó saliva, con los labios temblando, intentando apartar la mirada, pero no se lo permití.

  • ¿Crees que soy un imbécil que le regala contratos millonarios a cualquiera? -continué, con la voz profunda, gélida y territorial - Si fueras el desastre insignificante que tu madre dice que eres, no habría venido anoche a buscarte bajo el diluvio. No te quiero en mi empresa porque seas perfecta o sumisa, te quiero porque eres peligrosa para mis enemigos. Tu boca floja como tú la llamas es tu mejor arma, SanMiguel. Así que no te atrevas a apagar tu propio fuego solo porque a los mediocres les asusta quemarse.

Hannah se quedó estática bajo el agarre de mis manos, respirando de forma agitada. El magnetismo entre nosotros se volvió tan espeso que el aire pareció chisporrotear. El llanto se detuvo, reemplazado por una confusión ardiente que brillaba en el fondo de sus pupilas enrojecidas. El monstruo del pantano estaba listo para volver a pelear, y esta vez, yo iba a ser su escudo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.