El Lobo Y La Tormenta

Capitulo 28

MENSAJES EN LA OSCURIDAD

HANNAH

El ala de invitados de la mansión D'Santoro era demasiado silenciosa, las sábanas de la enorme cama eran perfectas y la habitación tenía el tamaño de mi antiguo apartamento entero pero yo no podía pegar el ojo. La razón brillaba con una luz azulada e hiriente en la palma de mi mano. El teléfono no paraba de vibrar, interrumpiendo la paz de la madrugada.

"Eres una desgraciada, Abigail" , decía el primer mensaje de Liam.
"¿Con ese te revuelcas ahora? ¿Por eso me echaste como a un perro? Mi padre ya está hablando con el tuyo. No vas a volver a trabajar en esta ciudad, te lo juro. Te vas a arrepentir de haberme humillado" .
"Disfruta tu jueguito con tu jefe mientras dure. Cuando te canses de ser su juguete de la semana, vas a regresar de rodillas a pedirme perdón" .

Un nudo amargo y frío se me instaló en la garganta. Bloqueé la pantalla, pero el daño ya estaba hecho. Las palabras de Liam se mezclaban con las advertencias de mi madre, martilleando mi cabeza. " Vas a terminar sola" . "Lo arruinas todo". " Eres un desastre".

Sintiéndome asfixiada entre las cuatro paredes, me levanté de la cama. Me puse una bata de seda gris que encontré en el armario y salí, necesitando caminar por los enormes pasillos de la mansión para disipar la ansiedad.

El corredor estaba en penumbra, iluminado solo por unas sutiles luces empotradas en el suelo de mármol negro. Avancé descalza, sin hacer ruido. El lugar era imponente, decorado con pinturas antiguas y acabados de madera oscura que olían a bosque e invierno. Caminé sin rumbo fijo, sumida en mis propios pensamientos, dejándome llevar por la arquitectura gótica y moderna de la casa.

Me detuve frente a una enorme e imponente arco tallado con relieves de lobos y me quedé admirando el diseño. Me pareció un pasillo sumamente elegante, pero no tenía la menor idea de que me había alejado por completo de la zona de invitados y que acababa de invadir el santuario más íntimo y restringido de la propiedad, los aposentos privados del Alpha.

Para mí, solo era un pasillo más, un pasillo que extrañamente olía de forma muy concentrada a ozono y pino, olía a él.

  • ¿El insomnio la hace propensa a invadir propiedades privadas, SanMiguel? - una voz profunda, arrastrada e imponente rompió el silencio de la penumbra.

Me sobresalté, ahogando un grito mientras me giraba de golpe.

Franco estaba apoyado contra el marco de una de las puertas, a escasos metros de mí. Llevaba solo un pantalón de pijama negro y una playera del mismo color que se ceñía a sus hombros anchos. Sus ojos oscuros brillaban con una intensidad dorada y salvaje en la oscuridad, devorando mi figura temblorosa en un segundo.

  • Yo... lo siento - balbuceé, cruzando los brazos sobre mi pijama en un intento de protegerme - No sabía que esta parte del pasillo... es decir, no sé dónde estoy. Este lugar es un laberinto gigante. Solo quería caminar un poco. Ya me iba.

Franco no se movió, pero sus fosas nasales se dilataron levemente. Captó el aire y en un pestañeo, sus facciones se endurecieron. El rastro de diversión que siempre tenía al verme desapareció por completo, siendo reemplazado por una seriedad gélida y territorial.

  • Está mintiendo - sentenció, dando un paso lento pero implacable hacia mí. La distancia entre nosotros desapareció - Su ritmo cardíaco está acelerado. Y no huele a confusión, SanMiguel. Huele a miedo mezclada con una furia humana contenida. ¿Qué pasó en su habitación?

Tragué saliva, intentando mantener mi fachada descarada.

  • No pasó nada. Solo... pesadillas. No podía dormir.

Franco bajó la mirada hacia mi mano derecha, que aún apretaba con fuerza el teléfono celular contra mi costado. Sin pedir permiso, extendió su mano grande e hiriente y con una suavidad que contrastaba con su enorme fuerza, me quitó el aparato de los dedos.

  • ¡Oye! ¡Devuélveme eso! - protesté, intentando alcanzarlo, pero él simplemente levantó el brazo, manteniéndolo fuera de mi alcance mientras encendía la pantalla.

Los mensajes de Liam seguían parpadeando en la pantalla de bloqueo. Vi el instante exacto en el que Franco los leyó.

Una energía brutal, pesada y sofocante barrió el pasillo privado, las luces del suelo parecieron parpadear ante la violenta fluctuación de su aura Alfa. La mandíbula de Franco se tensá tanto que escuché el crujido de sus dientes y sus ojos se volvieron completamente dorados en la oscuridad. Un gruñido sordo, un sonido de pura posesividad animal y amenaza letal, retumbó en su pecho haciéndome dar un paso atrás por puro instinto. Liam acababa de firmar su propia sentencia y Franco estaba a punto de perder los estribos de manera salvaje.

La furia que emanaba de Franco D'Santoro era algo físico. El pasillo privado parecía haberse quedado sin oxígeno con una calma que daba mil veces más terror que cualquier grito, Franco deslizó el dedo por la pantalla del teléfono y presionó el botón de llamada directo al número de Liam.

Se llevó el aparato a la oreja, clavó sus ojos completamente dorados en los míos manteniéndome estática bajo el peso de su mirada salvaje. El tono de llamada sonó una, dos veces y al tercer timbrazo, la voz adormilada pero arrogante de Liam brotó del auricular, lo suficientemente alta como para que yo la escuchara en el sepulcral silencio de la madrugada.

  • ¿Qué pasa, Abigail? ¿Ya te diste cuenta de que...
  • Escúchame bien, infeliz - lo interrumpió Franco.

Su voz no era la del refinado magnate de Wall Street. Salió desde lo más profundo de su pecho, arrastrada, ronca y cargada con una vibración Alfa tan brutal que el mismísimo aire pareció vibrar. Fue una orden de muerte envuelta en seda.

  • ¿Quién... quién habla? - la voz de Liam cambió al instante, el pánico filtrándose por la línea al reconocer el tono del hombre que lo había humillado horas antes.
  • Habla el hombre que va a destruir a tu familia si vuelves a enviar un solo mensaje a este número - sentenció Franco, y un deje de su naturaleza lobuna se filtró en sus palabras - Vuelve a usar el nombre de Hannah, vuelve a acercarte a su entorno o a pensar en ella y me encargaré personalmente de que tu padre y tú terminen declarándose en la quiebra antes de que termine la semana. Los D'Santoro no advertimos dos veces y Hannah me pertenece. No vuelvas a buscarla.




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