LA AUDITORÍA PRESENCIAL
HANNAH
Mi puente cerebro-boca experimentó un cortocircuito tan severo que por un segundo juro que escuché un siseo estático dentro de mis propias orejas. Me quedé estupefacta, con los ojos abiertos como platos de porcelana fina, contemplando la absoluta e imperturbable arrogancia que Franco D'Santoro acababa de desplegar con la naturalidad de quien decide pedir un expreso doble y no te inmiscuirse en la vida de otra persona.
Di un paso al frente, recortando la distancia que él mismo había abierto, apuntándolo con el dedo índice directo al pecho de su traje gris impecable. El cachemira de mi blusa subía y bajaba al ritmo de una respiración que ya no sabía si era por la rabia o por el caos que este hombre inyectaba en mi sistema cada diez segundos o por algún efecto secundario del suero en mi sistema.
Franco ni siquiera parpadeó. Apoyó una mano en el pomo de la puerta de cristal, mirándome con esa fijeza depredadora y esa sonrisa ladina que parecía alimentarse directamente de mis ataques de histeria racional.
FRANCO
El aroma a indignación ardiente de Hannah se intensificó de una forma tan deliciosa que mi lobo soltó un gruñido de pura satisfacción en el fondo de mi pecho. El camión sin frenos estaba intentando embestir mi decisión con un inventario completo de etiquetas sociales humanas y manuales de etiqueta para exnovios, pero mi naturaleza no operaba bajo las reglas de la cortesía de ningún protocolo humano.
La sola idea de dejarla caminar sola hacia el centro de la ciudad para encontrarse con un tipo que pretendía domesticarla y devolverla a un pueblo bajo la etiqueta de "buena esposa" hacía que la estática de mi columna vertebral se volviera insoportable. Mi animal ya había tomado una decisión irrevocable, Liam iba a entender de forma presencial que la vida desastrosa de Hannah SanMiguel habían cambiado de dueño.
Observé cómo me apuntaba con el dedo, con las mejillas encendidas por un tinte rojizo adorable que delataba la velocidad frenética de su pulso. Estaba furiosa pero detrás de su resistencia, su aroma ya no desprendía ese desamparo residual de la mañana. Mi cercanía la estaba blindando, aunque su mente prefiriera etiquetarlo y llamarlo "secuestro express".
Tatiana, que estaba organizando unos expedientes cerca de la recepción, se tensó de inmediato al vernos salir, bajando la cabeza ante la ráfaga de dominación territorial que mi lobo seguía desprendiendo sin el menor disimulo. Hannah caminó a mi lado, rígida como una auditoría fiscal del Estado, apretando la tableta contra su costado con una fuerza que casi dobla el aluminio.
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jefe y empleada, enemigos a amantes, control estricto e irreverencia caótica
Editado: 23.08.2026