El Lobo Y La Tormenta

CAPITULO 44

LA AUDITORÍA PRESENCIAL

HANNAH

Mi puente cerebro-boca experimentó un cortocircuito tan severo que por un segundo juro que escuché un siseo estático dentro de mis propias orejas. Me quedé estupefacta, con los ojos abiertos como platos de porcelana fina, contemplando la absoluta e imperturbable arrogancia que Franco D'Santoro acababa de desplegar con la naturalidad de quien decide pedir un expreso doble y no te inmiscuirse en la vida de otra persona.

  • ¿Disculpe? - solté, y esta vez la voz no me tembló por hipotermia sino por una oleada de pura e indignada estupefacción por du osadía - ¿Dijo "nos vamos los dos"? A ver, genio de la dominación territorial, creo que el suero del doctor Vance tuvo efectos colaterales en isred, porque no le afectó la temperatura sino la comprensión lectora del diccionario Larousse. Un almuerzo con mi ex no es una fusión corporativa, no es una junta de acreedores y definitivamente, no es una maldita auditoría bilateral donde usted tenga un asiento en la mesa. ¡Es mi vida privada! ¡Privada!

Di un paso al frente, recortando la distancia que él mismo había abierto, apuntándolo con el dedo índice directo al pecho de su traje gris impecable. El cachemira de mi blusa subía y bajaba al ritmo de una respiración que ya no sabía si era por la rabia o por el caos que este hombre inyectaba en mi sistema cada diez segundos o por algún efecto secundario del suero en mi sistema.

  • ¿Se imagina la escena? - continué, arrastrando las palabras con una ironía tan mordaz que habría podido rayar los cristales esmerilados de la oficina - "Hola, Liam, qué bueno que te disculpes por tu comportamiento y tu falta de sensibilidad y empatía en un momento vulnerable de mi vida, gracias por ello. Por cierto, este es Franco, mi nuevo jefe/secuestrador/lobo alfa de Wall Street, que insistió en venir porque su animal interno sufre de celos posesivos si uso mi teléfono para citas personales sin su autorización". ¡Es una soberana estupidez corporativa y social! Van a pensar que realmente estoy completamente desquiciada. Bueno, más de lo que ya piensa las vecinas y amigas de mi madre.

Franco ni siquiera parpadeó. Apoyó una mano en el pomo de la puerta de cristal, mirándome con esa fijeza depredadora y esa sonrisa ladina que parecía alimentarse directamente de mis ataques de histeria racional.

  • No me interesa lo que piense ese mediocre o cualquier otra persona, SanMiguel -respondió él, con su barítono pausado llenando la habitación - Me interesa el balance emocional de riesgo de mi Directora Global. Marcus ya está en el ascensor privado. Tienes treinta segundos para tomar tu tableta o te cargo yo mismo hasta el sótano blindado y créeme, eso arruinaría tu preciado protocolo de normalidad humana frente al personal de toda está empresa.

FRANCO

El aroma a indignación ardiente de Hannah se intensificó de una forma tan deliciosa que mi lobo soltó un gruñido de pura satisfacción en el fondo de mi pecho. El camión sin frenos estaba intentando embestir mi decisión con un inventario completo de etiquetas sociales humanas y manuales de etiqueta para exnovios, pero mi naturaleza no operaba bajo las reglas de la cortesía de ningún protocolo humano.

La sola idea de dejarla caminar sola hacia el centro de la ciudad para encontrarse con un tipo que pretendía domesticarla y devolverla a un pueblo bajo la etiqueta de "buena esposa" hacía que la estática de mi columna vertebral se volviera insoportable. Mi animal ya había tomado una decisión irrevocable, Liam iba a entender de forma presencial que la vida desastrosa de Hannah SanMiguel habían cambiado de dueño.

Observé cómo me apuntaba con el dedo, con las mejillas encendidas por un tinte rojizo adorable que delataba la velocidad frenética de su pulso. Estaba furiosa pero detrás de su resistencia, su aroma ya no desprendía ese desamparo residual de la mañana. Mi cercanía la estaba blindando, aunque su mente prefiriera etiquetarlo y llamarlo "secuestro express".

  • El cronómetro llegó a cero, Hannah - dije, abriendo la puerta con un movimiento fluido, dejando que el murmullo de los teclados del piso volviera a entrar en el espacio - Mueve los tacones que tenemos un ex novio que atender.

Tatiana, que estaba organizando unos expedientes cerca de la recepción, se tensó de inmediato al vernos salir, bajando la cabeza ante la ráfaga de dominación territorial que mi lobo seguía desprendiendo sin el menor disimulo. Hannah caminó a mi lado, rígida como una auditoría fiscal del Estado, apretando la tableta contra su costado con una fuerza que casi dobla el aluminio.

  • Si ese infeliz intenta ponerle una sola mano encima - le susurré al oído mientras esperábamos que el ascensor privado del ala ejecutiva abriera sus puertas con su timbre celestial - Marcus no va a necesitar bloquear el perímetro, voy a encargarme personalmente de que su disculpa sea evaluada por el doctor Vance en la clínica de la manada. Así que mantén esa boca sin aduanas lista, Directora, porque hoy vamos a liquidar tus pasivos del pasado bajo mis estrictos términos contables.




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