El Lobo Y La Tormenta

CAPITULO 54

LA LIQUIDACIÓN ABSOLUTA

HANNAH

El indicador digital en la parte superior de la pantalla principal comenzó su cuenta regresiva, sesenta segundos. El segundero no avanzaba, caía sobre el consorcio del Sur de Boston como un hacha financiera.

A mi lado, los dedos de Cristhian eran un borrón sobre el teclado holográfico. Mis ojos avellana seguían las cascadas de algoritmos de alta frecuencia que se cruzaban en Wall Street. Sentía el calor biológico de Franco justo a mi espalda, una presencia masiva y sofocante que blindaba mi trinchera humana mientras el mercado secundario se desangraba a una velocidad de vértigo.

  • Cuarenta segundos - anunció Cristhian, con un hilo de sudor frío corriéndole por la sien - El nodo de Caimán está registrando la desviación de pánico. Sus acciones están empezando a fluctuar.
  • No te detengas, Cristhian - le ordené, forzando a mi puente cerebro-boca a mantener la frialdad matemática - Deja que el algoritmo de Arthur Pendelton interprete sus propios fondos de reserva como un activo tóxico, que el sistema haga el trabajo sucio.

El entramado que mi exjefe había diseñado para desangrar a D'Santoro Enterprises era una estructura codiciosa, pero absurdamente rígida. Al desviar el pánico hacia su propio nodo primario, el software de la manada del Sur interpretó que la liquidez de Arthur era un pasivo de alto riesgo. En microsegundos, el sistema activó las cláusulas de rescisión automática que yo misma había auditado.

Vente segundos, diez segundos, cero.

El gráfico de velas japonesas del bloque del Sur de Boston no sufrió una caída, experimentó una demolición estructural perfecta. La línea roja que representaba su flujo de caja cayó verticalmente, rompiendo todos los soportes históricos de la Bolsa de Nueva York, hasta estrellarse contra el fondo de la pantalla en un plano absoluto.

Cero neto.

Arthur Pendelton y la manada del Sur acababan de devorarse a sí mismos en vivo y en directo ante los ojos de Wall Street.

  • Se acabó - susurró Cristhian, soltando las manos del teclado, hundiéndose en su silla con una mezcla de absoluto asombro y alivio - Sus cuentas de compensación han sido liquidadas por la propia cámara de compensación de Nueva York, Arthur Pendelton está en la bancarrota absoluta. No tiene acciones, no tiene pasivos que pueda maquillar y no tiene una firma de corretaje a la que regresar mañana. Lo borramos del mapa.

FRANCO

Un ronroneo sordo, profundo y cargado de una satisfacción territorial y posesiva brutal vibró en el centro de mi pecho, haciendo que el cristal negro del búnker emitiera un zumbido sutil. Mi lobo dio un vuelco salvaje de pura victoria en mi consciencia, irguiéndose en su sitio ante la imponente estampa de mi Luna, que acababa de aniquilar a la competencia usando únicamente su mente financiera y una tableta de aluminio.

El aroma de la oficina cambió instantáneamente, el olor frío a guerra corporativa y estática agresiva colapsó, reemplazado por la fragancia ardiente a orgullo, café de especialidad y la dulzura abrasadora del triunfo de Hannah.

Me incliné hacia adelante, apoyando ambas manos sobre la mesa de control a los costados de sus caderas, acorralándola sutilmente contra la cascada de gráficos que ya empezaban a teñirse de un verde impecable de recuperación. La distancia entre nosotros volvió a ser mínima.

  • Un minuto exacto, Directora SanMiguel - dije, bajando la voz a un barítono áspero, denso y rudo que rozó la comisura de sus labios, sintiendo el estremecimiento involuntario que recorrió su columna bajo el cachemira gris - Redujiste el imperio de tu exjefe a basura confidencial en sesenta segundos. Tu auditoría de riesgo acaba de liquidar el pasivo más grande de la Costa Este sin necesidad de que mi manada disparara una sola bala en Nueva York.

Hannah entreabrió los labios para soltar una de sus réplicas letales pero el intercomunicador privado de la pared inteligente emitió un pitido agudo, rompiendo la intimidad del búnker. La voz de Marcus entró por el altavoz, nítida y acompañada por el jadeo de su respiración de beta tras la acción física en el Sur de Boston.

  • Jefe - habló Marcus, con una rigidez formal que delataba el final de la limpieza perimetral - El hardware del enemigo ha dejado de respirar. Las oficinas de Pendelton están desiertas y el pánico ya llegó a sus servidores locales. Pero... encontramos algo en los archivos físicos que el algoritmo no alcanzó a borrar antes del colapso.
  • Habla, Marcus - ordené, sin apartar mis ojos dorados de las pupilas avellana de Hannah, que se fijaron en la pantalla con una fijeza súbita.
  • Arthur Pendelton no estaba operando solo por la codicia de la manada del Sur - sentenció el beta y el olor a conspiración residual inundó el espacio - Encontramos un contrato de financiamiento clandestino para bloquear las cuentas de la señorita SanMiguel en Boston y forzar su regreso. El documento está firmado por el fondo de inversión de una provincia, específicamente por la firma constructora de la familia de Liam.




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