LA ECUACIÓN DE LA VENGANZA
HANNAH
El silencio que se apoderó de la sala no fue el típico bache incómodo de una reunión de oficina, fue un vacío absoluto, una caída de presión barométrica que me vació los pulmones de golpe. La voz de Marcus seguía saliendo por los altavoces de la pared inteligente pero las palabras contrato de financiamiento clandestino y la constructora de la familia de Liam rebotaban en mi cabeza con el eco desagradable de un informe financiero corrupto.
Mi puente cerebro-boca, que usualmente tenía un arsenal de tres párrafos de puro sarcasmo listo para detonar, sufrió un fallo general del sistema. Me quedé completamente muda.
No era desconcierto básico y simple, era una oleada de pura helada y cortante indignación que me subió directo a la cabeza. "¿Ayudarme a arreglar las cosas?" "¿Arrepentimiento?" Todo el teatrito de Liam de esta mañana, su condescendencia pastosa, el suéter azul marino y el sermón de mi madre sobre mi incapacidad para ser dócil... todo había sido un pasivo fríamente calculado. El infeliz no había venido a rescatarme de una ráfaga de mala suerte, él mismo había provocado la tormenta. Había financiado en secreto a Arthur Pendelton para asegurarse de que mi nombre terminara en una lista negra, que mi cuenta bancaria colapsara y que el único camino que me quedara fuera arrastrarme de regreso a su provincia para ser la archivera sumisa que su maldito ego familiar requería.
Sentí que el cachemira gris de la blusa me quemaba la piel. Mis manos, que seguían sosteniendo la tableta de aluminio, se tensaron tanto que los nudillos se me pusieron blancos. La traición de mi pasado no era un error de cálculo impulsivo, era una estafa burda diseñada para asfixiarme el futuro.
Giré la cabeza despacio, rompiendo mi parálisis frente a la pantalla de cristal negro, y clavé mis ojos ahora encendidos con un fuego frío y letal directamente en las pupilas oscuras de Franco D'Santoro.
Di un paso al frente, recortando la distancia hasta que mi rostro quedó suspendido a un centímetro de su boca, ignorando olímpicamente la presencia de Cristhian y las alarmas de la pared inteligente.
FRANCO
Un rugido sordo, una vibración de pura y salvaje aprobación territorial retumbó en lo más profundo de mi pecho, sacudiéndome las costillas con una fuerza que hizo parpadear las gráficas de la pared inteligente. Mi lobo dio un vuelco de absoluta demencia posesiva dentro de mi consciencia. El aroma de Hannah había colapsado, borrando cualquier rastro de la vulnerabilidad residual que la mención de ese infeliz le había provocado por la mañana. Ahora, el búnker de cristal negro estaba inundado por una fragancia ardiente, letal y concentrada a pura insurgencia destructiva.
La humana no estaba suplicando protección, no estaba llorando por la traición. Estaba exigiéndome el control de mis armas de nivel alfa para liquidar el pasivo de su pasado bajo sus propios y despiadados términos
Una sonrisa ladina, completa, afilada y cargada de una satisfacción posesiva brutal se dibujó por completo en mis labios bien perfilados. Mis ojos dorados se clavaron en las pupilas avellana de mi Luna, disfrutando de la absoluta falta de aduanas que su orgullo acababa de desplegar a un centímetro de mis colmillos.
Me eché hacia atrás sutilmente, retirando mis manos de la mesa de control central y con un gesto exageradamente teatral, le cedí el asiento principal frente a la pantalla gigante de cristal negro. El ozono de mi naturaleza inundó todo el lugar, blindando el búnker de cualquier interferencia externa mientras Cristhian daba un paso atrás, contemplando con absoluto asombro cómo las leyes de la física en este imperio cambiaban irrevocablemente de dueño otra vez.
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jefe y empleada, enemigos a amantes, control estricto e irreverencia caótica
Editado: 18.09.2026