EL ÚLTIMO LAZO DE CONTROL
HANNAH
El siseo del altavoz del techo volvió a encenderse con un chasquido estático justo antes de que Cristhian pudiera cortar la línea. La voz de mi madre no se amilanó ante el barítono de alfa de Franco D'Santoro, al contrario, la mención de sus millones y de su control territorial pareció inyectarle una dosis extra de urgencia dramática típica de ella.
El calor del bochorno se transformó en una oleada de pura, fría y cortante determinación. El puente cerebro-boca se saltó todas las aduanas del pudor familiar y se puso en modo de liquidación absoluta. Di un paso al frente, apartándome sutilmente del pecho de Franco y apunté con la mirada fija hacia el micrófono del intercomunicador del techo.
Sin esperar la siguiente línea de su sermón provincial, deslicé mi dedo con una fuerza matemática sobre el panel digital de la pared inteligente.
¡CLIC!
La pantalla se fue a negro de golpe, cortando la comunicación y sepultando la planta ejecutiva en un mutismo sepulcral. El silencio que regresó al pasillo ya no era de comedia negra, era el vacío espeso que queda después de un impacto frontal. Marcus se quedó inmóvil junto al ascensor privado, asimilando el perfil de la humana que acababa de colgarle a su propia madre frente al alfa de la ciudad y Cristhian desvió la vista hacia sus pantallas, conteniendo el aliento ante la densidad del aire.
Di media vuelta sobre mis tacones negros, ignorando olímpicamente las miradas de los dos subordinados y salí del búnker de cristal negro con la tableta de aluminio apretada contra el costado, dispuesta a encerrarme en mi oficina antes de que el desastre biológico de mis propias hormonas terminara por liquidarme los filtros.
FRANCO
Un ronroneo sordo, una vibración de pura y salvaje posesividad territorial cruzó mis costillas, haciendo que el ozono de mi naturaleza se expandiera por el mármol negro de la recepción. Mi lobo dio un vuelco de absoluta demencia dentro de mi pecho al ver cómo Hannah SanMiguel liquidaba el último lazo de control de su pasado con un solo movimiento de su dedo sobre el panel táctico.
La humana acababa de romper la barricada de su familia frente a mis betas, con la barbilla en alto y esa boca sin aduanas despidiéndose de la provincia para siempre. El aroma a bochorno se disipó en un parpadeo, reemplazado instantáneamente por esa fragancia ardiente a orgullo, fuego y a una independencia suicida que me resultó insultantemente atractiva.
Giré la cabeza despacio hacia Marcus y Cristhian, dejando que el fuego dorado de mis pupilas les ordenara replegarse sin necesidad de emitir un comando verbal.
Me di la vuelta lentamente, desabrochándome el saco gris del traje mientras observaba la silueta de Hannah cruzando el umbral de su oficina. El camión sin frenos se había quedado sin líneas de interferencia, sin madre y sin Liam y la puerta de su santuario de veintidós grados estaba a punto de cerrarse detrás de ella pero mi zancada fluida y depredadora ya había recortado la distancia para asegurar que el impacto definitivo ocurriera bajo mis estrictos términos contables.
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jefe y empleada, enemigos a amantes, control estricto e irreverencia caótica
Editado: 18.09.2026