INTERRUPCIONES DE MERCADO
HANNAH
El calor de su pecho aplastando mi blusa era una masa de alta tensión que me impedía expandir los pulmones. La fijeza de oro líquido de sus ojos oscuros me tenía completamente clavada contra el cuero del sillón, inmovilizada por una prensa de acero que ignoraba cualquier rastro de legislación laboral de la Costa Este. Mi puente cerebro-boca intentó formular una última réplica sobre su alarmante falta de control de impulsos pero el aire que me quedaba en la laringe solo alcanzó para una exhalación entrecortada que rozó sus colmillos con la fuerza de una capitulación biológica involuntaria.
Estaba a un milímetro del impacto definitivo. Todo el martes se había reducido a este microrregión de espacio cerrado donde mis aduanas estaban a punto de ser liquidadas por el peso barométrico de su naturaleza de alfa.
¡BEEP! ¡BEEP! ¡BEEP!
El silbato neumático de la alerta roja general no se emitió desde la tableta holográfica, explotó directamente desde la pantalla inteligente incrustada en la pared de madera de mi oficina, rompiendo el santuario acústico del piso veinticinco con la estridencia de una sirena de Wall Street.
El quiebre del momento fue tan brusco que el aire de la oficina pareció recuperar sus veintidós grados humanos de golpe. Sentí cómo la presión de los dedos de Franco en mis muñecas se congelaba en el acto, transformando la furia de sus celos residuales en una rigidez ejecutiva milimétrica.
FRANCO
Un gruñido sordo, una onda expansiva de pura y salvaje frustración territorial retumbó desde el fondo de mi garganta, haciendo que el cristal de la puerta emitiera un zumbido violento que sacudió las molduras del techo. Mi lobo dio una violenta dentellada en el vacío de mi mente, furioso porque mi beta acababa de romper el perímetro por segunda vez en el día para arrastrarme de regreso al balance de pérdidas del imperio D'Santoro.
El aroma de Hannah cambió en un microsegundo, inundando mis pulmones con la fragancia dulce de su respiración recuperada y el rastro dulce de su agitación biológica. Su carótida latía a una frecuencia frenética que delataba el impacto del que acababa de salvarse.
Deslicé mis dedos lentamente fuera de sus muñecas, permitiendo que mi mano acariciara la línea tensa de su mandíbula antes de incorporarme por completo de un solo movimiento fluido y depredador. Me abotoné el saco gris del traje con una parsimonia rígida que recuperó al instante mi estampa de director ejecutivo implacable, aunque el oro líquido de mis pupilas siguiera ardiendo con una fijeza letal que ella ya sabía decodificar.
Caminé hacia la salida de la oficina esmerilada, plantando mis botas con fuerza en la alfombra, pero me detuve justo en el umbral. Apoyé una mano masiva en el marco de la puerta y me giré despacio para lanzarle una última mirada de reojo que cayó sobre el sofá de cuero con el peso de una sentencia de muerte corporativa.
—Esto no ha terminado, Hannah - sentencié, bajando la voz a un tono tan áspero, rudo y denso que los clips metálicos de su escritorio volvieron a emitir un leve tintineo - Quédate en este sillón, alguien vendrá a darte una tablet nueva con toda la información y por ahora te concedo el beneficio de tus matemáticas y tus trescientos dólares por el tiempo que dure mi reunión con el consorcio europeo pero te advierto una cosa, en cuanto liquide el pasivo de esos socios extranjeros voy a regresar a esta oficina a cerrar el balance neto de tu orgullo de forma física. No te acostumbres demasiado al aire acondicionado de tus veintidós grados. El cronómetro volvió a arrancar, Directora SanMiguel y dudo mucho que tu aduana financiera tenga el capital suficiente para detener a mi lobo esta noche. No te muevas de aquí.
Las puertas de cristal se deslizaron tras de mí con un siseo neumático definitivo, dejándola sola en la penumbra de su santuario mientras mis zancadas rápidas devoraban el pasillo hacia la suite presidencial donde Marcus ya me esperaba con los colmillos afuera.
#2333 en Novela romántica
#423 en Fantasía
#255 en Personajes sobrenaturales
jefe y empleada, enemigos a amantes, control estricto e irreverencia caótica
Editado: 18.09.2026