El lobo y las serpientes

Capítulo 22: El enojo de la reina.

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El aire en el despacho de la Reina Viviana era denso y estaba cargado de un olor a ozono, el remanente de la rabia mágica de la monarca. Las copas de cristal de la vitrina temblaban ligeramente, reflejando la furia interna de la mujer. Viviana caminaba de un lado a otro, su rostro pálido de humillación, sus ojos ardiendo con una llama de ira.

—¡Me ignoraron! ¡Me humillaron frente a mi propio pueblo! ¡Esos híbridos de Samanta! —siseó, golpeando su escritorio con tanta fuerza que la pesada madera crujió, haciendo que los objetos sobre la superficie se tambalearan.

El General Valerius estaba de pie en posición de firmes, con el rostro serio, observando a la Reina con una mezcla de cautela y preocupación. Sabía que la derrota en el Coliseo era un golpe devastador para la autoridad de la Reina, y que su reacción podría ser impredecible.

—El poder que el chico exhibió con la barrera... y la inclinación forzada... Majestad, es una prueba de que su linaje es peligrosamente puro —dijo Valerius con cautela, eligiendo sus palabras con cuidado—. La gente lo vio como un signo divino de poder, y eso podría cambiar el equilibrio de la isla.

Viviana se detuvo en su caminar por el despacho y se volvió hacia Valerius, sus ojos brillando con una intensidad peligrosa. —¿Peligrosamente puro? ¡Es una amenaza! ¡Una amenaza para mi trono, para mi poder! —exclamó, su voz temblando de rabia—. No permitiré que esos híbridos me quiten lo que es mío.

—Tranquilízate, mi reina —exclamó Valerius, intentando calmarla, mientras se acercaba a ella con cautela.

—¡Silencio! —ordenó Viviana, clavándole sus ojos calculadores, su voz como un látigo—. Thalía los protegerá en el Templo, y su magia crecerá rápidamente con el Ilvayem. No puedo permitirles un segundo día. La próxima acción no puede ser un espectáculo público; debe ser limpia, silenciosa y, sobre todo, indetectable. Debe parecer un accidente.

Viviana se acercó a Valerius, su voz bajando a un susurro mortal, su aliento rozando la mejilla del General.

—Esteban es un leal de Thalía. No podemos usar a la Guardia del Templo. Quiero que utilices a tus contactos más discretos. Esos dos necesitan ser eliminados antes de que Thalía los declare hechiceros y herederos directos de la estúpida Samanta. Necesito que en su primera lección, sufran un percance fatal. Envenenamiento, sabotaje... algo que no deje rastro de mi mano.

Valerius asintió, la sonrisa cruel volviendo a su rostro, mientras sus ojos se iluminaban con la perspectiva de la venganza.

—Será hecho, Majestad. Un accidente aislado. El pueblo no llorará la pérdida de los jóvenes, y su autoridad será restaurada.

—Ve. Y Valerius... si esto llega a oídos de Thalía, serás el primero en pagar —su voz era un juramento, un juramento de muerte.

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Mientras la Reina tramaba su venganza, el ambiente en el ala privada del templo era de alivio y euforia. Albeiro y Andreina estaban frente a la Sacerdotisa Thalía, quien los miraba con un orgullo imperturbable, sus ojos brillando con una luz cálida. Kael y Esteban estaban a su lado, sonriendo, felices por el éxito de sus amigos.

—La Reina ha sido derrotada hoy, no por su magia, sino por la verdad y la justicia —dijo Thalía, su voz tranquila resonando con sabiduría, mientras su mirada se posaba en los gemelos con un brillo de orgullo—. Pero la victoria pública es solo el comienzo. Deben entender la magnitud de lo que pasó en el Coliseo.

Thalía se centró en Albeiro, su mirada intensa.

—La inclinación de respeto que provocaste es un poder que solo los monarcas legítimos poseen. Y en nuestra historia, solo un Sacerdote de sangre Samanta ha logrado invocarlo. Eso demuestra que tu linaje es tan real y poderoso como el mineral que sostiene esta isla, y que la conexión con el Ilvayem es más profunda de lo que imaginamos.

Luego, miró a Andreina, con un gesto de aprobación. —Y tú, Andreina, probaste que la sangre del licántropo no es una debilidad, sino una fuente de fuerza. Canalizaste tu rabia para sostener el hechizo, no para destruirlo. Eres una hechicera de disciplina excepcional, y tu conexión con la naturaleza es más fuerte de lo que crees.

—¿Pero, por qué la gente se inclinó? ¿Qué significa eso realmente? —preguntó Albeiro, todavía aturdido por la sensación de poder y la reacción de la multitud, su voz llena de curiosidad.

Kael, dando un paso adelante como mentor oficial, tomó la palabra, su voz llena de autoridad.

—Significa que la sangre de tu abuela, Samanta, no solo era mágica, sino que estaba ligada a la fundación de la isla. Samanta se opuso a los monarcas porque ellos querían monopolizar el Ilvayem y ocultar la verdad: que este mineral es la fuente de vida y magia para todos los pueblos, no solo para los hechiceros.

—El poder de la inclinación es el verdadero sello de la realeza ancestral, un poder que la línea de Viviana ha perdido por la corrupción y la maldad que la mayoría de los monarcas ha poseído. —Agregó el General Esteban.

Ambos jóvenes asintieron con gravedad.

—El desafío de la Reina fue un error fatal. Albeiro, tu voz resonó con el poder latente de la Isla. El pueblo sintió que, por fin, alguien con autoridad real venía a protegerlos, y que la esperanza de un futuro mejor se encendía en el horizonte. —Dijo Kael sorprendido todavía

—Ustedes Ahora, son la esperanza de Aetherium y de la isla Ilvayem, pero también el objetivo principal de la Reina. Ella no se detendrá. Kael, a partir de hoy, eres el mentor de los gemelos. Su entrenamiento debe ser secreto, urgente y letal. Necesitan dominar la fusión de la magia y el instinto antes de que la próxima trampa de Viviana se cierre sobre ellos. Muy pronto serán nombrados hechiceros y toda la herencia de mi hermana Samanta pasará a ustedes, y a su madre, que esperó conocer con ansias. —Concluyó Thalía con una seriedad sombría, su voz llena de advertencia.




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