Moví mis piernas entumecidas y suspiré. Y luego decidí que
Que no podía seguir en silencio. Necesitaba quejarme. En voz alta.
Pero no fui lo suficientemente rápido.
--¡Oh, Diooos! –el quejido provenía de mi hermano
Griff--. ¿Qué tipo de cumpleaños es éste? Hasta mi trasero
Ésta sudado.
--¡Dios mío, Griff!—dijo mamá desde el asiento delante
--. ¡Sólo recuerda que eres británico!
--lo siento—murmuro Griff, y su rostro se ruborizó un
Poco. Después de un momento de silencio embarazoso,
Dijo--: ¿podrían subirle al aire acondicionado?
--si –dije --. Súbanle.
Mamá extendió la mano, deslizó el espejo de su visera y
Nos miró.
--¿Así que estás despierto?
--He estado despierto todo el tiempo—dijo Griff.
--Lo sabíamos—dijo papá, interrumpiendo la conversa-
Ción--.Hemos estado disfrutando esa fantástica canción de tu juego de computadora. No la he encontrado molesta para nada molesta.
--Es Temple Run 2—dijo Griff--. Y no es un juego de compu-
Tadora, es una aplicación—a pesar de todo, de repente sonrío
Y movió su mano derecha en el aire. Tenía un nuevo teléfono
Pegado a ella.
Tuve que contener una sonrisa. Era un gran día para mí
Hermano pequeño: su decimotercer cumpleaños y su primer
Teléfono decente.
--Eso es encantador, Griff. Y me alegro de que te sientas
Feliz… pero en realidad me refería a él—dijo mamá y agito su
Mano sobre su hombro hacia mí.
--He estado despierto desde Massachusetts—dije.
Mamá me miro desde su espejo de maquillaje
-- Platicador como siempre, Dylan.
Me encogí de hombros.
-- No tiene sentido hablar sólo por hablar ¿cierto?
Mamá puso los ojos en blanco.
-- No cuesta nada platicar con tu familia, Dyl. No te quedarás sin crédito-- sacudio la cabeza frente al a su espejo y luego rio.
No pude pensar en una en una respuesta decente. Así que entrelace mis dedos, extendi mis brazos y tróne mis nudillos. uno a uno. Crac. Crac. Crac. siempre he sido bueno para eso.
Griff me empujó hacia un lado.
–- Basta –dijo–, me da escalofríos cuando haces eso.
Lo empujé hacia atrás
–Hey, basta con eso dijo papá.
Griff me dio un puñetazo en la pierna, se cruzó de brazos y miró por la ventana,
como si no hubiera hecho nada. En mi cabeza lo agarré por la muñeca, le retorcí el brazo
por la espalda y lo hice chillar como conejillo de Indias. Pero no lo hice de verdad. no tenía energía. En su lugar, dije:
– Papá, ¿podrías subirle al aire acondicionado, Por favor?
se siente como un sauna aquí y eso está convirtiendo a Griff en un completo pendejo.
–Cállate –dijo Griff–. No puedes hablarme así… ¡Es mi cumpleaños! –al asomar la cabeza por los reposacabezas delanteros, dijo–: ¿Escucharon eso?
–¿Qué?--preguntó papá.
Me reí de de haberme salido con la mía, y luego acerqué mi rostro a Griff y comencé a cantar:
–Cumpleaños feliz… ¡Cumpleaños feeeeliiiiz! – y cantar me recordó mi propio cumpleaños apenas hace unas semanas.
antes y cómo había llevado a Matilda Sommer a una fiesta y cómo, por fin, la había besado. Puse mi boca junto a la oreja de Griff y susurré— Trece y apuesto a que nunca has besado a nadie, ¿verdad, pendejo?
Griff gritó.
—¡Cállate, y no soy un pendejo!
—¿Podemos, por favor, dejar de decir pendejo?
Pude ver a papá mirando a mi hermano por el espejo retrovisor.
—Deberíamos haberte dejado en Barcelona. ¿Por qué no lo hicimos?
—Ja, ja —dijo Griff—. Si no fueras tan cruel con el aire acondicionado, ni siquiera estaríamos teniendo esta conversación.
—Hey —dijo papá—, ¿cómo que soy cruel? Te acabo de llevar en un viaje de diez días por Nueva Inglaterra. Me gasté todos mis ahorros. Y de cualquier forma, no se trata de ahorrar dinero, sino de salvar el planeta. No veo la necesidad de quemar más combustible del que necesitamos.
—Eso es tan estúpido —dijo Griff.
Levanté mi pierna y lo pateé.
—No es estúpido, idiota —luego miré la parte posterior de la cabeza de papá y pregunté—. Entonces, ¿podemos abrir las ventanas?
—Está bien, de acuerdo —dijo papá—, haz lo que quieras. Pero en ese caso, voy a apagar el aire acondicionado. No tiene caso tenerlo encendido a menos que las ventanas estén cerradas.
Griff y yo gemimos. A pesar de algunos bamboleos, mi hermano y yo siempre hemos tenido una conexión tan fuerte como una fuerza cósmica. Y ahora estaba de regreso. Juntos contra papá.
La mano de papá se cernió sobre el tablero.
—¿Encendido o apagado?
—Encendido —murmuré.
—Déjalo encendido —dijo Griff.
Me giré y descansé mi frente contra el vidrio de mi ventana cerrada. Afuera, la carretera estaba cada vez más cargada de automóviles. Era como un gran recordatorio de que nuestras vacaciones habían terminado.
Pero qué festivas habían sido.
Habíamos rentado un Mini Cooper de carreras verde con bandas de cuadros negros y blancos a los costados; de acuerdo con papá, era el auto más genial en toda la carretera. Fuimos a las montañas de Catskill —elección de papá—, nadamos en un verdadero lago de los cisnes —elección de mamá— y visitamos una fábrica de helados en Vermont donde probamos helado de miel y jalapeño. Y luego fuimos a Massachusetts y pateamos un balón en el parque Boston Common y vimos a los Medias Rojas jugar al baloncesto y comimos rosquillas junto al Océano Atlántico. Nos la pasamos en grande.
Pero ahora no estábamos ni aquí ni allá. Ni en días festivos ni en casa. Y a cada lado de nosotros había una gran fila de tráfico moviéndose lentamente.
Incluso mis codos se sentían calientes. Abrí la boca para gemir pero, como de costumbre, Griff lo hizo primero. Dejó caer su cabeza contra el asiento y dijo:
—En verdad, estoy a punto de morir. Alguien deme una cerveza fría.
Mamá se revolvió en su asiento.