El lugar donde vuelvo a mí

Capitulo 3 Lo que callé

Hubo muchas cosas
que no dije.
No porque no las sintiera,
sino porque no sabía
cómo poner en palabras
todo lo que me estaba pasando por dentro.
Callé cuando algo me dolía,
cuando algo no me parecía justo,
cuando sentía que estaba dando más
de lo que recibía.
Callé por miedo a incomodar,
por miedo a perder,
por miedo a que al decir lo que sentía
todo se rompiera.
Y al final…
se rompió igual.
Pero esta vez
fui yo.
Porque guardar tanto
también pesa,
también cansa,
también termina pasando factura.
Me acostumbré a tragarme lo que sentía,
a hacerme pequeño para no molestar,
a fingir que todo estaba bien
cuando claramente no lo estaba.
Y un día ya no pude más.
No fue un momento exacto,
no hubo un gran problema…
solo me cansé.
Me cansé de no decir,
de no poner límites,
de no elegirme.
Y entendí algo
que me dolió aceptar:
que muchas veces
no fueron los demás
los que más me lastimaron…
fui yo,
por no escucharme a tiempo.

Hay un cansancio
del que casi nadie habla…
no es de la vida,
no es de los problemas,
es de uno mismo.
De pensar tanto,
de sobreanalizar cada palabra,
cada mirada,
cada silencio.
De imaginar escenarios
que nunca pasan,
pero que igual duelen
como si fueran reales.
Es cansarse
de sentir demasiado,
de reaccionar así,
de no poder simplemente “estar en calma”
como otros parecen hacerlo.
Y lo más difícil
no es explicarlo…
es vivir contigo
cuando ni tú mismo te entiendes.
Hay días en los que quisiera
apagar mi mente,
dejar de cuestionarme todo,
dejar de sentir tan profundo.
Pero no puedo.
Entonces respiro,
me quedo,
me aguanto…
y sigo.
Y aunque suene simple,
aunque nadie lo vea,
eso a veces es lo más difícil:
soportarte
y no rendirte contigo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.