Me tomó tiempo entender
que mi paz no es negociable.
Que no todo merece mi energía,
ni todas las personas
mi tiempo.
Que vivir en calma
vale más
que tener razón,
que insistir,
que quedarme
donde todo es inestable.
Antes confundía intensidad con amor,
y caos con costumbre.
Hoy no.
Hoy elijo lo que no me quita el aire,
lo que no me llena de dudas,
lo que no me hace cuestionar mi valor.
Porque aprendí…
que la paz no se encuentra en otros,
se protege.
Y esta vez…
no pienso volver a perderla.
Hubo un tiempo
en el que esperaba.
Esperaba mensajes,
atención,
tiempo,
ganas…
esperaba que alguien
me diera el lugar
que yo mismo no me daba.
Y mientras esperaba,
me fui dejando de lado.
Hasta que entendí
que no tengo que rogar
por lo básico.
Que donde soy importante
no tengo que dudarlo,
no tengo que imaginarlo,
no tengo que forzarlo.
Y entonces cambié.
Dejé de quedarme
donde tenía que insistir,
donde me sentía opción,
donde siempre daba más.
Porque ahora sé algo
que antes no entendía:
si no soy prioridad,
no es mi lugar.