Antes pensaba
que el amor propio
era solo sentirme bien.
Pero no.
También es elegir bien
cuando no tengo ganas,
es poner límites
aunque incomode,
es alejarme
aunque duela.
Es dejar de sabotearme,
de volver a lo mismo,
de romper lo que estoy construyendo.
Es repetirme
lo que merezco
aunque a veces no lo sienta.
Porque cuidarme
no siempre es fácil…
pero es necesario.
Durante mucho tiempo
embellecí lo que me lastimó.
Recordaba lo bueno,
justificaba lo malo,
y minimizaba lo que sentí.
Como si doler
no hubiera sido suficiente razón
para irme.
Pero lo fue.
Lo es.
Y ahora lo veo distinto.
No todo lo que tuvo momentos bonitos
merece quedarse en mi vida.
No todo lo que quise
era bueno para mí.
Y aceptar eso…
también fue sanar.