El Mago de Blackland - Libro I - El Despertar

Capítulo 7

Pasados seis meses desde que los aventureros separaron sus rumbos, el mundo seguía su curso natural. El valle de Bronkorst seguía abriéndose como una herida larga entre montañas, y el cielo seguía tejiendo nubes con la misma indiferencia con la que un anciano respira. A esa hora, cuando el alba apenas ensayaba su primer color sobre las cumbres, el aire era una cosa fría y limpia que se metía en los pulmones como un filo.

Zayn y el maestro Hagi ascendían por la senda oriental.

La subida era conocida, piedras húmedas, raíces que asomaban como costillas, hierba corta crujiente bajo las botas. Arriba, el viento soplaba sin dirección fija y traía olor a pino y a roca. El mundo, desde ese borde, parecía un lugar sin ruido humano. Solo la distancia, solo el valle abajo como un silencio extendido.

Hagi se sentó primero, siempre en la misma roca, con las piernas cruzadas y el cetro apoyado a un lado, como si el objeto fuera parte de la montaña. Tenía los ojos sellados contra el mundo. No era una pose, era una costumbre arraigada. La espalda recta, los hombros quietos, la respiración casi invisible.

Zayn imitó la postura a unos pasos, pero la piedra le resultó incómoda, y el frío subió por las piernas. El talismán de ónix, escondido bajo la túnica, parecía más pesado que de costumbre. La mente le corría. No con pensamientos claros, sino con fragmentos, fuego en los dedos, Matuc ardiendo, el borg suspendido en el aire, Efrik riéndose, el libro de Ikarus. Seis meses de meditación no habían borrado nada. Solo lo habían ordenado en filas, como huesos.

Hagi habló sin abrir los ojos.

—Hoy te percibo distraído, Zayn.

Zayn apretó la mandíbula. El viento le secó los labios.

—No, maestro… —respondió, y la voz le salió demasiado rápida—. Solo estoy tratando de encontrar mi centro de afinidad, como me instruyó.

Hagi no se movió.

—Siento tu energía revuelta. Tu mente no está serena.

Zayn intentó respirar más lento. El aire entró, frío, y le golpeó el pecho.

—Es complicado… —dijo, y bajó la mirada hacia sus manos apoyadas en las rodillas—. Me esfuerzo por concentrarme, pero sigo sin sentirme diferente.

Hagi dejó pasar un latido. No hubo juicio explícito, solo ese silencio que obliga a escuchar lo que uno mismo está diciendo.

—Debes permitir que las sensaciones fluyan naturalmente —dijo al fin—. No forzar un cambio. La comunión con la naturaleza de la magia no es un acto trivial.

Zayn tragó saliva. La piedra bajo él parecía más dura.

—Entiendo… —murmuró—. Pero quizás yo no sea capaz.

El maestro no abrió los ojos. El viento movió apenas la tela de su túnica.

—El primer obstáculo que enfrentas es tu propia barrera mental. La frustración es tu peor enemiga en este viaje.

Zayn sintió que algo se le tensaba en el cuello. Se levantó. No de golpe, pero con esa energía que no sabe quedarse quieta cuando se siente acorralada. El desafío le cruzó la mirada como una chispa.

Se acercó a Hagi. La sombra del muchacho cayó sobre la roca del maestro.

—Todo este tiempo… —dijo Zayn, y la voz le vibró como si estuviera empujando algo pesado— solo he compartido con usted y con el maestro Burel, perdidos en estas montañas. Aprecio su hospitalidad en Vyren, pero siento que no avanzo hacia lo que vine a buscar.

Hagi permaneció inmóvil. La quietud no era indiferencia. Era control.

Zayn continuó, apretando los dedos.

>>No quiero ser irrespetuoso, maestro… pero siento que este método no es para mí. Deseo aprender magia de forma más... práctica quizás.

La frase quedó en el aire. El viento la empujó, y por un instante sonó pequeña frente al valle inmenso.

Hagi respondió sin abrir los ojos.

—¿Eso es todo lo que tienes que decir?

Zayn sostuvo la mirada sobre el rostro quieto del maestro.

—Sí. Eso es todo.

Hagi respiró una vez, lento.

—Pues, joven aprendiz… lo que enseñamos aquí no es simplemente lo que deseas. Es lo que necesitas aprender.

Zayn frunció el ceño.

—No lo comprendo.

Hagi abrió los ojos por primera vez. No había ira. Había un cansancio viejo, y algo más duro… certeza.

—Si no logras dominar tus propias emociones… ¿cómo esperas controlar la magia?

Zayn sintió la pregunta como una piedra en el estómago. Intentó responder, pero no encontró una frase que no sonara infantil.

Hagi habló de nuevo, y esta vez no fue un sermón; fue un diagnóstico.

—Me has contado que solo lograste manifestar tu poder cuando la ira te dominó —dijo—. Eso indica que tus emociones dictan tu capacidad. Y esa es la forma más segura de que el poder te consuma.

Zayn bajó la mirada. Sus manos temblaron un poco, apenas. No lo detuvo. Lo dejó estar, como se deja estar una herida cuando se sabe que ocultarla no la cura.

—Nunca lo había considerado así —admitió.




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