El Mago de Blackland - Libro I - El Despertar

Capítulo 19

El sol se elevaba con fuerza sobre el horizonte, iluminando la escena con un resplandor dorado que transformaba el paisaje en un mosaico de colores vivos. A cada lado del río Kaer, la naturaleza se desplegaba en todo su esplendor: al este, montañas verdes se alzaban majestuosas, sus cumbres suavemente redondeadas, cubiertas de un espeso manto de vegetación que descendía hasta las orillas del río. Al oeste, el terreno se volvía más árido, con formaciones de arcilla, roca y arena que contrastaban violentamente con el verdor del lado opuesto. En el centro de todo, el Kaer fluía con una potencia indomable, sus aguas cristalinas y espumantes corriendo rápidas por el lecho de piedra.

Dos pequeñas barcas de madera resistente surcaban los rápidos del río, sus cascos crujían bajo la presión de la corriente mientras avanzaban con velocidad. En la primera barca, Hagi empuñaba los remos con una habilidad que demostraba su experiencia en situaciones peligrosas. A su lado, Dunyen se aferraba al borde de la embarcación, su rostro pálido por el vértigo de los rápidos, mientras Zayn, sentado al frente, observaba el paisaje con una mezcla de asombro y preocupación.

—¡Vamos, Dunyen! —gritó Hagi por encima del rugido del agua—. ¡Mantén la calma! ¡Solo un poco más y estaremos a salvo!

Dunyen respondió con un gemido apenas audible, su estómago revolviéndose a cada sacudida de la barca.

Más atrás, en la segunda barca, Isca guiaba la embarcación con la misma determinación, sus brazos tensos mientras controlaba los remos con destreza. Efrik, siempre animado, disfrutaba de la adrenalina del viaje, soltando carcajadas cada vez que la barca saltaba sobre una ola o esquivaba una roca.

—¡Esto es lo que yo llamo viajar! —exclamó Efrik, mirando a Jana que se mantenía serena, aunque su rostro mostraba signos de cansancio—. ¡Nada como una buena sacudida para despertar los sentidos!

—Efrik, no te burles —respondió Isca, su voz firme pero cargada de una ligera advertencia—. Debemos mantenernos concentrados.

—¡Oh, vamos, Isca! —dijo Efrik, riendo—. ¡No seas tan aburrido!

Antes de que pudiera continuar con su broma, Hagi hizo una señal para que se callaran. El grupo obedeció de inmediato, percibiendo el cambio en el ambiente. La corriente del río comenzó a desacelerar, y las barcas llegaron a una curva donde las aguas se volvían sorprendentemente calmas, el ruido de los rápidos quedó atrás y la quietud del entorno era casi irreal.

Efrik, siempre el más animado, fue el primero en hablar.

—Este es el lugar —expuso, mirando a su alrededor con satisfacción—. Aquí es donde debemos ir a la orilla. Desde este punto, podemos continuar a pie. Anserof no está lejos.

Las barcas se deslizaron suavemente hasta la orilla, donde todos bajaron con cuidado. Isca fue el primero en saltar al suelo, y con un gesto caballeroso, ayudó a Jana a bajar de la embarcación.

—¿Estás bien? —le preguntó, observando su expresión con atención—. Fue un viaje agitado.

Jana le dedicó una sonrisa, el cansancio aún visible en su rostro.

—Ha sido una de las experiencias más emocionantes que he tenido —respondió, su voz reflejando una mezcla de alivio y satisfacción—. Pero no creo que quiera repetirla pronto.

Ambos rieron, un momento breve de alivio en medio de la tensión que los rodeaba. Sin embargo, la realidad de su situación pronto se impuso cuando Hagi se puso al frente del grupo, su expresión seria.

—Estamos en tierras extranjeras —dijo, su voz baja pero cargada de autoridad—. No olviden que el abordaje pirata fue solo un aviso de los peligros que acechan. Farhan está en medio de conflictos religiosos, políticos y raciales. Debemos mantener un perfil bajo y evitar llamar la atención.

Luego, Hagi se giró hacia Jana, su mirada suave pero firme.

>>Jana —dijo—, respeto tu decisión de quedarte con nosotros por la promesa de Isca de protegerte. Pero quiero que sepas que eres libre de marcharte en la primera ciudad segura que encontremos. Nuestra misión es peligrosa y no quiero que te sientas obligada a seguirnos.

Jana asintió, agradecida por las palabras de Hagi.

—Gracias, maestro Hagi —respondió haciendo una pequeña reverencia que denotaba su educación cortesana—. Aprecio que no me hayan dejado a la deriva. Seguiré con ustedes mientras pueda y no les resulte una carga.

Con las palabras de Hagi aún resonando en el aire, el grupo se puso en marcha por un sendero estrecho que se adentraba en la vegetación densa. Dunyen y Zayn caminaban juntos, conversando en voz baja. Zayn, aún afectado por sus recientes dudas sobre su capacidad y utilidad, pidió consejos a Dunyen sobre cómo mejorar sus habilidades en batalla.

—Ocultar tu magia es importante —le dijo Dunyen, su tono serio—. Pero también lo es aprender a usarla en el momento adecuado. Confía en tus instintos. Nunca sabes cuándo te salvará la vida. Por lo pronto también te puedo enseñar a usar el arco. Para mejorar tu habilidad con la espada puedes recurrir a Isca, tiene mucha más habilidad con ella que cualquiera que yo haya conocido.

—Todo me serán de ayuda, Dunyen —repuso el joven mago—. Preciso estar listo para cualquier escenario que se nos presente. Me rehúso a sentirme inútil otra vez.

Al frente, Hagi y Efrik lideraban el camino, ambos atentos a cualquier señal de peligro. Efrik, a pesar de su habitual optimismo, mantenía sus sentidos alerta, consciente de que estaban en territorio un tanto desconocido. Farhan había cambiado mucho desde la última vez que él pisó estas tierras. Al final de la columna, Isca y Jana caminaban juntos. El joven guerrero cuidando la retaguardia mientras Jana lo acompañaba en silencio.




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