La última luz del día se desangraba sobre Calden Rux, tiñendo los tejados y torres de la ciudad con un resplandor rojizo. Desde lo más alto de la casa de Lyara, tres figuras observaban en silencio la isla de Grimward, la prisión que se alzaba como un monstruo dormido en medio del río.
El viento soplaba con fuerza, arrastrando el olor de la humedad y la leña quemada, y agitando los cabellos de Hagi, Efrik y Lyara, que permanecían de pie junto al pretil de piedra.
Más allá del puente de piedra negra, la fortaleza se erguía imponente, una mole de muros oscuros con torres de vigilancia y rejas de hierro ennegrecidas por los años. A su alrededor, un bosque denso formaba una muralla natural que escondía a Grimward de las miradas curiosas, como si la propia naturaleza se negara a ser testigo de lo que ocurría en su interior, pero a la vez, invitaba a todos los ciudadanos a recordar cuál podría ser el castigo de no seguir las normas impuestas por el gobierno y su nueva fe.
Lyara estrechó los puños con rabia contenida.
—Hace meses que no veo a mi padre —murmuró—. Y si la Legión de Zorath cumple con su promesa, en cuestión de semanas será ejecutado.
Efrik dejó escapar un resoplido y se cruzó de brazos, observando con la misma intensidad el objetivo.
—Entonces no tenemos opción. Debemos sacarlo lo antes posible. Podríamos dar el golpe mañana mismo por la noche.
Hagi asintió lentamente.
—Cuéntanos todo lo que sepas de Grimward —dijo, sin apartar la vista de la isla—. Necesitamos conocer cada detalle antes de siquiera pensar en un plan.
Lyara respiró hondo y desvió la mirada hacia el bosque que rodeaba la prisión.
—Poco se sabe con certeza. A los magos los llevan a los niveles inferiores, donde las celdas están aisladas con piedras encantadas para evitar que usen su magia. Nadie ha escapado de allí.
Hagi frunció el ceño.
—¿Y los guardias?
—Además de los soldados del reino, la Legión de Zorath ha apostado a varios inquisidores en el calabozo. Son fanáticos. No negocian. No muestran piedad —respondió la joven de cabellos plateados.
Efrik chasqueó la lengua con fastidio.
—Bueno, qué sorpresa. Más fanáticos lunáticos que creen tener derecho a decidir quién vive y quién muere.
Hagi apoyó las manos sobre la piedra del pretil, observando en silencio la fortaleza, su mente trazando líneas invisibles sobre el terreno.
—Entrar será difícil —murmuró—. Pero aún más difícil será salir con Ren con vida.
Efrik sonrió con su típica arrogancia.
—No si hacemos que los guardias estén demasiado ocupados en otro lado como para preocuparse por nosotros.
Lyara lo miró con cautela.
—¿Qué tienes en mente?
—Un ataque por distracción —repuso con emoción el astuto asran.
Hagi levantó la vista hacia él, con interés.
—Continúa.
Efrik giró hacia ellos con una sonrisa confiada.
—Si intentamos entrar sin una distracción fuerte, nos atraparán antes de cruzar el puente. Pero si logramos que todos los ojos estén puestos en otra parte de la prisión, podremos infiltrarnos sin ser detectados, o al menos tendremos una mejor oportunidad.
Lyara asintió con lentitud, empezando a entender la estrategia.
—Necesitamos hacerlos creer que la verdadera amenaza está en los niveles superiores... mientras ustedes descienden al subsuelo.
Hagi soltó un leve suspiro.
—Eso significa dividirnos.
El silencio cayó sobre los tres por unos momentos, interrumpido solo por el ulular del viento. No era una decisión fácil, pero era la única opción viable.
Hagi se enderezó y tomó aire.
—Así será el plan. —El maestro habló con firmeza, su mente de estratega trazando el recorrido como un tablero de guerra—. Nos dividiremos en dos grupos. Lyara, Efrik y yo infiltraremos la prisión para descender hasta los calabozos inferiores y encontrar a Ren. Mientras tanto, Isca, Zayn y Dunyen serán los encargados de causar el caos en la parte superior.
Efrik sonrió de lado.
—Me agrada esa parte.
Hagi continuó, inmerso en sus ideas.
—La infiltración. Isca, Zayn y Dunyen llegarán primero al perímetro exterior de la prisión escondidos en un carromato de suministros. Se vestirán como los trabajadores que ingresan a la prisión con provisiones para los prisioneros.
—¿Y una vez dentro? —preguntó Lyara.
—Se esconderán en los pasillos superiores hasta que llegue el momento de actuar.
Efrik se inclinó ligeramente hacia adelante.
—¿Qué tipo de revuelo tienen que armar?
Hagi lo miró.
—Lo suficiente para que los guardias crean que los prisioneros intentan escapar en los niveles superiores.
Efrik silbó entre dientes.
#1547 en Fantasía
#303 en Magia
politica religion ideologias y ciencias, fantasia epica medieval, fanatismo religiosos
Editado: 31.03.2026