El mago de flamas azules

Examen Final Parte Completa

Con el paso de las semanas, varios de los aspirantes habían abandonado debido a la dureza de las pruebas o a las heridas que habían sufrido en el proceso. El número de novatos se redujo drásticamente, dejando a aquellos que habían demostrado resistencia y determinación.

Sin embargo, un día específico, el comandante reunió a todos los aspirantes frente a la imponente Abadía para anunciarles el último método de instrucción, la culminante misión. Elkon, entre los demás, observaba a su alrededor y notaba que la mayoría de los presentes lucía más endurecida y experimentada que al inicio. En su búsqueda visual, se dio cuenta de que entre los magos ya no estaba Jonás. Una leve tristeza se apoderó de él al pensar que su ausencia podría deberse, en parte, a su enfrentamiento con el mago. Sin embargo, trató de convencerse de que quizás era lo mejor para ambos.

Elevando la cabeza y tratando de concentrarse en lo que vendría, Elkon notó que el comandante se dispuso a dirigirse al grupo reunido. Todas las miradas se fijaron en él, expectantes por conocer cuál sería la siguiente y última etapa de su entrenamiento.

—Felicitaciones a aquellos que han logrado llegar a este punto. —Comenzó a caminar a lo largo de la fila, gritando casi en la cara de los reclutas—. De un número inicial de doscientos aspirantes, han quedado solamente cincuenta.

Elkon se sorprendió ante este hecho, ya que originalmente había muchos más de los que habría pensado. Eran raras las ocasiones en las que estaban todos juntos, puesto que entrenaban en grupos reducidos.

—Muchos abandonan el lugar porque no toleran la rudeza del entrenamiento. Pero la realidad es que eso no es nada, repito, ¡nada!… comparado con lo que viene. —Dijo esto mientras pasaba frente a Elkon, y este tragó saliva por los nervios, evitando mirarlo a los ojos—. Solo aquellos que pasen esta prueba podrán ser soldados rasos del ejército, estarán federados y podrán salir al mundo a cumplir con un destino. —El capitán volvió al centro y agregó—: Para empezar, quiero presentar a los cinco sinodales que estarán en esta última prueba ayudándome.

El silencio de la expectativa se tornaba en duda por quiénes eran y para qué habían ido.

—Ellos son de las élites de sus clanes, son de altos rangos y cada uno tiene un título bien ganado. Aprendan de ellos, porque de los mejores se aprenden las mejores lecciones. Para empezar —se escucharon los pasos de una persona grande, el ruido de un metal que se arrastraba por el suelo provocando miedo entre los reclutas—. Quiero presentarles al poderoso Bob “el Barbarien” Pretov. Él es miembro de élite del clan de danza de espadas, uno de los rangos más elevados dentro del clan.

Ese era su título, barbarien. Elkon descubrió que lo tenía bien ganado. Su aspecto era impresionante, de más de dos metros de alto, mucho más alto y ancho que una persona normal. De cabeza pelada y barbilla. Tenía una cicatriz que cruzaba su lado izquierdo desde la frente hasta la mejilla. Iba vestido con un leotardo de cuero y, en la parte superior, solo un arnés que servía para sostener usualmente sus grandes armas: dos enormes hachas de hojas rojas y figuras particulares, solamente que esta vez solo estaba con una. Era enorme y, para intimidar aún más a los reclutas, la arrastraba por el suelo provocando el agudo ruido del acero contra el cemento. Se posicionó junto al capitán con cara de pocos amigos. Este le hizo una pequeña reverencia y continuó presentando a los demás.

—El siguiente sinodal ya nos ha ayudado antes en la primera prueba, algunos ya lo conocieron. Él es del clan de elementales, aunque es una persona poco común, ya que los elementales no manejan ese elemento. Su magia es extraña, insólita, pero poderosa: el mago de la tierra, The Rock, Maximilian Otters.

Victoria le había comentado a Elkon que un miembro de élite estaba presente el día en que lo rescataron, y, desde entonces, había estado ansioso por conocerlo. Maximilian vestía una túnica oscura de color café, con un cuello alto que le daba un aire misterioso y elegante. La parte frontal de la túnica se abría desde la cintura, revelando parte de su atuendo oscuro y ajustado, compuesto por pantalones y botas. Elkon no pudo evitar quedar fascinado por su estilo único y sofisticado.

Miembro de las élites de porte imponente, Maximilian ingresó en el lugar con una expresión seria que exudaba una sensación innegable de superioridad. Su sola presencia dominaba el ambiente y dejaba claro que era alguien de gran importancia. Cada paso que daba parecía estar cargado de autoridad y confianza, lo que le otorgaba un aura de misterio y respeto ante todos los presentes. Sus ojos penetrantes y su postura firme dejaban en claro que se trataba de un individuo que sabía cómo llevar el peso de su posición de élite.

—Otra sinodal que ya conocieron anteriormente y no necesita mucha presentación, la élite de las dagas sangrantes, Shadow, Lilian Alexton.

Luciendo una vestimenta ajustada de cuero negro que resaltaba su figura esbelta y atlética, la mujer hizo su entrada. Sus dagas, afiladas y brillantes bajo el sol, pendían de su cinturón en una exhibición de destreza y peligro. Aunque su apariencia era cautivadora, el brillo en sus ojos y la sonrisa que se formó en sus labios provocaron un escalofrío que recorrió las espinas dorsales de todos los presentes. Era evidente que, si ella estaba involucrada en esta última prueba, no sería en absoluto una tarea sencilla. Su mera presencia anunciaba un desafío y una competencia que, seguramente, llevarían a los límites a quienes osaran enfrentarla.

—El cuarto de nuestros sinodales es un visitante de afuera, venido del reino enano de las montañas Nevadas, su nombre es Haryn Grimstone.

El enano hizo su aparición, avanzando a pasos rápidos que revelaban la necesidad de sus piernas de trabajar el doble para cubrir la misma distancia que sus compañeros. Su mirada estaba impregnada de orgullo y su aspecto era tan soberbio como inconfundible. Observaba a los aspirantes con una superioridad que desafiaba su diferencia de tamaño, tratando a quienes le rodeaban como si fueran insectos, a pesar de que muchos de ellos lo superaban en altura por más de dos o tres cabezas.




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