El mago de flamas azules

Destinos

La crítica situación en la que se encontraban los cuatro aspirantes alcanzaba un nivel de tensión insoportable. Exhaustos y heridos, se hallaban frente a tres de los mejores competidores: Max, cuyo clon había librado una batalla encubierta hasta ahora; Bob, quien había despejado el camino con aparente facilidad al derrotar a más de quince novatos, y James, cuya paciencia por esperar a su hermana se había agotado y se había aventurado a buscarla personalmente.

La atmósfera estaba cargada con la energía del combate y el peso de sus expectativas. Sus ropajes desgarrados y las heridas que llevaban atestiguaban el arduo camino que habían recorrido hasta ese punto. Enfrentarse a las élites en este estado era un desafío inmenso, pero la determinación ardía en sus miradas y sus corazones latían con la esperanza de alcanzar la victoria.

Max, el estratega sombrío y esquivo, se había mantenido en las sombras, maniobrando con astucia a través de su clon. La táctica de la sorpresa y el misterio eran sus armas y, aunque su cuerpo principal estaba fresco y listo, la tensión en sus hombros revelaba la gravedad de la situación.

Bob, la fuerza bruta encarnada, lucía sereno, pero no subestimaba a sus oponentes. Su desempeño previo lo había consolidado como una verdadera amenaza, y su expresión reflejaba la confianza en su habilidad para superar cualquier obstáculo.

James, el hermano que tenía la mirada endurecida por la búsqueda incansable de su hermana. Tenía que hacerle entender cuán equivocada estaba, aunque fuera por sus propias manos.

Los cuatro aspirantes formaban un cuadro marcado por la lucha y la esperanza, un lienzo en el que sus destinos se entrelazaban en un enfrentamiento épico. El eco de sus respiraciones era el preludio de la batalla que se avecinaba, donde las estrategias, la fuerza y la determinación se entrelazarían en una danza mortífera. Y, mientras la tensión se elevaba, el futuro de cada aspirante pendía en la balanza de la incertidumbre, esperando ser forjado en el crisol de este enfrentamiento crucial.

—Este es su final. Aquí se termina tu ilusión, tu camino erróneo —James decía mirando a su hermana.

—Esto es aburrido —se quejaba Bob—. Pensé que, después de derrotar a un clon de Max, serían capaces de pelear un round más, pero no pueden ni levantarse.

—A mí me sorprendieron —acotó Max—. Puede que no pasen la prueba, pero por lo menos demostraron mucha valentía y habilidad.

—No tienen lo que deben tener para ser miembros del grandioso ejército… Sin embargo, puede que tú sí, hermana. —La joven maga alzó la vista hacia su hermano—. Mira a tus amigos, están cubiertos de heridas. Si utilizas un hechizo de sanación en ellos, yo podría intervenir para que te aprueben… Pero no como maga, sino como sacerdotisa.

Victoria, consternada, abrió enormemente los ojos. Su hermano, su propia sangre le estaba pidiendo que entregara a sus amigos para aprobar el examen. Se llenó de enojo y furia, estaba por gritarle cosas cuando, de repente, alguien, con la poca fuerza que le quedaba, se paró; ese era Elkon.

—¡Ja! Yo estoy como nuevo, no necesito que me sane nadie. —Elkon… —susurró la joven maga al ver a su amigo pararse. Luego, los hermanos también hicieron lo mismo

—Nosotros tampoco —dijo Paul.

—Creen que estamos derrotados —dijo John, que sostenía con dificultad sus espadas—, ¡pero no es así! ¡Aún podemos luchar!

—¡Así se habla, chicos! ¡Llegamos muy lejos como para terminar aquí! —dijo Elkon, luego miró a su compañera y agregó—: Tú también levántate, Victoria, y demuéstrale al idiota de tu hermano que no necesitas su ayuda para aprobar el examen.

La joven maga se puso en pie apoyándose en su bastón y, con profunda seguridad, gritó:

—Sí, me queda un poco de maná, ¡pero la usaré para crear una bola de fuego y la estamparé en tu cara de niñito lindo, James!

—¡Guau! Esto sí que se está poniendo interesante —dijo Bob mientras frotaba sus manos.

—Admiro su espíritu de lucha —comentó Max—, es impresionante.

James estaba consternado al ver a su hermana en una actitud desafiante que nunca había conocido. Frunció el ceño, molesto, y dijo:

—¡No son más que unos ilusos! Se piensan que solo con determinación pueden hacer lo que se les antoje. ¡Pues no! No quería ser tan cruel, pero parece que necesitas que alguien te abra los ojos. —Tiró su bastón y sacó un artefacto de su bolsillo. Era un bastón extensible que poseía dos espadas de luz en cada extremo.

James, ¿no crees que es demasiado? —intervino Max.

—¡Cállate, Max, no te metas en esto!

—Oh, yo también me pondré serio —dijo Bob tirando las pequeñas espadas de madera y tomando su pesada hacha.

—Oh, no… —Max era el único con sentido común en el lugar y se estaba dando cuenta de que las cosas se les estaban yendo de las manos—. Chicos, es mejor que se rindan de una vez. Estos tipos van en serio, los van a masacrar.

—¡Yo no me rendiré! —gritó Elkon con seguridad—. He trabajado muy duro para llegar hasta aquí. Estudiando la magia, encontré un motivo para vivir. Tengo ante mí las puertas al mundo que siempre deseé. Y todavía tengo que recuperar mis recuerdos, pero sé dentro de mí que, en este lugar, encontré todo lo que siempre deseé. No me detendré ahora, ¡pelearé, buscaré mi camino y mi destino con mis propias manos! —Decidido, encendió sus manos con el fuego azul de la anterior vez—. Por fin puedo ver mi camino y, para ir por él, usaré todo mi poder para derrotarlos.

—Oh... Así que esas son las famosas llamas azules —dijo el gigante mientras se emocionaba.

—Esa magia… —empezó a decir Max.

—Son patéticos, ¿con esa poca fuerza piensan derrotarnos?

—No se rindan, ganaremos de una u otra forma.

Elkon se paró frente a Max listo para enfrentarlo; Victoria, frente a su hermano, y los hermanos Dannors, contra Bob. Era un todo o nada. Sin embargo, una potente voz se oyó en el claro haciendo que todos se voltearan a ver.




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