Han transcurrido varias semanas desde que Elkon fue rescatado. Sin embargo, sus recuerdos aún no han regresado. Aunque losmédicos de la Abadía lo han revisado nuevamente antes de su partida a Athenas y confirmaron que su cabeza estaba bien, seguíansin entender por qué sus recuerdos no habían vuelto. Le aseguraronque era cuestión de tiempo, que sus memorias volverían eventualmente. Pero, a pesar de su optimismo frente a los demás, Elkonllevaba consigo el peso de no saber quién era realmente.
Victoria se había convertido en su mayor apoyo durante esteperíodo. Siempre estaba ahí para animarlo y apoyarlo. Sin embargo, aunque Elkon valoraba enormemente su amistad, notaba uncambio en las actitudes de Victoria hacia él. Había comenzado aactuar de manera más amable, sus miradas eran distintas, más intensas. Elkon comenzaba a percibir que Victoria sentía algo máspor él, una atracción que iba más allá de la amistad. Pero él no sesentía listo para entrar en una relación, no mientras no recuperarasus recuerdos.
Las dudas lo atormentaban por las noches. ¿Y si ya tenía unapareja? ¿Y si su vida antes de perder la memoria estaba construidasobre algo que no podría recuperar? Estas preguntas erosionabansu confianza y tranquilidad. A pesar de la evidente conexión entreél y Victoria, él se negaba a permitirse enamorarse hasta que recuperara su identidad perdida.
El viaje hacia Athenas duró dos días, tiempo en el que Elkon,Victoria, John y Paul tuvieron la oportunidad de conocerse mejor.Descubrió que John y Paul eran hermanos mellizos, aunque John era el mayor por tan solo tres minutos, a pesar de que Paul erafísicamente más grande. Aunque se llevaban bien, John era sobreprotector con su hermano, ya que a menudo las personas se aprovechaban de la buena predisposición y la inocencia de Paul. Ambostenían personalidades complementarias: John era impulsivo y decabeza caliente, mientras que Paul era tranquilo y amable.
Elkon comenzó a sentir una mayor simpatía por Paul debido asu carácter tranquilo, pero no pudo evitar notar que John parecíaverlo como un rival en el ámbito romántico. A medida que se acercaban a Athenas, Elkon se asomó desde el carruaje para admirar laciudad. Era imponente, con altas murallas exteriores y una segunda muralla que dividía la zona residencial de los nobles de la delresto de la población.
Llegaron a la ciudad y se alojaron en una posada. Decidierontomarse un día libre antes de partir al día siguiente. Cada uno teníasus propios asuntos que atender. Paul y John necesitaban visitar unherrero, Victoria quería comprar ropa y pergaminos, y Elkon, conla excusa de conocer la ciudad, decidió explorar solo.
Elkon recorrió la ciudad, maravillado por la diversidad de razasy la arquitectura. Quedó particularmente intrigado por el puerto ylas diferentes razas que lo poblaban. Sin embargo, en un descuido,chocó con un enano malhumorado, lo que le recordó que seguíasiendo un extranjero en una ciudad nueva.
Finalmente, decidió visitar la gran biblioteca, un lugar lleno deconocimiento y magia. Al entrar, quedó impresionado por su magnitud. Mientras buscaba libros, una encargada lo envió a buscara su ayudante, una joven de cabello oscuro y anteojos que se encontraba en apuros en un pasillo. Al ayudarla a recoger los libros,Elkon le habló:
—Tienes que tener cuidado —decía Elkon mientras levantaba libros pesados—. Si te cayeran varios de estos encima, podríanmatarte.
—Gracias... —La chica lo dijo como asombrada mientras sereponía.
—¿Tú eres la ayudante de la biblioteca?
—Sí, soy yo. ¿Por qué me estás hablando? —decía con vozasustada.
—Porque no conozco otro método de comunicación, ¿acasodebo usar lenguaje de señas? —Elkon hizo unos movimientos raroscon las manos, lo que le arrancó una sonrisa a la joven.
—Lo siento, es que nadie habla conmigo. Todos me ven comoun bicho raro, así que solo me dedico a acomodar libros.
—No me pareces un bicho raro. —Mientras lo decía, ella lomiraba más impresionada—. Te veo como una persona dedicada asu trabajo, excepcional.
—Esto... —La mujer se sonrojó y giró la cabeza, no podía verlo—. Gracias por tu ayuda, yo me encargo desde aquí. —Trató deescapar.
—¡Espera! —El mago sostuvo el brazo de la joven antes de quese alejara—. Necesito tu ayuda. Es que la otra encargada no me diomucha atención, quizás tú puedas ayudarme. —Siguió mirando asus alrededores asombrado por la cantidad de libros—. Cualquierase volvería loco aquí dentro.
—No son tantos, yo ya he leído casi un noventa por ciento de labiblioteca. —Elkon giró despacio mirándola asombrado.
—Entonces, ¡tú eres mi ángel salvador! —dijo tomándola de loshombros. Elkon no era consciente de que la joven podría malinterpretar sus palabras.
—A... Ángel... ¿Me has dicho ángel? Esto... es muy... —Losoltó enseguida y se cubrió la cara dándose vuelta para que no laviera—. Es mucho para mí.
—Yo no soy de por aquí —continuó diciendo Elkon, que ignoraba lo que le ocurría a la joven bibliotecaria—. Así que necesito un poco de ayuda. Estoy buscando libros para magos elementales,¿me ayudarías?
—Yo... —Ella se golpeó fuertemente la cara para despabilarsey centrarse, y con entusiasmo le respondió—: ¡Te ayudaré! Aunqueno sé cómo te llamas.
—Perdón por mis modales. Mi nombre es Elkon.
—¿Elkon? —Ella quedó intrigada por el nombre, como si le sonara, pero volvió y le dijo—: Mi nombre es Annabelle, pero puedesdecirme solo Ana
La bibliotecaria se predispuso a asesorarlo. Lo llevó por distintassecciones del lugar para mostrarle los mejores libros de elementales.Elkon estaba particularmente interesado en buscar información desus llamas azules, pero no se lo dijo a la bibliotecaria. Encontróvarios libros de hechizos, descubrió que estos se clasificaban porniveles, teniendo en cuenta la cantidad de maná que requerían y lahabilidad para controlarla del mago. Annabelle le dijo que, comorecién iniciaba, debía comenzar con hechizos del menor nivel y ledio varios para que leyera. Sin embargo, Elkon tomó a escondidasun par de libros de nivel avanzado solo por curiosidad. Ese primerdía, se lo pasó leyendo. Solo volvió al albergue para comer y dormiren la noche, y al día siguiente volvió.