El mago de flamas azules

Mazmorra

Al día siguiente, Paul, Victoria y John se dirigieron al campamento donde esperaban encontrar a Elkon. Sin embargo, solo encontraron cenizas y los cadáveres de los bandidos, lo que indicaba que Elkon había tenido una noche tumultuosa. La preocupación invadió a Victoria mientras comenzaba a buscar desesperadamente rastros de su amigo en los alrededores, pero las señales eran escasas. No importaba cuánto rastreara, no había vestigios de Elkon en ninguna parte.

Con la incertidumbre creciendo, decidieron adentrarse más en las montañas. Pronto llegaron a una cueva que no estaba marcada en el mapa. A medida que avanzaban, la temperatura descendía y la atmósfera se volvía más siniestra. La cueva parecía esconder más de lo que mostraba. Continuaron explorando hasta que se dieron cuenta de las señales de peleas y enfrentamientos por toda la cueva. Finalmente, llegaron a una puerta que los condujo a una especie de mazmorra subterránea. Era evidente que la aparentemente simple cueva era solo una fachada para ocultar el verdadero edificio subterráneo: la base de los bandidos.

Explorando más profundamente, notaron que había múltiples puertas de calabozos a su alrededor. Al abrir las puertas, encontraron celdas vacías que habían estado desocupadas por un largo período de tiempo. Sin embargo, en el último calabozo, se encontraron con algo inesperado: una persona durmiendo tranquilamente en una cama.

La figura en la cama llamó su atención y se acercaron con cautela. Observaron al durmiente, tratando de discernir su identidad y la razón por la que estaba allí. La situación era extraña y desconcertante. No sabían si esta persona era un prisionero, un miembro de los bandidos o alguien completamente diferente.

—Debe estar bromeando. —John sonaba fastidiado.

—Lo habrán atrapado? —preguntó Paul.

—Maldito. —Victoria, enojada, a punto de estallar, apretaba su bastón y se notaba su furia a punto de explotar—. ¡Ya despierta, maldito imbécil! —Golpeando la cama, lo despertó tirándolo de la esta. Él se paró exaltado.

—¿Qué sucedió? ¿En qué momento…? —Se frotaba los ojos medio somnoliento—. Ah, ya llegaron, pensé que no me encontrarían.

—¿Qué haces aquí? ¿Por qué estás tan tranquilo acostado ahí? —le recriminó Victoria—. Me muero de angustia pensando cómo estás, si estás bien, me preocupo. Encontramos el supuesto campamento en cenizas y comenzamos a dudar si estabas vivo. Seguimos los rastros de peleas. ¿Cómo termina esto? Te encontramos durmiendo cual oso hibernando, como si no supieras de la situación —enojada, le gritó a Elkon, mientras los otros dos la miraban con miedo.

—Hey, necesito dormir también —dijo mientras se tronaba el cuello—. Estuve luchando todo el día, mañana, tarde o noche, da igual. No sé de dónde salían tantos piratas. Me atacaron en el campamento, no pude quedarme. Busqué refugio y me encontré con esta cueva. Me siguieron y peleé aquí también. Luego, entré por la puerta, me aseguré del lugar y caí de cansancio. Creo que había llegado a mi límite de maná.

—¡Maldito!, ¿piensas que te vas a escapar tan fácilmente con esa historia? —Siguió reclamando, pero bajó su voz a un tono de preocupación—: Me tuviste preocupada todo este tiempo.

—¿Por qué te preocupas por mí?

—Porque sí, porque siento… Siento que es mi deber como tu compañera —comenzó a tartamudear mientras hablaba.

«Victoria, tú realmente lo sientes», pensó John.

—De todas formas, ¿dónde estamos? —Victoria cambió el tema rápidamente.

—Al parecer, es una vieja prisión —decía Elkon caminado hacia fuera de la celda—. Estas mazmorras son bastante profundas. Hay un camino oscuro más allá, pero termina con una puerta que oculta una gran escalera. ¿A dónde lleva?, no lo sé.

—Esta debe ser una entrada oculta de la base enemiga —dijo Paul.

—Más pienso que será como una ruta de escape —dijo Elkon mientras se tocaba la barbilla—. ¿Qué hay más al oeste de estas montañas?

—El mar —dijo John—. Puede que estas cuevas den a una fortaleza, pero no lo creería, tendría que estar en los mapas.

—Si no está en el mapa —acotó Victoria—, es por una razón. Hay que investigar.

Adentrándose cada vez más en las mazmorras, encontraron las escaleras a las que Elkon se había referido previamente. Armados y alertas, avanzaron con precaución por las escaleras. Al llegar a la parte superior, descubrieron otro nivel de mazmorras, pero esta vez había algo diferente en la atmósfera. Encontraron rehenes, soldados del fuerte que habían sido capturados por los piratas. Sin dudarlo, los liberaron y les indicaron el camino de regreso para que escaparan mientras continuaban su búsqueda.

La liberación de los soldados cautivos provocó que las alarmas se activaran y que los piratas comenzaran a aparecer en busca de los intrusos. Con sus armas y magia, Paul, Victoria, John y los soldados que se habían unido a ellos se defendían valientemente. Utilizaron el espacio limitado del pasillo a su favor, combinando habilidades físicas y mágicas para lidiar con el gran número de enemigos. A medida que avanzaban y eliminaban a los piratas, llegaron a un obstáculo: una gran forja protegida por los trasgos y sus robots. Estas criaturas desagradables manejaban los robots con maestría, pero John conocía los puntos débiles de las máquinas y aprovechó ese conocimiento para sobresalir en la lucha.




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