La batalla en la popa del barco era un espectáculo impresionante de habilidad y destreza. Los hermanos Dannors, conocidos por su valentía y habilidades en el combate, no se dejaban intimidar por la reputación temida de Murloc. Ambos se lanzaron al ataque con una determinación feroz, negándose a darle tiempo a su oponente para que se aprovechara de su agilidad y maestría con la espada.
La estrategia de los hermanos se centraba en atacar en conjunto, aprovechando su sincronización y conocimiento mutuo para lanzar una serie de ataques coordinados que ponían a prueba la agilidad de Murloc. Con cada golpe de espada, bloqueo y evasión, la danza de la batalla se volvía más intensa. Paul, el guerrero de gran fuerza y mazo pesado, y John, el ágil y hábil espadachín, se complementaban en sus estilos de lucha, buscando debilitar a Murloc y superar su destreza innata.
Sin embargo, Murloc no era un oponente que se dejara vencer fácilmente. Cada ataque evadido y contraataque esquivado demostraba su habilidad y experiencia en el combate. A medida que la batalla se desplazaba hacia un fragmento de tierra en el costado del barco, la tensión aumentaba. Los hermanos Dannors luchaban sin descanso, tratando de encontrar una abertura en la defensa de Murloc mientras él, a su vez, intentaba superar sus defensas y contraatacar con precisión letal.
—Hacía rato que no tenía una lucha tan interesante —decía el pez.
—Para ser sincero, esperaba más —dijo confiado John—. Solo te has cubierto y esquivado nuestros ataques.
—¡Eso es lo que crees, humano!
—Quiero ver de qué están hechas tus leyendas —provocándolo con sus espadas, lo incitaba John.
—Hermano, cálmate.
—¡No lo haré! —respondió de un grito—. Demostraré a todos lo poderoso que soy. Estoy harto de estar a la sombra de ese mago. Perdí a Victoria contra Elkon, no perderé contra el supuesto más fuerte. ¡Vamos, pescado parlante!, ¡demuéstrame de qué estás hecho!
—John, cálmate —insistió su hermano.
—Tú lo buscaste. —Desenvainando sus espadas y clavándolas en el suelo, el hombre pez pensaba ponerse en serio.
John lo observaba con una mueca de avaricia, buscaba la pelea. Pero su mirada cambió cuando Murloc se sacó la capa y dejó a la vista una armadura modificada, que cubría ciertas zonas frágiles del pez, mostrando a un caballero pez.
—Esto no es todo.
Ruidos de engranajes comenzaron a sonar. La había modificado: como él no tenía aletas frontales en su espalda, las había formado con partes de la armadura, creando cuchillas de metal en forma de aleta que iban desde la parte superior de su cabeza hasta la cola, también de metal. Esto le daba la figura de un pez totalmente envuelto en filosas hojas. No solo usaba su espada, ahora él era la espada.
—Mierda —Con cara de asombro, dio cuenta de su error.
—Está lleno de cuchillas —se asombró Paul—. Hermano, ¿por qué lo provocaste?
—De cualquier forma, lo habría hecho. Veamos si son solo palabras las tuyas, mocoso.
Saltó sobre sí mismo comenzando a girar como una sierra de madera. Se abalanzó sobre ellos, quienes apenas pudieron esquivarlo. La velocidad, la fuerza de giro y sus metales arrasaban con el suelo como si nada, rasgando la tierra a su paso.
—¡Hay que buscar una forma para frenarlo! —gritaba Paul mientras escapaba.
—En algo tenemos que pensar, no podemos pasar esquivándolo.
—Debemos frenarlo, lo intentaré, ¡martillo…! —Antes de poder golpear el suelo, tuvo que esquivar a la sierra viviente—. No me da el tiempo, es muy rápido.
—Ya lo sé, también lo estoy viendo. Debemos esquivarlo, trataré de frenarlo. Ahí viene.
John sacó sus espadas y las juntó como una tijera. Se puso delante del camino del pez viendo dos opciones: frenarlo o cortarlo. Ocurrió una tercera. Antes de llegar, cambió su giro, el pez volvió en sí. Usando sus espadas, comenzó a luchar contra John en un duelo.
—Pensé que nunca se animarían a pelear contra mí de frente, humanos. Dejaré de jugar. Ven, muéstrame de qué estás hecho, aspirante de mago novato.
—No soy ningún aspirante de mago, maldito. —Enojado por la frase, John comenzó a chocar espadas contra Murloc, quien demostraba ser muy habilidoso con estas armas.
—¡Yo estoy contigo, hermano!
Saltó hacia ellos con su mazo separándolos con su martillo volcán. Sin frenar, atacó con golpes poderosos pero lentos; esto hacía que el pez aprovechara para esquivarlo y luego golpearlo con el revés de la espada. No quería matarlo, él solo quería jugar con ellos un poco más.
—¡Hermano! —Comenzaron a luchar juntos. Murloc esquivaba y atacaba, se movía muy bien, mientras que los hermanos demostraban que estaban llegando a su límite.
Victoria luchaba con todas sus fuerzas contra Shadowolf, el poderoso brujo hombre lobo que parecía ser inalcanzable para sus ataques de hielo. A pesar de su valentía y determinación, se estaba dando cuenta de que su magia no surtía efecto contra las sombras y la habilidad mágica del brujo. La frustración comenzaba a apoderarse de ella mientras buscaba una manera de superar la defensa de su enemigo.
En un breve respiro en medio de la intensa batalla, Victoria decidió tomar un riesgo y se atrevió a hacerle una pregunta a Shadowolf, buscando entender su situación y, posiblemente, encontrar una oportunidad para contrarrestar sus habilidades.