Irrumpiendo en la escena de manera asombrosa, los cuatro recién llegados atrajeron todas las miradas presentes en el campo de batalla. Un murmullo expectante se extendió entre aquellos que observaban, mientras aguardaban pacientemente a que la nube de polvo y escombros se disipara, permitiéndoles descubrir la identidad de estos nuevos actores. Elkon se encontraba atónito ante la llegada de los refuerzos. Su asombro apenas podía contenerse, mientras que la expresión en el rostro de Edwin revelaba un conocimiento más profundo; él había estado esperando este momento con anticipación.
El viento sopló y gradualmente la tierra y la confusión se despejaron, revelando las figuras con claridad. Se presentaron ante los ojos de todos: The Rock, cuya imponente presencia resonaba con su nombre; Maximilian Otters, un guerrero de fuerza indomable; el Barbarien Bob, cuyo aspecto feroz desafiaba a cualquiera; Luz del Alba, James, portador de una aura misteriosa y serena, y, finalmente, el mago de los elementos, el archimago William, cuyo poder trascendía las limitaciones de la realidad misma.
La atención de la multitud estaba completamente cautivada por la aparición de estos cuatro héroes, cada uno con su propia leyenda y habilidades únicas. La anticipación en el aire era palpable, como si el destino mismo hubiera tejido sus hilos para reunir a este grupo en este crucial momento. La dinámica del conflicto había cambiado de manera irrevocable, y los corazones de aquellos presentes latían con una mezcla de esperanza y expectación.
—No pensé que… —dijo el pirata mientras se sentaba en un cúmulo de maderas—, que vendrían refuerzos tan rápido, y menos que ibas a venir tú.
—Parece que necesitan nuestra ayuda. ¡Soldados de Athenas, atacad! —Max gritó con fuerza.
Grupos de soldados salieron de la entrada para asistir a los prisioneros que ya llevaban tiempo luchando. Los piratas comenzaron a retroceder viendo el número de soldados, los barcos que antes habían venido comenzaron a escapar por donde habían llegado.
—Perseguid a los piratas —daba órdenes el archimago—, dejadnos este campo de lucha a nosotros. —Con el refuerzo de soldados, lograron expulsar a todos los piratas de la zona, dejando solamente a los tres líderes y un puñado de los que habían bajado y se quedaban cerca del rey para protegerlo.
—Todavía hay algunos —dijo Max—, pero, sin los soldados ni piratas cerca, podemos luchar más tranquilamente.
—Barbarien —dijo con firmeza William.
—¿Murloc? —preguntó Bob.
—Sí —dijo con una mueca—, es todo tuyo.
—Por fin, un contrincante como la gente. —Esta vez, Bob venía con ambas hachas. Se lanzó deslizándose sobre el hielo hasta donde estaba Murloc luchando contra los Dannors.
—James, asiste a tu hermana. —Miró a su costado, él ya se había ido. Cayendo como un rayo de luz, golpeó al lobo y se paró delante de su hermana para protegerla.
—Es muy claro que tú quieres pelear con tu viejo amigo, así que yo me encargaré del resto de los piratas. ¡Magia elemental de tierra! ¡Ejército de minigolems! —De la tierra, comenzó a emerger un grupo enorme de pequeños golems de roca que se arrojaron a luchar contra los piratas. Con ellos, Max también se unió a la pelea, mientras que el archimago comenzó a caminar por el hielo acercándose hasta donde estaba Elkon con Edwin.
—Buen trabajo, muchacho. —El archimago miró a Elkon—. Lucharon bien, con mucha valentía, pero ahora es el turno de los mayores.
—Todavía puedo luchar —dijo Elkon, quien apenas podía pararse—. Será un honor luchar a su lado.
—Esto va a ser divertido —dijo el pirata con una sonrisa de satisfacción.
Por otro lado, Bob no dejaba de atacar a Murloc, quien recurría a su velocidad para atacar. Pero, a diferencia de Paul, el Barbarien era poderoso y rápido.
—Esto es imposible —decía el pez mientras lo esquivaba—. ¿De dónde pudo salir tal bestia?
—¿Me dices bestia a mí? ¡Mira quién habla!, eres un pez parlante con patas y armadura —le respondió Bob—. Max, prende una fogata, hoy comeremos pescado asado. —Chocando los filos de ambas hachas, estas se encendieron fuego y los ojos del hombre pez comenzaron a preocuparse.
—No seré comida de nadie. —Recurrió a utilizar sus vueltas de sierra para tratar de enfrentar así a Bob, pero este, al verlo, usó los lados del hacha para golpearlo por el costado y lo arrojó contra la pared frenando su avance.
—Nunca pensé que Bob fuera tan fuerte —dijo Paul asombrado mientras los veía luchar.
—Dicen que es uno de los pocos que llega al rango de barbarien —acotó John—. Solo miembros de su familia han logrado superarlo.
—¡Maldito! —Murloc sonaba desesperado—. ¡Los mataré a todos!
De su armadura, comenzaron a salir pequeñas dagas y espinas que arrojó contra ellos. Estos se escondieron tras las rocas para cubrirse, pero Bob, a diferencia de los demás, no se movió. Usando sus hachas como hélices, se cubrió de todas las navajas y, mientras giraba, se movió. Alzando ambas, las utilizó para golpear el suelo en un ataque muy semejante al de Paul, nada más que este sacudió la tierra y golpeó al hombre pez con rocas y fuego, lo que destruyó gran parte de la armadura.
—¡Vamos, pescadito! —Bob lo provocaba—. Dame un poco más de diversión.