El desierto resultó ser un enemigo despiadado para el grupo; quedaron atrapados en un paisaje implacable y engañoso. Después del ataque de los escorpiones, se vieron obligados a continuar a pie, enfrentando condiciones agotadoras y desafiantes. El camino que seguían se esfumó gradualmente bajo capas de arena y tormentas, y pronto se encontraron vagando sin rumbo fijo por el desierto desolado. Los días se convirtieron en noches y las noches en días, mientras luchaban contra la falta de agua y comida, y la fatiga consumía sus cuerpos. Su determinación era puesta a prueba al límite.
La quinta noche trajo consigo una realidad desoladora: sus cuerpos agotados finalmente alcanzaron sus límites. La falta de recursos básicos estaba afectando su salud y energía, y comenzaron a moverse durante la noche en busca de algo de respiro del agotador sol. A medida que el cansancio aumentaba, tuvieron que deshacerse de sus armaduras y pertenencias más pesadas para poder continuar. Sin embargo, incluso este esfuerzo resultaba difícil en medio de la fatiga y el calor asfixiante del desierto. Finalmente, en la mañana del sexto día, sus cuerpos colapsaron uno tras otro, incapaces de continuar.
En su estado debilitado, se volvieron presas fáciles para los peligros que acechaban en el desierto. Un nuevo grupo de escorpiones acompañado por hombres escorpiones, conocidos como los asesinos del desierto, los rodearon. Estos seres híbridos, mitad humanos y mitad escorpiones, eran depredadores mortales que acechaban en las arenas del desierto. Atrapados y agotados, los amigos no tenían la energía ni la capacidad de defenderse. Sus poderes mágicos eran inútiles, y la desesperación se cernía sobre ellos.
Sin embargo, una figura observaba desde lejos, una sombra que acechaba en la distancia. Fueron capturados por los bandidos, despojados de sus armas y llevados hasta una cueva subterránea, donde fueron atados a una pared. El lugar estaba lleno de oscuridad y horror, con huesos y restos de víctimas pasadas como testimonio de la crueldad que allí se había desatado.
Sin embargo, un giro inesperado del destino tuvo lugar cuando un miembro de los bandidos apareció moribundo y con una daga extraña clavada en su espalda. Esto desató una cadena de eventos que culminaron en una feroz batalla. Una figura felina, similar a un tigre, cayó del techo de la cueva. A medida que más de estos seres aparecían, la situación cambió. Los weretiger, hombres tigres con una ferocidad y destreza en la batalla excepcionales, entraron en acción.
La cueva de los bandidos se convirtió en un caos de rugidos y enfrentamientos. Los weretiger luchaban valientemente contra los escorpiones y los bandidos, liberando a los cautivos y restaurando la esperanza en los corazones exhaustos de los aventureros. Con su intervención, la balanza de la batalla se inclinó a su favor y finalmente lograron vencer a los atacantes.
Al término de la batalla, los hombres tigre se dieron cuenta de la presencia de los rehenes. Uno de ellos, más grande y anciano que los demás, se acercó a los aventureros. Los inspeccionó y olió, soltando una carcajada llena de una mezcla de incredulidad y diversión. Con un tono burlón y decidido, comenzó a hablar, dando inicio a un nuevo capítulo en la historia de los aventureros.
—Parece que les arruinamos la cena a los insectos. —Se escuchó la risa de los demás, mientras que aquel pequeño que había entrado primero se acercó.
—Qué extrañas criaturas, hermano. Nunca vi una así. —Los olió—. Su olor es horrible.
—Estos forasteros son humanos. ¿Qué los trae, humanos, por estas zonas?
—Agua… —dijo John. Estaban moribundos, apenas podían respirar.
—Parece que han estado perdidos por el desierto. Denles de tomar —dijo el joven tigre, y varios se acercaron a darles botas de agua para que tomaran.
—Ahora, responde mi pregunta, humano. —El más grande se acercó a Max.
—Mi nombre es Maximilian Otters, somos humanos del reino de Athenas, fuimos enviados para ayudar a su reina.
—No escuché nada sobre un envío de ayuda —dijo confundido el mayor.
—¿Podrán ser espías de los lycan? —preguntó el tigre joven.
—¿Lycan? —Victoria apenas podía hablar.
—Son nuestros enemigos naturales, licántropos del oeste del desierto, hombres lobo los llaman ustedes, los del norte.
—Hombres lobo como Shadowolf —acotó Paul.
—¿Conocen a ese viejo lobo? —El mayor parecía interesado.
—Peleamos contra él unas semanas atrás —respondió John.
—¿Así que son sobrevivientes del lobo de sombras? —preguntó muy seriamente, pero después sonrió—. Entonces, son mis amigos. Bájenlos y ayúdenles, los llevaremos a la ciudad. —Se acercaron a bajarlos de donde estaban colgados—. Me acompañarán a ver a la reina. Déjenme presentarme: mi nombre es Sharkang, él es mi hermano Riggerkang —señaló al joven tigre—. Pero dejaremos las presentaciones para después.
Los weretiger liberaron a los aventureros de la cueva subterránea y los llevaron a la entrada, donde los esperaban carros tirados por tigres en lugar de caballos. Con un rugido del líder de los tigres, emprendieron una carrera veloz hacia Cleop, la ciudad de los hombres gato. Corriendo a gran velocidad con sus patas delanteras y traseras, como auténticas bestias, llegaron rápidamente a la ciudad.