Hace siglos existió un mago tan poderoso que nadie tenía la suficiente valentía para retarlo, hablarle o siquiera de entrar en sus dominios, solo los más intrépidos, las personas ignorantes o los más perseverantes son los que se atrevían a entrar aunque estás personas mayormente eran tontos sin cerebro cegados por la avaricia para entrar en sus dominios, pero ni siquiera duraban ningún día para terminar convertidos en objetos, el mago habitaba en un extenso y hermoso bosque, con grandes cascadas, flora tan hermosa que cautivaria a cualquier dama, los animales eran amables y respetaban la vida y su ciclo, ninguno opacaba mas de lo que podía solo lo que necesitaba, dicen los rumores que también fueron influenciados por el mago, habían varios árboles flutales con el sabor más esquisito que alguien se haya imaginado, el lugar era un paraíso, un lugar que nadie quisiera dejar, podría decirse que la misma mano de dios tocó esa parte de tierra para crear el bosque, un lugar digno para el gran mago pero... Había algo que le faltaba, compañia los animales eran buena compañía pero incluso ellos tiene una familia que los espera en casa, quería hablar, quería compartir su conocimiento, enseñar a alguien, mostrarle las maravillas del bosque, alguien que le dé la bienvenida al volver, alguien con quién pueda cocinar o leer.
100 años solo no es bueno para la cordura, y un día se cansó, después de todo sigue siendo un humano con muchos deseos, además no sería el mago más poderoso si no lo intentara, así que fue al arrollo y con sus manos agarro un poco de agua para moldearla a una esfera transparente del tamaño de una toronja, quedándose en sus manos sin destruirse, el mago comenzó a decir unos conjuros y la esfera comenzó a flotar fuera de sus manos con eso la esfera se hacía más pero más grande y esa misma agua empezó a tomar forma de una niña de unos 8 años, con el cabello demasiado largo que llegaba a sus tobillos de un azul muy claro, y al final una línea blanca que daba la apariencia de una cascada, su piel era blanca con unas partes rosadas, ojos del mismo color del mar muerto pero tan brillante ante un amanecer y sus labios de un color rosa como las conchas de la playa, el mago se enorgulleció de su gran trabajo no por nada es el número 1 de todos los tiempos, su creación lo miro con curiosidad y con una gran sonrisa dijo.
—¿Quien eres para mí?
—Yo soy tu amo
Dijo para tomarle su mano y hacer que defendiera a la tierra, era una niña pero ya casi alcanzaba al mago eso significa que sería mucho más grande al crecer era obvio porque el océano es tan basto, sin perder tiempo la llevo hacia a su cabaña.
Al llegar rápidamente el mago encendió las luces y la chimenea para ambos sentarse en una silla frente a frente.
— ¿Cómo debería llamarte— hablo la Nina demostrando duda en su expresión.
— Puedes llamarme amo y tu nombre será Shira — dijo el mago mostrando orgullo por aquel nombre —Este será tu hogar, yo te enseñare, no soy de poner reglas, pero esta es muy importante, los animales hay que tenerle respeto, ellos serán tus amigos— hablo el mago tranquilamente mientras veía a la niña que lo escuchaba con atención cada palabra para luego sonreír.
Y así paso, el mago tenía una gran biblioteca con libros que tenían el conocimiento del mundo incluso de como convivir con personas y actividades para hacer, ya tenía planeada algunas cosas pero quería saber más, más actividades que los hicieran sonreír, le enseño a cocinar, a leer, realizar ejercicios desde pociones hasta matemáticas aunque para la joven no era nada grato los números, su trabajo era la limpieza y cada noche frente a la chimenea Shira escuchaba las antiguas aventuras del mago mientras trenzaba su blanca y larga barba que cubría gran parte del mago, también el mago la presento con los animales que la recibieron con alegría, la joven al principio era muy tranquila y risueña aunque algo distraída dejaba que todo fluya a su entorno, y como un chasquido pasaron 4 años y Shira y el mago se habían vuelto muy unidos Shira ya tenía sentido común y una personalidad muy alegre, siempre sonreía, siempre andaba de un lugar a otro no se quedaba tanto tiempo en un mismo lugar, siempre tan cambiante, podía ser muy tranquila aunque a veces se alteraba un poco pero lo que más odia es tomar decisiones, ella siempre quería hacer todo por eso su amo elegia todo por ella, y no solo cambio el tiempo y el pensamiento si no también el cuerpo de Shira que se volvió más alta y comenzaba a tomar figura, pero no toda la vida puede haber paz, el mundo de pronto se secó… no quedaba nada los árboles secos, animales deshidratados o muertos, todo estaba destruido incluso el bosque se vio afectado y el mago investigaba, porque no se resolvía el problema sin averiguar la causa.
—¿Que hacemos? ¿No puede utilizar su magia?
Dijo la joven mientras veía al mago escarbar en sus libros que parecían desgastados por tanto usos, solo tuvieron una semana de sequía pero los árboles y animales ya rogaban por agua, el mago lo sabía pero para crear algo de la nada necesita un intercambio del mismo valor, era el mago más poderoso de todos pero incluso él estaba atado a las reglas, quería todo pero la ambición de conocimiento era su pecado, al revisar el libro por fin pudo encontrar la solución pero de solo con leer la página sintió un sabor amargo inundaba su boca, del libro donde encontró el conjuro para crear a Shira en un apartado alejado decía “Incluso si es pequeño, algunos elementos se extrañan y unen fuerzas para traerlos de vuelta” Si eso era verdad entonces su pequeña tendría que irse, pero no lo aceptaría incluso si usa todo su poder para llevar agua a todo el planeta lo haría, porque nadie debe sufrir por su egoísmo, demasiado contradictorio pero es su humanidad hablando, al igual que de tener la capacidad de poder mentir.
— Lamentable mente no hay nada que hacer ahora, pero daré todo de mi para buscar una forma de traer de vuelta el agua a todo el mundo.