Pasaran 3 años desde lo ocurrido, durante ese tiempo el mago guardo luto, se aisló de todo quedando en su cabaña todo el tiempo, los animales lo intentaron animar llevándole frutas y flores, pero eso no hizo salir al mago. Estando postrado en su cama un pequeño rayo de luz se escabullo en su cuarto, no le dio mucha importancia y solo se volteo mirando a la pared para no verlo, no tenía ánimos de nada incluso se arrepintió cientos de veces tener que vivir por más tiempo, solo quería seguir postrado por siempre… al mirar su pared unos reflejos coloridos se asomaron rápidamente se recompuso para observar la fuente, era una mariposa con alas tan coloridas que sería una obra de arte y más cuando la luz las tocaba con gran delicadeza, la mariposa irrumpió en aquel cuarto, parecía que se llevaba toda la tristeza acumulada y se posesiono en un lugar donde el sol más iluminaba, es como si supiera lo hermosa que era con ayuda de la luz, “vaya mariposa ostentosa” sabes que la luz mostrara tu belleza, pensaba el mago mientras su mirada se dirigía a aquel pequeño rayo de luz, por un momento sintió una pequeña alegría, “a Shira también le gustaba ponerse junto a la luz para brillar”, el mago se paró de su cama para retirar la cortina y dejar que todo el cuarto se bañe del luz, al ser tocado por el cegador sol se sintió más liviano y una llama se encendía dentro de le junto a una ideas y una esperanza.
A sí que decidió volver a intentarlo, en el ocaso el mago se encontraba en medio del bosque mirando al sol mientras que se escondía, rápidamente hizo gestos con sus manos en dirección al sol y antes de desaparecer el mago agarro una pequeña parte del sol con un puño, al abrirla en su mano se encontraba una pequeña llama, no le quemaba de hecho parecía que la llama bailaba en la palma del mago y como aquella vez volvió susurrar ese conjuro mientras esa pequeña llamita comenzaba a elevarse por los cielos y de repente una luz ilumino casi todo el bosque deslumbrando al mago y todas las criaturas nocturnas que lo acompañaban, cuando la luz desapareció se podía visualizar una joven por allí de los 15, su piel era morena como la canela siendo prueba del beso de la luz constante del sol y su lugar de origen, sus ojos eran dorados como el mismísimo oro, su cabello rojo con naranja, era corto pero se alzaba tal fogata e iluminaba los caminos oscuros que la noche poseyó, sus labios rojos tal carmín de la sangre, solo con verla parecía que habías sido bendecido ante tal belleza, al sonreír se visualizaban dos colmillos dándole un toque salvaje a ella belleza, la joven vio fijamente al mago y solo dijo con una voz fuerte.
—¿Quién eres?
—Soy tu señor y tú nombre será Solaris.
Dijo el mago para sostener la mano de la chica para acercarla al suelo, la luz de la chica bajo un poco de intensidad siendo la única fuente de luz su cabello, el mago rápidamente la llevo a su cabaña tal y como lo hizo al principio, el mago la sostenía de la mano para no perderla, pero en alguna parte del trayecto Solaris se soltó, pero aún seguía al mago, cuando al fin llegaron a la oscura cabaña solo basto su presencia para que todo se iluminara, el mago rápidamente la sentó en la mesa para empezar a practicar.
—Entonces tu eres mi señor...
—Exacto te cree para que fueras mi compañía, no hay muchas reglas solo de no lastimar a los animales o al bosque y hacer tus tareas.
—Cuando hablamos de tareas ¿A qué te refieres?
—Esa conversación será para después, será mejor descansar.
—¡Estas de broma! Llevo menos de una hora de vida, lo que menos quiero es descansar.
—Segunda regla, siempre obedecerme.
—¡¿Es en serio?¡ - no pudo reclamar ya que el mago había desaparecido.
Solaris desprendía luz a su paso, al principio no hablaba mucho y solo obedecía sin chistar, pero hubo varios momentos que renegaban y dejaba a flote su gran temperamento, pero el mago con paciencia no se rendiría, le enseño todos los conocimientos académicos, pociones, cocina, dibujo entro otras cosas, a Solaris le encantaba el conocimiento devoraba sabiduría a su paso era muy codiciosa con ese tema más sabiendo que sería una ventaja, pero su mayor debilidad era la limpieza, no le desagradaba un lugar limpio, odiaba hacerlo y siempre se escapaba, los animales al principio no se atrevían a acercarse pero poco a poco la aceptaron a esta nueva presencia además con solo su presencia mostraba dominio, incluso el mago se sorprendió al ver que la joven ya dominaba a todos los animales, al igual que Shira, Solaris era más alta que el mago, pero más pequeña que Shira, era obvio ya que el fuego puede ser tan abundante al igual que la estatura del mago no ayudaba mucho con 1.60 cm no es que fuera muy alto. El tiempo avanzo y Solaris entro en más confianza era alguien extravagante, con un carácter firme y decidido algunas veces salía del bosque para conocer más a su paso, el mago otra vez estaba feliz, Solaris era la persona que le iluminaba sus días literalmente, siempre se juntaban para ver el ocaso y compartir los conocimientos de ese día junto a una bebida caliente, el mundo avanzo y sin notarlo ya habían pasado 2 años y al igual que con Shira su personalidad se desarrolló y fortaleció, la peli flama tomo más confianza al mago y le gustaba molestarlo de varias maneras más cuando se equivoca, llegaba a ser muy terca necesitaba que el mago la controlara pero no siempre lo lograba y terminaba saliéndose con la suya además que por sus tantas visitas a la aldeas aprendió un mal vicio del lenguaje así que era difícil contradecirla, Solaris siempre dejaba sorprendido al mago y eso le encantaba, sentía que habla con su yo de joven, pero las desgracias siempre llegan… y esta fue acompañado con una temporada fría.
Toda la tierra estaba sumergida en la nieve y el hielo, era algo jamás visto las personas se guardaban en sus casas manteniendo el poco calor que tenían al igual que los animales, cada día que pasaba pareciera que el sol se apagaba más, nadie comprendía nada ¿Por qué les pasaba esto? ¿Dónde está el sol? Pero nadie tenía la respuesta, muchos magos intentaron saber la razón pero no había nada, ellos no tenían la suficiente magia para solucionarlo, incluso al encender una fogata parecía que no servía de nada, Pero en el bosque del gran mago había una joven de 17 observando preocupada el bosque encerrada en la cabaña, Solaris sus pequeños animalitos estaban sufriendo al igual que sus crías que estaban naciendo sin la calidez del sol para darles la bienvenida a este mundo, tenía que hacer algo y rápidamente fue hacia el mago.