Asher Lane tiene diecisiete años y una certeza: nada de lo que le pasa es casualidad. La muerte de su madre, el silencio de su padre, las noches en vela repitiéndose que pudo haber hecho las cosas de otra manera. Todo es culpa suya.
El internado donde se esconde es su refugio. Allí puede ser el chico callado, el que no molesta, el que no espera nada de nadie.
Hasta que llega Saúl Cross.
Estudiante de intercambio, sonrisa fácil y secretos a cuestas. Una excusa para acercarse: ¿puedes ayudarme en literatura?
Y Asher que no sabe decir que no, termina aceptando.
Lo que empieza como tardes de estudio se convierte en miradas que sostienen un segundo de más, en conversaciones que se desvían de los apuntes y en un beso que ninguno se los dos esperaba, pero que si deseaban.
Lamentablemente la vida no es perfecta y color rosa. Saúl miente. Sobre quién es en realidad, sobre porque está ahí, sobre hasta donde está dispuesto a llegar, en fin... sobre todo.
El dolor no es la única cicatriz que Asher arrastra. Y cuando el pasado regrese para cobrar cuentas, la única pregunta será: ¿estás listo para la verdad?
¿O para el dolor que viene con ella?