Mientras conducía esa sonrisa ingenua que creía haber olvidado, seguía dibujada en su rostro. Mi corazón latía tan rápido que seguramente él lo escuchaba. Ese cosquilleo debido a los nervios se apoderó de mi estómago.
Estaba ansioso, inquieto, con la adrenalina controlándome y con los pensamientos razonables en modo avión.
Al llegar abrió la puerta con la facilidad de quién lleva años repitiendo lo mismo. La espera era demasiado, en medio del pasillo hacia el cuarto me jaló hacia él, me pegó a la pared y llevó sus grandes manos a mi cintura. Unió nuestros labios en un beso sin control que estalló como una reacción química.
—¿Estás seguro de hacer esto? —susurró a mi oído.
Asentí y cerré los ojos, entregándome al deseo en cada toque de sus dedos contra mi piel, al roce de sus labios contra los míos, al ritmo lento de nuestros cuerpos, a las dulces palabras que susurraba en mi oído, a la perfecta armonía de sus gemidos mezclados con los míos… a él.
Esa noche que para mí era la continuación de lo que ya teníamos, pero que sería la última. Y desde entonces no logro dejar de pensar en ello, han pasado catorce días y he alucinado con ese momento cada día, a toda hora, en cualquier lugar.
—Asher, ¿Otra vez sin atender a clases ? —cuestiona el profesor Darwin, por tercera vez en el día.
Hizo que desaparezcan mis últimos momentos de felicidad. O de nostalgia, no sé.
—Eh, este... yo no —titubeo —. Estaba en...
—Si sigue así perderá la materia. Y con ella el año.
Fantástico. Ahora mi profesor me amenaza con reprobar. ¿Pero cómo le explico que me pasó la clase pensando en... otras cosas?
La clase siguió su curso normal, aunque admito que pasaron más cosas así.
—Asher, ¿me permites un momento? —dijo, antes de que pudiera cruzar la puerta y perderme de una vez.
—Dudo que me lo pregunte. —Retrocedí hacia su escritorio.
—¿Qué te está pasando? —cuestiona —. Eras de los mejores de mi clase y ahora, apenas prestas atención.
—Estoy un poco distraído, nada más.
—Ah, ¿si? —levantó una ceja —. ¿Al igual que la semana pasada y la anterior a esa?
Hubo una pausa, una tensión casi palpable. Algo re incómodo.
—Si esto sigue pasando me veré en la obligación de tener que llamar a tus padres.
—Ojalá tuviera a mis padres —solté sin pensar, y cada letra me supo amarga.
Ignoré sus múltiples llamadas y me largué de ahí lo más rápido que pude. No necesitaba más sermones, ni nada de eso. Necesitaba paz.
Y eso sería algo imposible de conseguir.
El día transcurrió, y con él más problemas. Olvidé un diálogo ultra importante en Inglés. Casi hago que toda mi clase se fuera a la mierda en química. Fui el peor en las pruebas mensuales de Educación física. En conclusión, mi día fue una mierda, como todos los anteriores.
Al menos ya podía descansar de todo, al menos unas cuantas horas.
La tarde llegó, y así mi momento más tranquilo. Podía ir a mi departamento y olvidarme que el resto del mundo existía.
No hacía falta recordar por décima vez el día que mi madre murió y que en dos días harán solo cuatro meses. Y menos los demás de mis problemas.
Me encogí en una bolita en la cama, más que querer, necesitaba dormir. Cerrar los ojos, estar inconsciente durante horas y que los problemas e inconvenientes de la vida no me atormentaran más la cabeza.
Pero claramente, la vida está en mi contra.
—Ash, ¿sigues despierto? —dijo Cass desde fuera. —. ¿Puedo pasar?
—Si claro, entra.
Abrió la puerta de una. La luz irrumpiendo la oscuridad de mi habitación. Todo el bullicio que ya rompía mi tranquilidad se incrementó. Y esos momentos de "paz" que tanto ando buscando, entraron a la casa equivocada.
—¿Estás bien?
—Supongo que si... —sequé una lágrima que bajaba por mi mejilla.
—Eso es un no —entró y se sentó en el borde de la cama.
—¿Cuándo piensas decirme que es lo que tanto te agobia? —dijo con voz suave.
—No es algo que quiera contar.
—Pero necesitas la opinión de alguien, y no se cuenta tú subconsciente...
Lo pensé por un minuto, por dos, por cinco, y al final acepté. Porque Cassie es mi compañera de cuarto, y mi mejor amiga desde que llegué a esta escuela. Y también porque necesitaba que alguien más aparte de mi almohada escuchara las cosas que me pasan y todo lo que pienso.
Terminé contándole a Cassie todo.
Lo que pasó con mi madre. Que fue mi culpa que tuviera ese accidente, si solo no hubiera discutido con ella, ella seguiría aquí. Que su recuerdo me atormentaba, que el saber que pude haber hecho algo más que tratarla mal, y que eso la hubiera salvado.
Esa maldita noche de hace dos semanas en la que termine envuelto en las sábanas de un idiota, y que hasta hoy no lo olvido. Que tengo su recuerdo en la cabeza y eso es lo que me aísla de todo lo demás. Por más que suene loco o macabro.
No había hablado sobre nada de esto con nadie, ni siquiera con ella que era mi mejor amiga y hacerlo fue... liberador. Diferente, no me juzgó al mirarme, no pensó que estaba loco por sufrir a causa de una persona que solo jugó conmigo.
Y muchos menos por... mi madre.
—Déjame confirmar que si entendí bien —me miró, confundida —. Te auto castigues por la muerte de tu madre. También por la noche de sexo intenso con el idiota misterioso ¿Pero a la vez, agradeces que haya pasado eso entre ustedes porque te hace sentir algo más que el dolor?
—De manera resumida, si —admití.
—Bien entonces... escucha, ninguna de las dos cosas fue tu culpa Ash, ¿ok? Sé que a veces la vida es injusta, juega con nosotros y nos hace sufrir como si fuéramos de hierro. Pero no te culpes o te castigues por algo que no pudiste ni hubieras podido evitar, Ash.
Hubo una pausa, bajé la cabeza. En el fondo tenía razón.
—La recaída con ese chico está bien, ¿Quién no ha tenido una recaída con su ex? Y la muerte de tu madre, era algo que aunque quisieras evitar no hubieras podido.