El mapa de tus huellas(one Shot)

One Shot

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Las cajas se apilaban sobre el escritorio como pequeños monumentos a una vida que terminaba otra vez. Remus Lupin dobló la última túnica con el mismo cuidado metódico con que había corregido ensayos durante meses, como si la precisión de sus manos pudiera compensar el desorden de todo lo demás.

Hogwarts estaba casi vacío. Los alumnos se habían marchado esa mañana en los carruajes hacia la estación y el castillo había quedado con ese silencio particular de los lugares que han sido felices y ya no lo son. Por las ventanas de su oficina entraba una luz de finales de junio, dorada y un poco triste, que iluminaba el polvo suspendido en el aire como si el tiempo mismo se hubiera detenido a mirar.

Había renunciado. Era lo correcto ,se repetía, antes de que Snape hiciera correr la voz, antes de que los padres empezaran a escribir cartas indignadas, antes de que él mismo tuviera que ver el miedo en los ojos de un niño al que apenas conocía. Era lo correcto y sin embargo dolía como el mayor desgarró que no había sentido en años.

Fue guardando sus libros cuando la encontró: una hoja de pergamino vieja, doblada entre las páginas de un tratado sobre criaturas oscuras. En cualquier otro momento no la habría reconocido ,parecía en blanco, gastada, inofensiva, pero sus dedos supieron antes que su mente. Sintió que el pecho se le encogía.

Era el Mapa del Merodeador.

"Debía habérselo dejado Harry sin darse cuenta" pensó.

Quizás la noche en que se lo confiscó, quizás antes. Era propio del muchacho no reparar en el peso de lo que llevaba entre las manos. Aunque tampoco podia culparlo, pocos entenderían realmente lo importante que era ese pedazo de papel mágico y ,honestamente, no era ni la primera ni la segunda vez que había sido olvidado torpemente por un Potter. Al menos en sus manos no seria confiscado por semanas. Se lo devolvería ni bien pudiera.

Remus se sentó, con el mapa apoyado en las rodillas ,y por un instante, no hizo nada más que mirarlo. Después, casi sin decidirlo, tocó la superficie con su varita.

—Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas.. —murmuró y la voz le salió más nerviosa de lo que esperaba.

La tinta floreció bajo la punta de su varita como siempre lo había hecho: los pasillos, las torres, los terrenos, los puntos con nombres moviéndose de aquí para allá.

Lunático. Colagusano. Cornamenta. Canuto.

Los cuatro nombres que ya no significaban lo mismo. Uno estaba muerto. Otro había resultado ser una rata traidora. Uno era un fugitivo al que medio país buscaba con órdenes de beso. Y él... el último, estaba a punto de irse de la única casa que le había dado algo parecido a la pertenencia.

Iba a cerrarlo ,no soportaba mirarlo demasiado tiempo, cuando algo le llamó la atención. Un rastro tenue, casi invisible, que no debería estar ahí. No era una etiqueta con nombre como las demás; eran manchas sin forma, como huellas de tinta fresca que se desplazaban solas, trazando un camino que serpenteaba desde las mazmorras hasta zonas que Remus conocía demasiado bien.

Frunció el ceño.

"¿Quién puso esto aquí? ¿Ya empezó Harry a jugar con el mapa?" dudó pasando los dedos por las manchas como si creyera que era solo algo exterior. Pero no. Seguían ahí.

Y cuanto más lo miraba, menos se parecía a un juego de adolescente. El camino tenía una intención, una dirección, casi una voz. Y antes de que pudiera convencerse de lo contrario, Remus ya se había puesto de pie, con el mapa doblado bajo el brazo y el corazón latiéndole de un modo que no sentía hacía años.

Sería su última travesura. Se prometió. Su despedida silenciosa del castillo, de los pasillos, de los Merodeadores que habían sido. Sintió la curiosidad de un niño y la tristeza de un hombre que sabe que algo se termina, mezcladas en una sola respiración, mientras cruzaba la puerta de su oficina por última vez.

El primer rastro lo llevó a los terrenos, hasta la sombra larga y quieta del Sauce Boxeador, inmóvil ahora bajo el sol de la tarde, como si también él estuviera cansado.

Remus se detuvo a una distancia prudente ,viejas costumbres, y dejó que el recuerdo lo alcanzara solo.

Una noche de invierno, hacía casi veinte años: cuatro chicos escabulléndose bajo una capa demasiado pequeña para todos, ahogando risas contra la manga del otro. James tropezando con una raíz y arrastrando a Peter en la caída, Sirius doblado sobre sí mismo, incapaz de contener la carcajada.

Lunático, ya deja de temblar tanto, vas a hacer volar la capa antes de que el profesor nos atrape... —le había dicho Sirius, y luego ,más bajo, solo para él— Relájate. Nunca nos van a atrapar. Estamos juntos.

Remus cerró los ojos un momento. La risa todavía sonaba en algún lugar dentro de él, pero ahora venía acompañada de un peso distinto.

"James está muerto. Peter es un traidor. Sirius es un convicto prófugo. Y yo... todo eso quedó atrás y no va a volver."

No había amargura en el pensamiento, solo la certeza fría de los hechos, la clase de verdad que uno aprende a cargar sin que le doblegue la espalda, porque no queda otra opción. Porque como adulto había aprendido que el tiempo pasa y no perdona a aquellos que se quedan atrás.

El camino continuó y Remus lo siguió por corredores que reconocía de sus años de aprendizaje más que enseñanza. Las manchas siguieron anunciando el camino a cada paso que daba.

Se detuvo frente a un tramo de las escaleras que en apariencia no tenía nada de especial. No tenia nada destacable, ni magia ni habitaciones. Ni si quiera un cuadro que comentara nada.

Pero ahí, las huellas del mapa eran distintas: más densa, repetidas, como si alguien hubiera pasado por ese mismo lugar cientos de veces, noche tras noche, año tras año. Esas manchas quedando impresas como una mancha de café no secada a tiempo.



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En el texto hay: harry potter, boylove, siriusblack

Editado: 16.07.2026

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