El Mar De Los Dioses

Cuando el mar aprende a sangrar

El océano gritó antes que los cuernos de guerra. No fue un sonido, sino una presión brutal que recorrió las corrientes, una vibración espesa que atravesó escamas, huesos y corales. Las aguas exteriores del reino abisal se oscurecieron de pronto, como si una sombra inmensa hubiera pasado por encima del sol inexistente del fondo marino.

Poseidón lo sintió en la sangre. No necesitó mensajeros. No necesitó presagios. El mar le habló en su idioma más antiguo: el de la amenaza.

El dios salió del palacio como una tormenta contenida. Su tridente apareció completo en su mano, forjado de rayos solidificados y sal eterna. A cada movimiento de su cola celeste, las corrientes se apartaban con obediencia temerosa. Los tritones guerreros se alinearon a su paso, armados con lanzas de obsidiana marina, los ojos encendidos por la lealtad y el miedo.

—Protejan el perímetro interior —ordenó Poseidón, sin volver la vista— Nadie se acerca al palacio.

No necesitó decir el nombre de Aurelia. Todos lo entendieron. Las puertas del reino se abrieron hacia la vastedad oscura del océano exterior, y allí estaba el caos.

Bestias abisales emergían desde grietas profundas: cuerpos retorcidos, mandíbulas imposibles, ojos sin luz. Criaturas que no obedecían a Poseidón, que no reconocían su autoridad. El agua estaba cargada de un calor antinatural, espesa, turbia, teñida de un rojo oscuro que no provenía de heridas recientes, sino de algo más antiguo. Sangre ritual..Poseidón alzó el tridente, y el mar respondió.

Una muralla de corrientes se levantó de golpe, aplastando a las primeras criaturas contra el fondo rocoso. El impacto hizo vibrar montañas submarinas. Tritones avanzaron, combatiendo cuerpo a cuerpo, mientras las medusas de guerra entidades vivientes de energía explotaban en destellos cegadores. La batalla había comenzado. Pero Poseidón no buscaba la victoria..Buscaba al responsable.

—Muéstrate —rugió, y su voz se propagó como un trueno líquido—. Sé que estás aquí.

La risa llegó como una onda lenta, grave, burlona. El agua se abrió ante él, y la figura emergió desde la penumbra caliente del sur.

Sobek.

Su cuerpo era colosal, una amalgama de dios y bestia. Mandíbulas de cocodrilo abiertas en una sonrisa imposible, escamas oscuras cubiertas de símbolos antiguos grabados con sangre seca. Sus ojos brillaban con una inteligencia cruel, paciente, depredadora.

—Sigues reaccionando como un rey herido —dijo Sobek—. No como un dios enamorado.

Poseidón avanzó sin responder, y el choque fue inmediato.

El tridente impactó contra las fauces de Sobek, liberando una descarga que partió el agua como si fuera aire. Sobek respondió con un golpe de su cola gigantesca, enviando a Poseidón contra una formación rocosa. El choque levantó una nube de sedimentos y restos de coral.

El mar rugió.

Ambos dioses se enfrentaron en un ballet de destrucción: rayos submarinos, mandíbulas cerrándose sobre energía divina, corrientes que aplastaban y desgarraban. Cada impacto hacía temblar el océano entero, como si el mundo mismo dudara de su resistencia.

—Todo esto por una sirena —se burló Sobek, esquivando un ataque—. ¿Vale la pena?

Poseidón no respondió con palabras. Clavó el tridente en el fondo marino, y una ola de energía recorrió el terreno como una fractura sísmica. Las bestias de Sobek se desintegraron en un instante.

—Ella no es un botín —dijo al fin, con la voz cargada de una furia que no era solo ira— No es una herramienta.

Sobek rió, mostrando colmillos manchados.

—Entonces ya estás perdido.

Y desapareció en un torbellino de agua oscura, dejando tras de sí una estela de sangre ritual que se desvaneció lentamente.

La batalla exterior terminó tan abruptamente como había comenzado. Pero Poseidón sabía la verdad: aquello no había sido un ataque total. Había sido una advertencia.

Mientras tanto, en el corazón del palacio

Aurelia sintió el primer impacto como un latido violento bajo la piel. El palacio crujió. Las lámparas de medusas se apagaron una a una, sumiendo los pasillos en una penumbra inquietante. Las paredes de coral exhalaron burbujas nerviosas, como si el edificio respirara con dificultad.

Aurelia se levantó del lecho de espuma y salió al corredor. El agua estaba inquieta, cargada de una energía densa que no le pertenecía a Poseidón. Algo más se había filtrado en el reino. Y eso la aterrorizó más que el propio dios.

Mientras avanzaba, sintió una vibración distinta bajo sus escamas, una llamada silenciosa que no provenía del palacio, sino de las profundidades prohibidas. El mar, ese mar que ella escuchaba cuando nadie más lo hacía, estaba alterado herido. Llegó a una sala que nunca antes había visto.

No estaba custodiada. No había símbolos de poder. Solo un arco de piedra negra cubierto de algas muertas. Más allá, una grieta se abría en la pared del palacio, dejando escapar una corriente fría, distinta a todas las demás.

Aurelia se detuvo. El aire, si podía llamarse así, parecía cargado de advertencia. Se acercó. La grieta susurraba. No palabras. Recuerdos.

Vio imágenes fugaces: sirenas antiguas huyendo, dioses luchando, el océano fragmentándose bajo decisiones que nunca consultaron a quienes lo habitaban. Sintió un tirón en el pecho, como si algo dentro de ella respondiera a ese lugar.

—Aquí escondes tus secretos —murmuró, sin saber a quién hablaba.

Extendió la mano y tocó la piedra..El palacio reaccionó. No con violencia, sino con revelación.

La pared se abrió un poco más, mostrando un corredor estrecho que descendía hacia una cámara oculta. En el centro, suspendido en el agua, flotaba un objeto imposible: una concha enorme, tallada con símbolos antiguos, pulsando con una luz dorada similar al brillo de sus propias escamas.

Aurelia sintió un estremecimiento. Aquello no era una prisión. Era un sello. Un fragmento del poder de Poseidón, separado, oculto. Una parte de su autoridad sobre el mar vulnerable. Comprendió, con una claridad dolorosa, que el palacio no solo la contenía a ella. También contenía al dios.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.