El Mar De Los Dioses

La incursión y el pensamiento del dios

El límite no estaba marcado por una línea visible. Era una sensación.

Allí donde el océano comenzaba a espesarse, a volverse hostil incluso para sus propias criaturas, Poseidón reconoció la frontera del dominio de Sobek. Las aguas ya no respiraban con la cadencia antigua; latían con un pulso ajeno, nervioso, como si algo estuviera forzando al mar a imitar un corazón que no le pertenecía.

Poseidón avanzó sin vacilar. Y mientras lo hacía, pensaba. No como los mortales, que dudan y se preguntan. Pensaba como piensan los dioses cuando han tomado una decisión irrevocable: ordenando el mundo a partir de una certeza.

Aurelia es mía.

No era una frase cargada de ira. Tampoco de ternura. Era un hecho. El amor no había desaparecido. Se había integrado al poder, como una corriente profunda que ya no necesitaba mostrarse en la superficie para existir. Poseidón no buscaba convencerla, ni conquistar su voluntad, ni mendigar algo tan frágil como la correspondencia. El amor correspondido era un lujo humano. El amor divino era posesión eterna.

—Elijo por ambos —pensó— Porque puedo. Porque debo.

El océano libre lo acompañó en formación perfecta. Leviatanes, columnas de agua viva, corrientes afiladas como cuchillas: no avanzaban con furia, sino con precisión. Poseidón no venía a arrasar sin sentido. Venía a reclamar territorio.

Cuando la primera ciudad sometida apareció ante ellos, el mar tembló. Era un antiguo enclave de coral negro, ahora deformado por símbolos grabados con sangre ritual. Las estructuras parecían vivas, retorcidas, como si el miedo mismo hubiera sido usado como argamasa. Poseidón alzó una mano. El océano obedeció.

Una ola colosal, silenciosa y compacta, descendió sobre la ciudad. No la destruyó. La desarmó. Cada símbolo se desprendió, cada hechizo se quebró, cada criatura ligada a la voluntad de Sobek cayó de rodillas, liberada o aniquilada según su naturaleza. Poseidón observó el resultado sin emoción visible.

—Recordad —ordenó— El mar no pertenece al miedo.

Las corrientes repitieron la orden como un eco profundo..Pero en el fondo de su mente, otro pensamiento se abría paso, más oscuro, más íntimo:

Cuando te tenga de nuevo, Aurelia, el mar ya no será una opción para ti. Será tu mundo.

No lo pensaba con crueldad. Lo pensaba con convicción. La reacción no tardó. El agua se cerró de golpe frente a Poseidón, formando una muralla viva que no respondía a ninguna ley natural. De ella emergieron criaturas híbridas, nacidas de la corrupción y la voluntad impuesta: ejércitos sin identidad, sin miedo, sin duda.

—Has cruzado —resonó la voz de Sobek desde todas partes— Sabía que lo harías.

Poseidón no respondió de inmediato. Observó el campo de batalla, midiendo fuerzas, corrientes, posibilidades.

—Este territorio vuelve a mí —dijo al fin— Retírate.

La risa de Sobek fue lenta, profunda.

—Siempre tan seguro —replicó— ¿Sabes qué es lo que más me agrada de ti ahora?

Las aguas oscuras se agitaron.

—Que ya no finges.

El ataque fue inmediato. Las criaturas se lanzaron como una marea invertida. Poseidón avanzó para encontrarlas, y el choque sacudió el océano entero. Corrientes opuestas colisionaron, levantando torbellinos que trituraban cuerpos y hechizos por igual.

Poseidón luchaba sin freno. No porque hubiera perdido el control, sino porque había decidido no contenerse. Cada golpe suyo llevaba autoridad, cada orden convertía el caos en estructura. Donde Sobek imponía terror, Poseidón imponía jerarquía.

—No te pertenece —rugió Sobek cuando apareció frente a él, colosal, desafiante— Ella no te pertenece.

Poseidón sintió el nombre de Aurelia vibrar en su interior como una herida cerrándose a la fuerza.

—Todo lo que amo me pertenece —respondió— Y todo lo que me pertenece está bajo mi protección.

Sobek lo observó con atención renovada.

—Ahí está —dijo— El dios que Zeus quería.

Poseidón atacó. El impacto fue devastador. Sobek retrocedió varios metros, atravesando capas de agua comprimida. El océano libre rugió en aprobación. Pero Sobek no cayó.

—La recuperarás —admitió— Lo sé. Es inevitable.

Se inclinó hacia Poseidón, con una sonrisa peligrosa.

—Y cuando lo hagas ella sabrá que cambiaste.

Poseidón sintió una sacudida interna. No de duda. De anticipación.

—No necesito que lo entienda —dijo— Necesito que exista.

Sobek rió.

—Entonces somos más parecidos de lo que crees.

En la prisión muda, Aurelia cayó de rodillas. No por un golpe físico, sino por la presión súbita que atravesó su vínculo con Poseidón. Sintió la batalla como se sienten las mareas antes de una tormenta: el cuerpo lo sabe antes que la mente.

—Está aquí… —susurró.

Pero no era el Poseidón que había conocido. El hilo que los unía ya no era una invitación. Era una orden latente, una promesa de regreso que no admitía negativa.. Aurelia apretó los puños.

—No soy tu joya —dijo al vacío, con una rebeldía frágil pero intacta— No soy tu territorio.

En algún lugar del océano, Poseidón sintió la resistencia..Y sonrió..No con burla..Con admiración peligrosa.

Resiste, pensó. Así eres más hermosa.

La incursión no terminó con la derrota total de Sobek. Poseidón lo sabía. No buscaba aniquilarlo aún. Buscaba marcar el terreno, romper líneas, demostrar supremacía. Cuando el océano comenzó a estabilizarse bajo su influencia, cuando las criaturas de Sobek retrocedieron hacia la sombra, Poseidón alzó la mano.

—Basta —ordenó.

El mar obedeció.

Sobek se desvaneció en la oscuridad, pero su voz quedó flotando como un presagio.

—Vendrás por ella —dijo— Y cuando lo hagas no habrá vuelta atrás.

Poseidón observó el territorio recuperado. Una franja enorme del océano volvía a respirar libremente. No todo. No aún.

—Nunca la hay —respondió al vacío.

Mientras regresaba al corazón de su dominio, Poseidón permitió que su mente se cerrara alrededor de una sola imagen: Aurelia, suspendida, resistiendo, existiendo incluso en cautiverio. El amor ardía en él con una intensidad nueva, amplificada, total. No quería su consentimiento. No quería su rendición. Quería su permanencia.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.