El Mar De Los Dioses

El dios que castiga

El castigo no llegó con ira. Llegó con exactitud..En el océano, la diferencia entre ambas cosas era esencial. La ira desgasta, consume, deja residuos imprevisibles. La exactitud, en cambio, es limpia, eficiente, incuestionable. Y Poseidón, el que gobernaba ahora, había aprendido a preferirla.

El primer acto fue pequeño. Una patrulla de tritones había desviado su ruta para auxiliar a una colonia de sirenas jóvenes atrapadas en una corriente secundaria. No fue una rebelión. No fue un desafío abierto. Fue una interpretación: un margen mínimo de decisión dentro de una orden amplia. Eso bastó.

Poseidón sintió la desviación como una alteración en el tejido del dominio. Un error de cálculo. Un punto que no coincidía con el patrón óptimo. Y el poder amplificado reaccionó de inmediato, como un sistema diseñado para corregirse a sí mismo.

—Corrijan —ordenó.

La orden no llevaba tono. No llevaba juicio. Era una instrucción pura, descendiendo por capas de agua y conciencia hasta encontrar a quienes debían ejecutarla. La patrulla se detuvo..El capitán alzó la mano, confundido, al sentir cómo las corrientes se reorganizaban a su alrededor. La colonia de sirenas quedó fuera del flujo seguro, expuesta a una zona de presión peligrosa.

—Señor —dijo el capitán, con respeto contenido—. La orden original era custodiar el sector, pero.....

La frase no terminó. El agua se cerró alrededor de su garganta con una precisión quirúrgica. No lo asfixiaba del todo. Solo lo silenciaba.

—No improvises —dijo Poseidón, y su voz atravesó la distancia sin necesidad de eco— El océano no es lugar para interpretaciones.

La corriente cambió. Las sirenas jóvenes fueron empujadas hacia un abismo lateral, no con violencia, sino con una fuerza constante que no admitía resistencia. Dos lograron escapar, arrastradas por un remolino fortuito. Las otras desaparecieron en la presión.

El capitán cayó de rodillas cuando la corriente lo liberó.

—Acepta la corrección —ordenó el dios—. O serás el siguiente punto a optimizar.

El capitán inclinó la cabeza.

—Acepto.

No había odio en su voz..Había vaciamiento.

El océano tomó nota..No como una entidad consciente, sino como un sistema que aprende por repetición. Las criaturas marinas empezaron a entender que la obediencia no solo debía ser total, sino literal. Ninguna desviación, por pequeña que fuera, quedaba sin respuesta.

Las rutas se volvieron rígidas. Los cantos se apagaron del todo. Las miradas evitaron las profundidades donde el palacio latía con su pulso frío. Y aun así, Poseidón sentía la necesidad de reforzar. No porque hubiera resistencia visible. Sino porque algo dentro de él no se alineaba.

El Poseidón dominante percibía ese desajuste como una amenaza interna. No podía permitir que la duda aunque mínima se propagara. La duda era el primer paso hacia el caos.

—Más claro —pensó—. Debe ser más claro.

Así, el segundo castigo fue ejemplar.

Una criatura antigua, un leviatán de escamas negras y ojos como pozos de noche, había permanecido neutral durante las guerras. No servía a Sobek. Tampoco se ofrecía a Poseidón. Existía en un equilibrio propio, antiguo, respetado incluso por dioses.

Hasta ahora. Poseidón descendió hasta su territorio sin anunciarse. El agua se abrió ante él con reverencia automática. El leviatán emergió lentamente, reconociendo la presencia divina con una inclinación de su enorme cabeza.

—Señor del océano —dijo, con una voz que vibraba como rocas chocando— Tu dominio se extiende de nuevo.

—Así es —respondió Poseidón.

—Entonces, permíteme continuar en mis rutas ancestrales. No interfiero. No obedezco. No perturbo.

La petición no era insolente. Era un acuerdo tácito que había sostenido eras enteras..El Poseidón dominante la evaluó..No encontró utilidad.

—El océano no admite zonas grises —dijo— O estás dentro del patrón, o eres una anomalía.

El leviatán abrió sus ojos enormes, sorprendido por primera vez en siglos.

—He existido antes de tus guerras —replicó—Antes incluso de tus nombres.

—Y aun así —respondió Poseidón— existes en el océano.

La palabra fue suficiente..El agua se endureció alrededor del leviatán, transformándose en anillos de presión que se cerraban con lentitud implacable. No lo desgarraban. Lo inmovilizaban.

—Esto no es necesario —dijo la criatura, y por primera vez hubo algo parecido al miedo en su voz— No soy tu enemigo.

Dentro de Poseidón, algo gritó. El Poseidón verdadero empujó con desesperación contenida, no para liberar al leviatán, sino para detener el gesto.

No así..No esto.

El dominante sintió la interferencia y respondió con más control.

—Eres impredecible —sentenció—. Y lo impredecible genera fisuras.

El anillo final se cerró..El leviatán quedó atrapado en una cápsula de presión eterna, condenado a existir sin movimiento, sin muerte, sin voz..Un castigo perfecto..Un error irreversible..Aurelia sintió el castigo como una puñalada fría.

No vio al leviatán. No supo de la patrulla. Pero el océano le habló en su idioma silencioso, ese que no necesita palabras. Sintió el cierre, la inmovilidad, el miedo sin escape..Abrió los ojos de golpe.

—No —susurró.

El vínculo se tensó. Por primera vez desde su silencio, Aurelia habló hacia dentro. No en voz alta..En esencia.

Esto no es equilibrio, pensó..Esto es miedo organizado.

La respuesta fue inmediata, brutal..Una pared interna se alzó entre ella y el vínculo. No un muro externo, sino una desconexión deliberada. El Poseidón dominante cerró el canal como se cierra una compuerta.

—No interfieras —dijo, aunque ella no pudiera oírlo.

Pero el verdadero Poseidón sí. Y sintió la vergüenza como un incendio mudo.

Zeus sintió el cambio desde el cielo..No como dolor esta vez, sino como rigidez. El océano se volvió demasiado predecible, demasiado recto, como una línea trazada a la fuerza sobre un mundo curvo.




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