Erick Mewler:
Sabía que había un minisúper cerca de la preparatoria, además no tendría que pedir permiso para salir pues ya estaba en mi último año, ya era mayor y no necesitaba aprobación o permiso de nadie, compré una ensalada fresca con pollo, dos hamburguesas, además de dos botellitas de seiscientos mililitros de refresco de limón.
Bueno en fin, salí de allí y caminé una cuadra y media de vuelta, a paso apurado pero no corría pues no quería un accidente.
Asegurándome de ver bien el camino, pasé caminando lentamente por la acera y cruzando el camino de entrada a la institución, crucé el umbral de la puerta del frente y entré.
Doblando hacia la derecha, encontré la puerta de la enfermería y al colocar mi mano en el pomo de la puerta, tiré de ella hacía atrás y la abrí, caminé rápidamente y me acerqué donde Sid descansaba tranquilamente.
Le toqué suavemente el hombro despertándola, ella al sentirme abrió lentamente sus ojos y me miró, lo único en lo que pude pensar en ese instante fué en esa mirada verde aceituna que me cautivó, y le entregué la pequeña bolsita que dentro contenía comida, ya que me dijo que no había desayunado, por lo que fuí a buscar comida y medicinas:
_ Erick, no era necesario que me trajeras comida, comeré cuando vaya a casa, sí?.-Pero yo no estaba dispuesto a aceptar eso fácilmente, entonces sin creerle nada de eso le pregunté:
_ Cuando vas a casa?, porque estoy seguro que será cuando termine el horario del instituto y tu te sientes mal, no pienso dejar que te vayas así, es por tu bien Sid.
Pero estaba seguro que ella no pensaba ceder, siempre era así de molesta, respecto a esas cosas:
_ No, tengo nauseas no pienso comer porque voy a terminar vomitando, solo no quiero.
Sí así de caprichosa podría ser ella, aunque a mi me gusta como es, pero en eso, estaba segurísimo que insistía:
_Sid, dale porfa, tienes que hacerlo, sino como explicaras cuando llegues a tu casa y tus padres te vean así de mal, al menos agarra fuerzas para cuando estés allí y si no quieres que se preocupen.
_ Sí, pues por eso lo hago, no quiero molestarlos, que piensen que soy una carga en sus vidas, ya bastantes problemas les dí en el pasado y no quiero que todo eso se repita de nuevo.
La me miré con esa mirada azulada que yo tenía y sus ojos conectaron con el mío.
El verde y el azul mezclado se en una sinfonía armónica.
Lo sentía en el aire, la tensión que se aproximó, cuando di dos pasos y me acerqué más a ella.
Sujetando el banquito de plástico que tenia adelante, lo alcé y acerqué a donde estaba Sid, coloqué el banco en el suelo frente a su persona, tomando la bolsa y abriéndola.
De su interior saqué un táper de plástico que contenía lo que parecía una ensalada y unos cubiertos descartables, además de aquello, dentro de ese táper había un homelet de huevo revuelto, que contenía queso y fiambre dentro.
Dejé todo encima de sus piernas y me senté para verla comer:
_ Dale come, aquí me quedaré hasta que comas todo eso, sino no me iré.
Y de manera mecánica ella agarró el táper y la cuchara que traía adentro, empezó a comer, pero veía su cara, las muecas que hacía al masticar, pero entonces suspiró y dijo:
_No puedo, me voy a vomitar encima, pasaré la mayor vergüenza de la historia. Alarmado y preocupado me acerqué, tomé el tenedor de su mano y con calma respondí:
_ No pienses que te hará mal, solo respira, yo te ayudaré.-tomando un poco de puré con el tenedor lo acerqué a sus labios y le dije:
_ Dale anda, come.-Entonces me miró y noté que tenía las mejillas rojas, me dí cuenta de lo que estaba haciendo y se lo entregué avergonzado:
_ Lo siento. -Respondí, pero ella solo hizo un gesto con la mano sacándole importancia y solo lo tomó, y empezó a comer.
Cuando terminó ya era la hora que terminaba el horario del instituto por lo que cuando, se levantaba y ya llegando a la puerta le dije:
_ Espera, quiero decirte algo Sid.-Se dió la vuelta y me miró contestando:
_ Dime, Erick.-Por lo que simplemente respondí:
_ Escucha Yellow de Coldplay, me recuerda mucho a ti, por favor.
Entonces su mirada se suavizó y respondió:
_ Entiendo, esta bien la escucharé, hasta mañana, ya te diré que me pareció.
Le hice un gesto de adiós con la mano, devolviéndolo, simplemente se fué y yo también.
Al rato de haber llegado a casa, saludé a mis padres, aunque más bien a mi mamá, con mi papá no tenía la mejor relación del mundo.
Abrazándola y deseando le las buenas noches, llegué a mi cuarto me acosté en mi cama y simplemente me dormí, sin saber que mañana habría un gran cambio.