El Match equivocado

Capituló 38 —El silencio del consultorio

Valentina estaba de pie junto a la ventana cuando Mateo entró.

No se giró. Permaneció mirando el cielo claro, bañado por el sol, como si necesitara anclarse a algo que no se rompiera.

Cuando percibió su cercanía, habló sin mirarlo.

—Necesito decirte algo antes de que sigas avanzando hacia mí.

Mateo se detuvo. Había algo distinto en su voz. No era tristeza… era resolución.

—Valentina…

—Déjame hablar, mientras todavía tengo el valor. Solo esta vez.

Respiró hondo.

—No voy a permitir que cargues con algo que no te pertenece. No voy a dejar que te enamores de alguien que ya estaba rota antes de conocerte. No sería justo.

Mateo la observaba en silencio. Valentina no sabía que el padre de Mateo ya la había investigado. Que parte de su pasado había llegado a oídos de él… pero incompleto, mal contado, sin la herida real.

—Conocí a alguien en la universidad. Se llamaba Diego. Él estaba por graduarse… yo apenas comenzaba el segundo semestre. Fue mi primer amor. De esos que una cree que duran toda la vida.

Su voz no temblaba. Y eso era lo más doloroso.

—Creí que nos casaríamos. Que tendríamos hijos. Que ese era mi lugar en el mundo.

Mateo dio un paso hacia ella. No dijo nada.

—Quedé embarazada.

El silencio se volvió denso.

—Cuando se lo dije, algo cambió en él. Su dulzura desapareció. Se volvió distante… frío. Como si de pronto ya no me reconociera.

Tragó saliva.

—Una noche me invitó a cenar. Pensé que las cosas estaban mejorando. Dos días después empecé a sentirme mal… y comencé a sangrar.

Mateo cerró los ojos un segundo.

—Me llevó a una clínica de emergencia. Allí me dijeron que el bebé había muerto… que debían hacerme un procedimiento.

La habitación parecía contener la respiración.

—El médico quiso hablar con él en privado. Nunca supe por qué. Diego no quiso quedarse. Me sacó de allí… y ese mismo día terminó conmigo, como si mi dolor fuera una incomodidad.

Mateo ya estaba frente a ella. Valentina por fin lo miró.

—Después de eso dejé la carrera. No podía volver a ese lugar lleno de recuerdos. Me cambié a Mercadeo y Comunicación Comercial. Necesitaba empezar de cero… en algo donde no tuviera que sentir.

Sus ojos se humedecieron.

—Y entonces me dijeron que…

La voz se le quebró por primera vez. Mateo la abrazó con fuerza. Firme. Como si estuviera impidiendo que cayera en un abismo invisible.

—No me importa —susurró contra su cabello.

Valentina intentó hablar.

—Mateo, yo no puedo…

—No me importa tu pasado. No me importa lo que crees que perdiste. Me importas tú.

La apretó más.

—Y no voy a dejar que uses ese dolor para alejarme.

Valentina cerró los ojos dentro de ese abrazo. Por primera vez en años, alguien no estaba huyendo cuando ella hablaba de su herida. Y eso… era más difícil de soportar que el recuerdo mismo.

Valentina apoyó la frente en su pecho.

—Mateo… el médico no quiso hablar conmigo. Quiso hablar con él.

Mateo se tensó apenas.

—Nunca supe qué le dijo. Pero después de esa conversación… Diego no volvió a mirarme igual.

El silencio se hizo largo.

—Fue como si, en ese consultorio, yo hubiera dejado de ser la mujer que él amaba… y me hubiera convertido en un problema.

Mateo la apartó apenas para mirarla. No había lástima en sus ojos. Ni duda, solo una calma firme.

—Lo que ese hombre hizo contigo no fue amor —dijo en voz baja—. Fue cobardía.

Valentina respiró temblorosa.

—Yo no soy él.

Y esta vez, cuando Mateo volvió a abrazarla, Valentina no sintió que la estaban sosteniendo. Sintió que, por primera vez… no tenía que sostenerse sola.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.