El mejor regalo de Navidad

Capítulo 8.

—Pasado mañana es navidad —dice Paloma mientras le ayudo a pintar sus uñitas con esos juguetes de niños que solo duran unos minutos.

—Ajá —digo mientras le coloco una pegatina.

—Debo verme muy bella. Sabes que hoy mis papis me dijeron que si podrían traer a pim pon.

—¿Y quién es pim pon? —pregunto.

—Mi perrito, recuerdas que te dije ayer.

—Aah si, sí, lo recuerdo, estoy muy feliz, ¿los médicos lo han permitido?

—Ajá —contesta mientras sopla sus uñitas.

—Tus papis te quieren mucho —solo miro su rostro pálido, pero con una inocencia que me causa tanta tristeza.

—Sí, son los mejores del mundo, pronto Diosito les enviará de nuevo un angelito que podrá llenar el vacío que voy a dejar —dice sin mirarme. Sigue con las uñas de sus pies. Yo arrugo el ceño.

—¿Y quién te dijo eso?

—Diosito, él me lo dijo —lo dice de forma tan natural, que hasta creo que lo dice en serio.

—¿Y tú hablas con él? —lleva su pequeño dedito hasta sus labios y hace un gesto de guardar silencio.

—Sí, habla con todos los niños, pero no sé lo digas a nadie, luego los papis piensan que los niños estamos locos y hablamos solos, pero no lo hacemos, Diosito nos habla.

Muevo mi cabeza afirmando.

—Ok, guardaré tu secreto.

—Ya está, quedó bonito, ahora tengo mucho sueño —bosteza y yo solo tomo las cosas para guardarla de nuevo en su pequeño maletín de princesa.

—Léeme un cuento Cris, me voy a dormir.

—Claro que sí —digo tomando el libro, volviendo a sentarme a su lado.

—Creo este será el último cuento que me leerás —recuesta su cabeza en su almohada acomodándose para dormir.

—No digas eso, cuando pase la navidad, volveré.

Ella gira su rostro hacia la ventana.

—Ya no hay tiempo para más cuentos Cris, pero recuerda que me prometiste que se los leerás a otros niños —paso saliva, el nudo que aprieta mi garganta es muy doloroso, uno jamás sentido.

—Si te lo prometo —ella suspira profundo cerrando sus ojos.

—Feliz navidad Cris.

—Feliz navidad Paloma.

Le leo el cuento hasta que se queda profundamente dormida y es ahí donde dejo el libro en el mismo lugar. Camino hasta su cama, me inclino a dejar un beso en su frente.

—Gracias por enseñarme el valor de las cosas pequeño ángel. Feliz Navidad.

Salgo de la habitación sintiendo que dejó una parte de mi corazón allí. No hay rastro de mi madre, seguro en alguna de las habitaciones dando un poco de alegría y amor a algún paciente.

Yo camino hasta la habitación de Don Marcos y al entrar solo gira su cabeza a mirarme.

—Gracias Cris —sonríe y yo le correspondo con un pequeño movimiento de cabeza.

—Tal vez es la última vez que nos veamos, así que feliz navidad muchacho.

—Feliz navidad para usted también don Marcos. Fue muy grato conocerlo.

—Recuerda, siempre habrá personas que necesitarán de ángeles como tú.

¿Ángel yo? No, estoy muy lejos de serlo.

—Que descanse don Marcos.

—Hasta la próxima Cris.

Al salir de allí solo doy un largo suspiro. Y recuerdo las palabras de mi madre, es difícil porque se vuelven parte de ti.

 




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