Pero Circle se obligó a ignorarlo por un momento. Entró rápidamente a la habitación donde guardaban las ollas grandes, tomó la que Ana necesitaba y regresó hacia las escaleras intentando convencerse de que aquello podía esperar.
Subió.
Dejó la enorme olla en la cocina.
Y apenas la apoyó sobre la mesada, volvió a girarse.
Porque ahora la curiosidad le quemaba por dentro.
Tomó nuevamente la vela antes de regresar hacia el sótano casi de inmediato.
—Circle —la llamó su madre desde la cocina, probablemente notando que tardaba demasiado.
—¡Ya voy! —respondió rápidamente.
Pero no iba a volver todavía.
La joven descendió otra vez las escaleras, esta vez caminando con mucha más decisión. La llama de la vela temblaba ligeramente conforme avanzaba entre los corredores húmedos, y cuanto más se acercaba a aquella sensación, más intensa se volvía la presión invisible sobre su piel.
Era poder.
Puro.
Desordenado.
Como si algo imposible hubiera sido encerrado detrás de una puerta común.
Circle siguió aquella presencia hasta detenerse frente a una vieja puerta de madera oscura casi perdida entre las sombras del corredor. El pomo metálico lucía envejecido y cubierto apenas de óxido, completamente normal a simple vista.
Pero la energía detrás...
Eso no tenía nada de normal.
La joven tragó saliva apenas.
Luego extendió la mano.
En el instante en que sus dedos tocaron el pomo sintió una descarga brutal recorrerle el brazo entero, como si un rayo hubiera impactado directamente contra ella. El dolor no fue suficiente para hacerla retroceder, pero sí logró arrancarle un jadeo sorprendido mientras la llama de la vela temblaba violentamente.
Aun así, abrió la puerta.
El viejo mecanismo rechinó lentamente.
Circle levantó la vela esperando... algo.
No sabía exactamente qué.
Quizás un monstruo.
Quizás una criatura mágica encerrada.
Quizás alguna reliquia absurda perteneciente a su madre.
Pero del otro lado solo había una habitación vieja y descuidada.
Lampazos apoyados contra una pared.
Cajas cubiertas de polvo.
Barriles vacíos.
Telarañas enormes que parecían gigantes bajo la luz temblorosa de la vela.
El aire olía a abandono y humedad acumulada durante años.
Nada más.
Circle permaneció inmóvil unos segundos, observando el lugar con decepción creciente.
No había absolutamente nada especial allí.
Y sin embargo...
La energía seguía presente.
Tan intensa como antes.
La joven suspiró largamente, aburrida y frustrada al mismo tiempo.
—Qué decepcionante... —murmuró.
Finalmente volvió a cerrar la puerta lentamente.
Aunque mientras se alejaba, no pudo evitar mirar una vez más hacia la oscuridad detrás de ella.
Porque estaba completamente segura de algo.
Aquella habitación escondía algo.
Solo que todavía no sabía qué.
Circle subió las escaleras con tanta rapidez que la llama de la vela terminó apagándose a mitad del trayecto. El movimiento brusco del aire dejó apenas un hilo de humo elevándose desde la mecha mientras la oscuridad volvía a tragarse los escalones detrás de ella. Aun así, la joven continuó avanzando casi a ciegas, más apresurada de lo que estaba dispuesta a admitir incluso para sí misma.
La sensación incómoda seguía adherida a su piel.
Aquella energía.
Aquella presión invisible escondida en una habitación llena de basura inútil.
Nada de eso tenía sentido.
Cuando finalmente cruzó la puerta de la cocina todavía intentaba ordenar sus pensamientos.
—Mamá, ¿qué hay en los barriles del sótano? —preguntó mientras entraba.
Pero nadie respondió.
Circle frunció apenas el ceño.
La cocina estaba vacía.
Completamente vacía.
Hacía apenas unos minutos el lugar estaba lleno de movimiento. Ana cocinando, su madre hablando, el ruido de los utensilios, el aroma de las papas hirviendo y las hornallas encendidas iluminando toda la habitación. Ahora solo quedaba oscuridad.
El cielo ya se había oscurecido por completo afuera, y aparentemente nadie se había molestado en encender nuevas velas. La cocina permanecía sumergida en penumbras azuladas apenas atravesadas por la débil luz nocturna que entraba desde las ventanas.
Circle miró alrededor lentamente.
La olla que había subido del sótano ya no estaba.
Las papas tampoco.
Ni siquiera había restos del trabajo que estaban haciendo.
Era como si todos simplemente hubieran desaparecido.
—¿Mamá? —preguntó otra vez, esta vez más fuerte.
El silencio respondió.
La joven dejó la vela apagada sobre una de las mesadas. En esas condiciones no le serviría de mucho. Intentó convencerse de que seguramente todos se habían movido hacia otra parte de la casa, quizás al comedor o alguna de las salas principales preparando la llegada de las visitas.
Pero algo no se sentía bien.
Había una tensión extraña en el aire.
Una quietud antinatural.
Circle comenzó a caminar fuera de la cocina, cruzando el corredor principal hacia la entrada de la residencia. Sus pasos resonaban demasiado sobre el suelo silencioso, y mientras avanzaba notó algo todavía peor.
No había ni una sola vela encendida.
Toda la planta baja estaba oscura.
Las enormes ventanas reflejaban apenas sombras distorsionadas del exterior, y la mansión, que normalmente parecía viva incluso durante la noche, ahora se sentía vacía de una manera inquietante.
Como si estuviera conteniendo la respiración.
—¿¡Mamá!? —gritó esta vez, incapaz de ocultar el nerviosismo en su voz.
Entonces escuchó pasos.
Rápidos.
Corriendo hacia ella.
Circle apenas tuvo tiempo de girarse antes de que alguien la sujetara bruscamente de los hombros y la apartara de la puerta principal. El movimiento fue tan repentino que el corazón le dio un vuelco violento dentro del pecho.