El Mensaje De Los Enviados

Capítulo 5: Saint Circle

Circle bajó lentamente las manos todavía rodeadas por pequeños restos de magia rosada.

—¿La magia?

Kael negó apenas.

—No solo eso.

Sus ojos permanecían fijos sobre ella mientras hablaba.

—Esas cosas normalmente no se detienen.

Circle sintió incomodidad inmediata bajo aquella mirada.

Desvió apenas la vista.

—Solo la calmé.

La respuesta sonó mucho menos segura de lo que habría querido.

Kael permaneció en silencio unos segundos más, como si estuviera uniendo piezas dentro de su cabeza. Algo en su expresión indicaba claramente que había pensado alguna conclusión importante.

Pero decidió no decirla.

A la mañana siguiente, o al menos lo que ambos suponían que era la mañana, volvieron a ponerse en marcha.

En la brecha el tiempo resultaba imposible de medir. No existía realmente un amanecer claro ni una noche completa; el cielo permanecía atrapado en una especie de penumbra perpetua donde la luz parecía enferma, demasiado gris para ser día y demasiado visible para ser noche. Aun así, después de haber descansado unas horas en silencio dentro de la herrería, Kael decidió que debían continuar moviéndose.

Circle comenzaba a odiar aquel lugar.

Cada calle parecía igual a la anterior. Casas vacías, ventanas abiertas, puertas arrancadas y ese viento constante recorriendo el pueblo muerto como si todavía estuviera buscando a las personas que habían vivido allí alguna vez.

Mientras caminaban, la joven comenzó a notar marcas extrañas sobre algunas paredes y puertas. Símbolos hechos con pintura negra, carbón o incluso arañazos profundos sobre la madera. Algunos parecían flechas deformes, otros círculos atravesados por líneas o pequeñas secuencias de puntos.

La mayoría estaban colocados a una altura visible únicamente si uno sabía dónde mirar.

Circle observó uno de ellos dibujado sobre una pared agrietada antes de acelerar el paso para acercarse a Kael.

—¿Qué son esos símbolos?

Kael apenas les dedicó una mirada rápida.

—La resistencia.

Respondió aquello con naturalidad, como si ya no pensara demasiado en ello.

—Nos sirven para guiarnos.

La respuesta tranquilizó ligeramente a Circle.

No porque entendiera realmente cómo funcionaban aquellas marcas, sino porque implicaban algo importante: todavía había más personas vivas allí.

No estaban solos.

Siguieron avanzando durante horas.

Al menos así se sintió.

La brecha deformaba la percepción del tiempo de maneras incómodas. Circle sentía que llevaban caminando eternamente y, al mismo tiempo, que apenas habían pasado unos minutos desde que abandonaron la herrería. El cansancio comenzaba a acumularse lentamente en sus piernas mientras atravesaban calles vacías y edificios abandonados siguiendo los símbolos que Kael parecía reconocer perfectamente.

De vez en cuando encontraban señales de otras personas.

Fogatas apagadas.

Mantas abandonadas.

Puertas atrancadas desde dentro.

Pero nunca gente.

El silencio seguía dominándolo todo.

Finalmente llegaron a una plaza enorme.

Circle reconoció inmediatamente la estructura del lugar. Había restos de una fuente gigantesca en el centro y edificios importantes rodeando todo el espacio abierto, aunque ahora gran parte de ellos estaban destruidos o cubiertos de grietas profundas.

Pero eso no fue lo que la hizo detenerse.

Fueron los cuerpos.

Había cadáveres desperdigados por toda la plaza.

Muchísimos.

Algunos eran ya simples esqueletos cubiertos apenas por restos de ropa deteriorada. Otros parecían mucho más recientes, todavía reconocibles como personas. Había manchas oscuras secas sobre el suelo y huesos rotos desperdigados alrededor de la fuente.

Circle sintió que el estómago se le cerraba inmediatamente.

Se detuvo horrorizada.

Sus ojos recorrían la escena incapaces de apartarse realmente de ella.

—¿Qué pasó aquí?

Kael observó alrededor tensamente mientras continuaba avanzando con cautela.

Parecía incómodo estando allí.

—Tienen hambre.

La respuesta llegó seca.

—Esas cosas... —continuó mirando brevemente algunos de los cadáveres— y nosotros somos su única comida.

Circle sintió un escalofrío subirle por toda la espalda.

No volvió a hacer preguntas.

Porque de repente podía imaginar demasiado bien qué había ocurrido en aquella plaza.

El resto del trayecto continuó en silencio.

Esa noche terminaron refugiándose dentro de una casa pequeña cerca de los límites del pueblo. El lugar estaba prácticamente vacío, aunque las paredes seguían firmes y las ventanas podían cubrirse parcialmente con tablas viejas.

Kael aseguró la entrada apenas llegaron.

Luego comenzó a preparar una pequeña fogata improvisada utilizando restos de muebles rotos.

Circle permanecía sentada contra una pared observándolo en silencio mientras el fuego iluminaba tenuemente la habitación. La luz anaranjada hacía que el cansancio sobre el rostro del muchacho pareciera todavía más profundo.

Entonces Kael sacó pequeños trozos de carne envueltos en tela.

Circle sintió inmediatamente el rechazo subirle al pecho.

Lo observó atravesar uno de los pedazos con un cuchillo antes de colocarlo sobre el fuego improvisado.

El olor comenzó a llenar lentamente la habitación.

Y aunque parte de ella sabía que debía tener hambre, otra parte deseaba vomitar.

—Qué delicia —murmuró con evidente sarcasmo.

Kael ni siquiera levantó la vista.

—Es esto o morirte de hambre.

La respuesta llegó tan seca que logró irritarla.

Circle apartó la mirada con molestia, abrazando sus propias piernas mientras intentaba ignorar el olor de la carne cocinándose lentamente.

Pero las horas pasaron.

Y el hambre comenzó a doler.

Al final terminó aceptando un pequeño trozo.

Solo uno.

Kael se lo entregó sin hacer comentarios mientras continuaba comiendo en silencio.



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En el texto hay: aventura, amor, brujas

Editado: 12.08.2026

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