El Millonario Que Nunca Esperé

Capítulo 3

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Roxana se encontraba en la cocina, horneando pequeñas cestas hechas de pan trenzado. Pronto sería la boda de Estela con su hermano Aldo y estaban metidas de lleno en los preparativos. También se encontraban ahí todas sus cuñadas, las amigas de Estela: Marisol y Eva, y su cuñada Tania, junto con los esposos de todas ellas y Rafael. Las chicas estaban en la cocina, y los hombres estaban en la sala.  

― ¿Están bien así, o las dejo que se doren un poquito más? ― Preguntó Roxana, sacando una bandeja del horno. 

― ¡Así están perfectas, cuñadita! ― Exclamó Estela, admirando las cestitas. ― El día que te cases, ese hombre tiene que valorar la increíble joya que se lleva. ¿Eh? 

― ¡Oh sí! ― Dijo una de las cuñadas. ― Rox es increíble. Espero que, el día que aparezca alguien, realmente la valore. 

― Y si no aparece nadie, me ofrezco de voluntario. ― Dijo Rafael, entrando a la cocina a servirse un vaso de agua. ― Su cocina es mi lugar favorito de esta casa, definitivamente. 

Todas se rieron, incluso Roxana. 

― ¡Tú cállate baboso! ― Exclamó Marisol a las risas. ― Estás muuuy viejo para Roxanita. ¡Además, son parientes! 

― ¿En serio? ― Preguntó él levantando una ceja con ironía. ― ¿Tú qué piensas Eva? ¿Estoy muy viejo para Rox? 

La aludida soltó una gran carcajada y negó en silencio.  

― ¡Tramposo! ― Exclamó Marisol a las risas. 

Las demás se giraron a mirarlas, totalmente sorprendidas. 

― Fernando es seis años mayor que yo. ― Dijo Eva encogiéndose de hombros, ante la muda interrogante de los demás. 

― Tú tienes veinte años, yo tengo dieciséis. ― Dijo Roxana tranquilamente, mientras metía más cestas al horno. ― Y todavía falta un año con dos meses para que ni mi papá ni mis hermanos te maten o te metan a la cárcel por corrupción de menores si se te ocurre intentar algo conmigo. Por si no lo sabes, en mi escuela les dicen “los destripadores” ... ¿Por qué crees que no tengo novio y ningún muchacho me viene a visitar? 

Todos se quedaron sorprendidos, en silencio. 

― Oye, es cierto... ― Dijo una de las cuñadas frunciendo el ceño. ― Nunca te hemos visto con nadie. 

― ¿Nunca has tenido novio, Roxanita? ― Preguntó Eva, mirándola con curiosidad. 

La joven negó en silencio y siguió tranquilamente trenzando la masa. 

― Ya aparecerá alguien que te valore. ― Dijo otra de las cuñadas, tratando de consolar. 

― Pues si ya apareció, salió corriendo en cuanto le dijeron de mis hermanos. ― Roxana se encogió de hombros. ― Los chicos se acercan a mí y luego huyen en cuanto se enteran de su fama. De hecho, a mí me dicen “la destripadora”, gracias a mi familia. 

― ¿Qué? ― Exclamó Estela, totalmente asombrada. ― ¿Por qué te dicen así? 

― Supongo que, porque es más fácil y corto que decir “la hermana de los destripadores”. ― Dijo Roxana con tranquilidad, y se giró a tomar una bandeja vacía, aunque todas alcanzaron ver una pequeña lágrima brillar en sus ojos. 

Estela salió de la cocina hecha una tromba. 

― ¡Vengan todos para acá! ― Se escuchó su grito justo antes de que regresara. 

Los hombres, y la mamá de Roxana entraron asustados pensando que había sucedido algún accidente, todos se apretujaron en el poco espacio que había libre preguntando qué sucedía. 

― ¿Es cierto que todos ustedes se han encargado de espantarle a Roxana a los pretendientes y que en la escuela los tienen amenazados con destriparlos? ― Preguntó Estela, totalmente enojada. 

― ¡No! ― Gritaron los hombres al mismo tiempo, totalmente sorprendidos. 

― Sólo amenazamos a uno. ― Dijo el papá con seriedad. ― Y créeme hija, se lo tenía muy merecido. 

― Pues esa amenaza sirvió para todos. ― Lo señaló Estela. ― ¿Nunca se han preguntado por qué una muchachita de dieciséis años, tan bonita, tan dulce y tan noble y tan talentosa no tiene novio o ningún pretendiente que la visite o la invite a salir? 

― ¿Por qué Rox es muy seria y juiciosa? ― Dijo uno de los hermanos. 

― ¡Porque ustedes se los espantaron! ― Exclamó Estela con exasperación. ― NO sé qué diablos hicieron, pero nos estamos enterando que, en la escuela, le dicen “la destripadora” gracias a ustedes y ningúuuun chico se le acerca. 

Dos o tres de los hermanos de Roxana tuvieron el desatino de reírse, a lo que sus respectivas esposas reaccionaron enojadas, callándolos. 

― Un día, Roxana iba caminando por el pasillo de la escuela. ― Empezó a explicar la mamá. ― Un chico le dio una nalgada cuando pasó junto a él. Mi Rox se giró furiosa y le dio un puñetazo, él acabó en el suelo con la nariz sangrando. 

― Bien merecido. ― Musitó Rafael, quien había permanecido en silencio, observando todo. 

― Pues sí. ― La mamá se encogió de hombros. ― Pero ambos acabaron en la dirección, también la querían castigar a ella por pelear en la escuela y, supuestamente, por agredir a este idiota. 




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