El Misterio De El Fugitivo Encadenado

Capítulo 3 — Plan en Acción

El sonido de los pasos de Ethan y Clover resonaba en los pasillos del hospital como un metrónomo implacable.
Cada eco marcaba el ritmo de una decisión peligrosa que acababan de tomar.

Clover lo sostenía con firmeza, su brazo bajo el hombro de Ethan, ayudándolo a mantener el equilibrio. La piel fría de los muros, el olor metálico del desinfectante y el parpadeo intermitente de las luces creaban una sensación extraña, casi opresiva. Era como si el edificio mismo los observara, consciente de que estaban a punto de romper las reglas.

—Vamos, detective —murmuró Clover, forzando una sonrisa mientras lo guiaba hacia la salida—. No te me desmayes justo cuando empieza lo divertido.

Ethan soltó una pequeña risa entrecortada, más por orgullo que por humor.
—No pienso caerme…

El aire fresco de la noche los recibió al cruzar las puertas automáticas. Una ráfaga de viento barrió la entrada, arrastrando hojas secas y el olor distante de lluvia. Ethan levantó la vista hacia el cielo nublado y respiró profundamente, como si el simple hecho de estar fuera lo devolviera a la vida.

Frente a ellos, aparcado bajo una farola parpadeante, esperaba el auto de Clover.
Era un sedán antiguo, de pintura azul gastada y detalles cromados que hablaban de otra época.

—¿Este es tu vehículo de escape? —preguntó Ethan, arqueando una ceja.

Clover sonrió con orgullo. —Un clásico de los noventa. No falla... demasiado.

—Impresionante. —Ethan rodeó el coche, examinándolo con mirada analítica—. ¿Funciona o solo es decoración?

—Depende del día —replicó Clover, subiendo al asiento del conductor—. Pero hoy tengo fe.

El motor rugió con un sonido áspero, casi animal, y el vehículo se puso en marcha entre chasquidos metálicos. Las luces de la ciudad se desvanecieron tras ellos mientras avanzaban hacia una zona más tranquila.

Llegaron a una tienda discreta, ubicada en una calle secundaria iluminada por letreros de neón.
El lugar parecía una mezcla entre boutique y almacén militar: estantes llenos de chaquetas, botas, pantalones tácticos y ropa civil que podía pasar desapercibida.

El interior olía a cuero y polvo, y una vieja radio reproducía música suave de fondo.

—No está mal —murmuró Ethan, recorriendo las filas de ropa con la mirada—. Podría acostumbrarme a esto.

Clover ya estaba hojeando una percha tras otra, en modo operativo. Tomó una chaqueta negra ajustada con múltiples bolsillos y la sostuvo frente al espejo.
—Esto servirá. Cómoda, práctica y lo bastante resistente para una huida en jet.

Ethan escogió una sudadera gris oscura y unos pantalones negros de tela flexible.
—No llamaré la atención —dijo, midiéndose frente al reflejo—. Justo lo que necesito.

—Perfecto. Vas de incógnito versión “agente que se toma demasiado en serio” —bromeó Clover mientras ajustaba la cremallera de su chaqueta.

Ethan sonrió apenas. —Y tú vas como “la hija del jefe que se mete en problemas”.

Ella alzó una ceja, divertida. —Exacto. Es mi especialidad.

Pagaron en silencio y salieron a la calle. La noche se había vuelto más fría; el viento golpeaba con fuerza, agitando las ramas de los árboles cercanos. Dentro del auto, la tensión volvió a instalarse, mezclada con la emoción que precede a lo imposible.

—Entonces… —comenzó Clover, encendiendo el motor—. ¿Cuál es exactamente el plan, agente?

Ethan cruzó los brazos, pensativo.
—Sencillo en papel. Arriesgado en ejecución. —Hizo una pausa—. Entraremos a la base de la OCR. Tú distraerás a tu padre mientras yo me infiltraré en el hangar de jets. Necesito acceso a una tarjeta de permiso para activar uno.

Clover giró la cabeza, incrédula. —¿Y cuánto tiempo esperas que lo mantenga ocupado?

—Una hora, mínimo. —La seguridad con la que lo dijo fue casi absurda.

Clover soltó una carcajada. —¿Una hora? ¡Estás loco! No hay forma de que distraiga a mi padre tanto tiempo sin levantar sospechas.

—Confío en tu creatividad —replicó Ethan con una media sonrisa.

—Vas a hacer que me meta en más problemas de los que puedo contar. —Suspiró, pero su sonrisa delataba que estaba disfrutando el reto—. Bien. Lo mantendré ocupado… aunque no prometo que no sospeche.

Ethan asintió, mirando por la ventana. Las luces lejanas de la base comenzaban a vislumbrarse en el horizonte, un complejo iluminado y silencioso, con torres de vigilancia que cortaban la oscuridad como lanzas de luz.

—¿Y si algo sale mal? —preguntó Clover de repente.

Ethan guardó silencio unos segundos antes de responder.
—Si algo sale mal, improvisamos.

—Genial. —Clover soltó una pequeña risa nerviosa—. Me encanta cómo “improvisar” significa casi morir.

El auto avanzaba sobre la carretera solitaria. Los árboles formaban túneles oscuros a su alrededor, y el sonido del motor parecía más fuerte en medio del silencio.
Ethan observaba la carretera con una mezcla de concentración y determinación fría.

—No hay margen para errores —dijo finalmente—. Si logramos infiltrarnos sin ser detectados, podremos seguir el rastro del barco antes de que desaparezca otra vez.

—¿Y si nos atrapan? —preguntó Clover, girando levemente hacia él.

Ethan no apartó la vista del camino.
—Entonces nunca estuve aquí.

Ella lo miró un momento, como intentando descifrar si hablaba en serio o no. Pero la expresión del detective no dejaba dudas.

Al llegar a las inmediaciones de la OCR, el aire cambió. La base se alzaba ante ellos como una fortaleza: muros grises, reflectores giratorios y un control de seguridad que parecía salido de una película de espionaje.

El pulso de Ethan se aceleró.
Había estado allí cientos de veces, pero nunca con la intención de entrar sin autorización.
Nunca con la intención de traicionar las reglas que juró proteger.

—Recuerda —dijo, girándose hacia Clover—, mantente en tu papel.

—¿Y cuál es ese papel exactamente? —preguntó ella, arqueando una ceja.



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Editado: 06.01.2026

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