El bosque estaba ahogado en neblina.
El aire olía a tierra mojada y metal oxidado. Ethan Blake avanzaba tambaleante, con Claire Montrose sobre su hombro. Cada paso era una batalla contra el dolor que le desgarraba el cuerpo. El Helix Nexus hervía bajo su piel como un veneno vivo.
Su visión se distorsionó por un segundo… luego otro. El suelo se le vino encima, y cayó de rodillas. Claire rodó suavemente al suelo, inconsciente.
Ethan respiró con dificultad, el sudor mezclado con la lluvia que comenzaba a caer.
—Perfecto… —gruñó entre dientes—. A un paso de morir, en medio de un maldito bosque, con mi “secuestrada” de compañía. Qué día para estar vivo.
Claire comenzó a moverse, sus ojos abriéndose lentamente. Al verlo tirado en el barro, habló con voz débil pero firme:
—Ethan… tu cuerpo todavía no se adapta al Helix Nexus. Si lo fuerzas antes de tiempo, tu sistema colapsará.
Ethan la miró, apoyándose contra un tronco.
—Genial. Mueres si lo usas, mueres si no lo usas… suena como algo que saldría del manual de Victor Blackstone.
Claire suspiró.
—Si no lo controlas, el compuesto te consumirá. Ya lo vi antes con otros sujetos.
Ethan dejó escapar una risa seca.
—¿Y tú? ¿Qué te pasó, Montrose? Antes eras OCR, ¿no? Una agente con principios… ahora trabajas para un psicópata que convierte personas en monstruos.
Ella bajó la mirada, su voz gélida.
—La OCR me dio la espalda. Me enviaron a una misión suicida y cuando regresé, mi puesto ya tenía reemplazo. Me borraron, Blake. Blackstone me ofreció algo mejor: propósito.
—¿Propósito? —repitió Ethan con ironía—. Lo llamas propósito, pero huele a esclavitud. Créeme, yo también he visto cómo termina ese discurso.
Claire soltó una leve carcajada amarga.
—¿Y tú qué sabes de eso? Eres el “héroe” que todos admiran, pero que nadie recuerda cuando desaparece. ¿De verdad crees que la OCR te estaba buscando después de que el barco cayó?
Ya te habían tachado de muerto.
Ethan se incorporó con esfuerzo, limpiando el barro de su chaqueta rasgada.
—Entonces tendré que darles una razón para recordarme.
La levantó con cuidado y la llevó hasta una vieja cabaña de madera que se asomaba entre los árboles. Dentro, el aire estaba cargado de polvo y humedad. Había latas oxidadas, una lámpara rota y un silencio demasiado pesado.
Ethan la dejó en el suelo, mirando alrededor.
—Nada útil. Pero al menos no hay monstruos. Por ahora.
Cuando se giró, Claire ya estaba de pie… y libre.
—¿Cómo…? —Ethan alzó un arma de inmediato.
Ella sonrió y levantó la muñeca. Un pequeño dispositivo con luz azul parpadeante brillaba en su piel.
—Nunca subestimes la tecnología de Victor. Esto no es solo un reloj. Es un control neural portátil. El mismo que activa el Proyecto Neurocom.
Ethan entrecerró los ojos.
—¿Proyecto qué?
—Neurocom. —Claire comenzó a caminar lentamente a su alrededor—. Antes del Helix Nexus, Victor experimentó con este compuesto en el agua y el aire del pueblo cercano. Infectó a toda la población. Los convirtió en receptores. Cuerpos humanos, mentes esclavizadas.
Ethan apretó la mandíbula.
—¿Estás diciendo que… toda esta isla es un experimento?
—Así es —respondió ella con una calma inquietante—. No tienen libre albedrío, solo obedecen órdenes. Como marionetas biológicas.
Ethan retrocedió un paso, con la mirada fija en ella.
—Claire… ¿qué hiciste?
Ella presionó un botón en su reloj.
Una voz sintética resonó desde el dispositivo:
“Comando de control activado. Eliminar al sujeto Ethan Blake.”
Desde afuera, se escucharon pasos. Docenas.
Sombras humanas comenzaron a surgir entre la neblina, con ojos vidriosos y armas improvisadas en las manos.
Ethan levantó su pistola.
—Dime que esto es una broma.
—No, Blake. Esto es ciencia. —Claire lo observó con una sonrisa fría—. Bienvenido al futuro que Victor quiere construir.
Los gritos se acercaban. El golpeteo contra las ventanas se hizo ensordecedor.
Ethan respiró hondo, la sangre ardiendo con cada segundo.
—¿Sabes qué, Montrose? —dijo, girando el cuello con una leve sonrisa irónica—. Estoy cansado de que la gente me apunte con armas, me inyecte cosas y me diga qué hacer.
El primer aldeano rompió la ventana. Ethan disparó sin dudar, un tiro certero a la cabeza.
—Parece que hoy voy a devolver favores.
Claire alzó su arma también.
—Te lo advertí, Blake. No te metas en el camino del progreso.
Ethan la miró fijamente, sus ojos ardiendo con una mezcla de furia y determinación.
—No me gusta el progreso cuando huele a sangre humana.
Disparos. Vidrios rotos. El rugido del fuego que comenzaba a extenderse.
Ethan cargó otra bala y sonrió con ese toque sarcástico tan suyo.
—Hora de limpiar la casa.
La guerra por la isla había comenzado.
Y el hombre con el Helix Nexus en sus venas estaba a punto de convertirse en algo que ni la OCR ni Victor podrían controlar
El bosque se cernía sobre Ethan Blake como una bestia viva, húmeda y sofocante. La lluvia caía sin compasión, resbalando por su rostro herido mientras trataba de mantener la respiración. La vieja cabaña crujía detrás de él, devorada por la niebla y por los ecos de los gritos que se acercaban.
Claire Montrose había escapado segundos antes. Ethan apenas había podido escuchar el clic de su dispositivo antes de que las palabras resonaran en la distancia, amplificadas por un tono metálico y distorsionado:
“¡Maten a Ethan Blake!”
El comando viajó por el aire como un veneno invisible. En cuestión de segundos, el bosque cobró vida con pasos, jadeos y murmullos inhumanos. Sombras con ojos vacíos comenzaron a surgir de entre los árboles, hombres y mujeres del pueblo que alguna vez fueron libres… ahora convertidos en marionetas del Neurocom.